Levantando un Pronóstico Adverso
Isla Solís - Río de la Plata

                                       

Por: Jorge López Basavilbaso

La idea originalmente era encontrarnos con el joven guía en la Guardería Capricornio a las 6.30 del viernes 13 de enero. Los componentes del grupo, ya sesentones, necesitaríamos buscar sombra, hacer un descanso al mediodía, hidratarnos bien y comer algo. Como el pique se venía presentando muy difícil, quizás estiraríamos un poco ese corte programado y luego volveríamos al gran río.

Por dificultades de coordinación de fechas el relevamiento tenía que ser ese día o suprimirlo. Leo Cardella, el responsable guía, me había comunicado detalladamente su previsión sobre la pesca y cuando contestamos que íbamos “salga pato o gallareta”, respondió con un “de acuerdo pero vengan con la idea de un posible fracaso”.
Por El Sueco fuimos dejando atrás los bajos del temor hasta la boca del arroyo Diablo, donde entramos unos metros para conseguir carnada para dorados.

Un equipo ultraliviano compuesto de una caña Shimano de 2 a 6 libras y un reel Abu Garcia Cardinal 100 U que terminaba en una delicada línea de 2 anzuelitos y provista por “el profe” Norberto “Beto” Montes, integrante del grupo, me dio un rato de diversión intensa.

Uno tras otro levantaba amarillitos ideales para el dorado y dos o tres mucho mas grandes que produjeron buenas patinadas del mini reel cargado con nailon 0,20. Todos hicieron su trabajo y en un rato cumplimos nuestro cometido.

Volvimos a la boca, justo al punto donde se notaba algo el cambio entre la turbia agua del Plata con la algo menos sucia del arroyo. Alejandro Podestá, el guía y quien escribe preparamos equipos con línea de fondo encarnado amarillitos enteros y buscamos el punto de cambio de aguas.

Beto la misma carnada pero con boya redonda corrediza. En un rato tuvo una llevada firme, dejó correr, trabó y cañó. Su equipo se arqueó y el supuesto dorado desapareció. Insistimos con el lugar y al no haber más respuestas encaramos el trayecto por el arroyo llegando al Paraná Miní.

Por el Miní fuimos hasta El Plata y pasamos entre Oyarbide y Solís, entrando en algún arroyo de esta última Isla. Al frente y muy cerca nos quedaba Martín García.

 

Cuando ingresábamos notamos que poco a poco se iba aclarando el agua y a unos 500 metros controlé la visibilidad con un señuelo. Deduje que no era óptima ni mucho menos pero quizás daba para probar con “sonajeros”.

En ese momento nos ubicamos el guía y yo en popa y Alejando y Beto en proa. Comencé los lances con un equipo de spinning mientras Leo me avisaba que salvo que tuviera mucha suerte no iba a tener respuestas. El buscó a fondo con carnada y tuvo lista una caña de baicast “por cualquier eventualidad”. Alejandro también a fondo y Beto con su línea armada con boya y caña larga.

Pocos minutos después el guía tuvo el primero de su cosecha de piques y no falló en la oportunidad. El primer dorado estuvo arriba de la lancha para las fotos y enseguida volvió a su medio mientras el responsable de su captura me recomendaba pescara con carnada.

Obediente como suelo ser con los guías que me inspiran confianza y de quienes conozco sus resultados, armé lo sugerido y lo dejé en el portacañas más cercano para volver al spinning. Los que actuábamos en popa hacíamos largos lanzamientos en una determinada dirección y las líneas quedaban completamente paralelas, casi una carnada al lado de otra. De esa forma permitíamos ángulos amplios para que hicieran los lanzamientos los que estaban en proa y me quedaba lugar para mis continuos intentos en spinning.

Minutos después Leo tuvo otro pique, esta vez de un dorado bastante más importante y del que no tuve la fortuna de capturar el momento de su salto al no coordinar el disparo de la cámara. Cerca de la embarcación se soltó.

Casi enseguida tuvo otra llevada típica de dorado pero no fortuna para clavarlo. Beto dejó su boya cerca de la orilla con intenciones de capturar alguna tararira y armó otro equipo para pesca de fondo. A una hora de llegar a ese pesquero tuvo su dorado mientras Leo simultáneamente sumaba otro.

Seis o siete minutos después Beto consigue, a fondo, la primera tararira del día. Para ello con equipos más potentes hacía largos lanzamientos cruzando totalmente el arroyo y depositando su carnada pegada o entre la vegetación acuática.

Alejandro buscaba colocar su línea en puntos más cercanos o más lejanos pero siempre pegada a la línea de vegetación costera opuesta, mientras yo insistía inútilmente con diferentes señuelos y mi caña con carnada, que era controlada por Leo, no acusaba pique.

Pasó una hora sin novedad hasta que fue Alejandro quien, tras certera respuesta, consiguió una buena tararira.

 

Nos movimos unos cuantos metros y Beto en un largo lance con la boya dejó ésta pegada a la vegetación completamente al frente de su posición. La vio desaparecer en una llevada que si bien no fue demasiado larga, si lo hizo como para pasar bajo algún palo orillero y entrar en la zona de repollitos.

Entre éstos, al instante de clavar observó el salto de una tarucha que estimó entre 4 y 5 Kg. La tensión se mantuvo mientras intentaba sacarla del incomodo lugar. Hubo que ir a buscarla con el Truker pero no se pudo lograr el objetivo de cobrarla pues no había suficiente profundidad.

El corte y la pérdida de la pieza fueron inevitables.
Nos metimos en un angosto arroyo que pintaba bien para buenas tarariras pero no tuvimos respuestas por lo que aprovechamos para descansar, comer algo y beber bastante.

La tarde avanzaba en un día que comenzó fresco temprano, y por suerte la temperatura máxima no debe haber llegado a los 30º. La brisa que por momentos se convertía en viento este/sudeste ayudaba mucho y nunca la jornada estuvo en algún momento sofocante.

Volvimos al arroyo que había rendido y al que habíamos dejado descansar para, en esta oportunidad, ser yo quien tuviera pique de dorado. A todo esto, por haberse trabado mi rotativo, había sacado la terminación para señuelos en la caña de spinning y comencé a pescar con carnada con ésta.

Al ser un equipo muy liviano coloqué un anzuelo más chico pero reforzado con trozos menores de bagre amarillo. De esa forma haría más efectivo el momento de clavar y no forzaría la caña. Así no fallé en el único pique de piezas importantes que tuve en la jornada.

Al rato y ya sin respuesta alguna decidimos parar en la boca de un arroyito interno de Oyarbide que desaguaba en El Plata.

El notorio cambio de color de aguas nos hizo suponer que podríamos conseguir algún buen dorado, pero tuvimos como respuesta cortos tironcitos que nos hicieron suponer piques de bogas y así fue: los bagres aparecían mordisqueados por ellas.

Quedaba poco tiempo y emprendimos el regreso, éste sería más lento debido al oleaje que si bien no era muy intenso obligaba a suavizar el acelerador.

El recorrido inverso una vez más nos mostró la magnitud de El Plata, el precioso arroyo Diablo, los bajos del temor, los barcos grandes que navegan el Paraná y el último tramo mucho más poblado antes de llegar a la guardería.

CONCLUSIONES: Una jornada, según el titulo de la nota, con mucha más pesca de la prevista y que hubo en los días anteriores, menor a lo que puede dar la zona en mejores condiciones del agua. La decisión de ir o no está en cada uno ante un mal pronóstico.

 El guía avisa como se supone se puede dar la pesca y me había comentado que el día anterior un grupo que como nosotros aceptó la posibilidad de pocas respuestas, efectivamente tuvo pocos piques y nuestra jornada se suponía igual o peor. Aceptamos el riesgo pensando que de todas formas ESTAR PESCANDO, independientemente del pique que pueda haber es muy sano para la mente, nos jugamos y nos salió bien. Un buen guía, sincero y de bajo perfil juega en todos los casos un papel muy importante.

SERVICIOS:
GUIA DE PESCA Leonel (Leo) Cardella
Cel. 15-5127-3546 
carde13@hotmail.com  
www.guiadepescaleo.com.ar  
www.deltapesca.blogspot.com  
Trucker 6,30 m. con Mercury 75 HP modelo 2010.
 

Hasta la próxima.
Jorge López Basavilbaso
jclopezbasavilbaso@yahoo.com.ar