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 Mosca en Paso
Paso de la Patria - Corrientes - Argentina
                                                                                                                                                                        
por: Mario Capovía del Cet     
  

Aterrizó el avión en el aeropuerto de Resistencia y lamentablemente comprobamos que el pronóstico había acertado (uno siempre tiene la ilusión de que el pronóstico de mal tiempo cambie cuando ya tiene los pasajes sacados por adelantado y falta un día para salir).

Mucho frío y una fina llovizna que mezclaba un fuerte viento nos acompañó durante el trayecto en remís hasta Paso de la Patria.
Para Sergio Astegiano -mi compañero de pesca en esta ocasión- seria su primera experiencia de pesca con mosca en este lugar.

Pasado el mediodía bajábamos los bolsos en la “Posada paso de la Patria” donde sus dueños, Gonzalo Castaño y su esposa Miriam, nos recibieron con la gentileza que los caracteriza.

Desde su nuevo comedor -que hace poco terminaron de construir en la planta alta- se ve una gran extensión del río que estaba lleno de “corderitos” debido al fuerte viento que no dejaba de soplar pero al menos la llovizna había parado y salio el sol, por lo cual armamos los equipos mientras Gonzalo iba al náutico a buscar una lancha.

El Paraná estaba muy crecido y era extraño no ver ninguna de las islitas de piedra ni los enormes bancos de arena que son característicos del lugar. Según Gonzalo nos contó poco tiempo antes el agua llegaba al camino que bordea el pueblo y ya estaban casi en alerta de evacuación pero por suerte ahí se detuvo y comenzó a bajar de a poco.

En ese estado hay que conocer muy bien la ubicación de las islas ya que son un riesgo para navegar si uno no es baqueano y han sido causa de mas de una rotura de las patas de los fuera de borda.

Sergio armó un equipo #8, yo uno #6 y ambos con líneas wet tip de 24 pies de hundimiento 6, él con mosca con cabeza Muddler y yo en estilo Puglisi.

Comenzamos a recorrer la costa río abajo…lanzando nuestras moscas de piedra en piedra sin resultado alguno y solo pudimos tener algún toquecito de pirá pitá chicos…
La influencia de los cambios climáticos en los peces de nuestro litoral es notable. A veces uno esta pescando en un hervidero de dorados y por la noche cambia el viento, llueve o baja mucho la temperatura y al día siguiente, en los mismos lugares, uno se pregunta donde se fueron ya que parecería que se los han tragado la tierra…(bueno…el agua en esos casos).

En la salida de un arroyo vimos un enorme borbollón seguido por el salto de un dorado considerable y entramos lentamente pues notamos que algo se movía en la superficie pero no sabíamos que era. Resulto ser un sábalo de más o menos dos kilos al que el dorado le había cortado completamente la cola. Debía ser un dorado solo el que atacó ya que cuando hay varios se forma lo que se llama “trenzada” que son varios dorados despedazando a la presa que uno solo no podría tragar, por lo cual cada uno se lleva un pedazo.

Esa conducta es lo que nos provoca muchas veces cortes de moscas o señuelos pues la vibración del dorado al ser clavado atrae a los demás y viendo que este tiene algo que brilla en la boca tratan de sacárselo y a veces pasa nuestro leader a través de la boca y al desplazarse entre los dientes se corta. En spinning y bait casting suele ser el motivo de que a veces se saquen dos dorados simultáneamente con el mismo señuelo.

Ante el resultado escaso de actividad Gonzalo decidió cruzar a Paraguay y rol mediante en ambas costas comenzamos a pescar el la punta de piedras donde esta ubicada la Prefectura de ese pais.

Un pirá pitá de poco mas de un kilo fue clavado a los pocos lances…y luego un par de doraditos más con alguno que otro pique fallido….tarde ya regresamos a la posada.
Durante la mañana y la tarde siguiente el mismo viento y frío…y Gonzalo haciendo malabarismos para mantener la lancha en posición de tiro. El nos explicaba que con el motor eléctrico es mucho más sencillo, pero éste tenia un problema de baterías que todavía no había podido solucionar.

Escasa pesca…y las condiciones adversas continuaban…y Sergio, con muy poco pescado en su haber, ya se volvía a la capital al día siguiente. Por suerte al regresar el viento ya no soplaba tanto.

A la mañana siguiente un amanecer hermoso con pleno sol y nada de viento… desayuno, amables charlas y Gonzalo que lleva a Sergio al aeropuerto de Corrientes.
Durante el almuerzo al mediodía gente de Brasil que se alojaba en la posada comento que hicieron una fantástica pesca en bait en el río Paraguay.
Como Gonzalo estaba ocupado llamó a Monchi -uno de sus guías- para que saliéramos esa tarde.
 
Llegamos a la desembocadura de un arroyo que corre pegado a la costa paraguaya y Monchi me indicó unos borbollones que había visto al costado de un árbol hundido en el medio, a unos 100 metros. Como los movimientos se repetían nos fuimos arrimando lentamente hacia la parte mas ancha que separaba la costa del árbol. Varios tiros…pero nada…y los borbollones se desplazaron un poco…por la forma en que se manifestaban seguramente eran pira pitas que subían a buscar quien sabe que cosa en superficie…pero a la mosca ni la tocaron.

Monchi adelanto un poco la embarcación hacia la parte mas angosta que separaba la costa del árbol hundido y apagó el motor para que la corriente nos llevara en deriva silenciosa.
Cuando llegábamos al árbol vi un hueco grande entre las ramas y le dije “si hay un dorado debería estar allí”. La mosca cayó justita en el hueco y una violenta explosión con un salto muy alto del dorado confirmó la intuición. Un segundo salto me permitió ver en esa fracción de segundo la mosca negra y violeta que saltaba de la boca del pez al agua, hundiéndose lentamente. El dorado libre…la mosca perdida…y mi leader enganchado entre las ramas hundidas. En esos momentos uno se queda sin respiración je jeje…Repetimos una deriva sobre el pequeño arroyo, solo dos doraditos mas y nos metimos luego en el río Paraguay.

El Paraguay estaba muy turbio por la influencia del río Bermejo pero la margen derecha traía agua clara de par de arroyos que venían del Paraná. Se marcaba como trazado por un lápiz la diferencia entre las dos aguas.

Desde lejos en la salida del primer arroyo estaban los brasileros anclados y ambos con doraditos en sus cañas...nos acercamos a saludar y nos dijeron que hacía rato estaban pescando muy bien.

Nos retiramos para no molestar y fuimos río arriba hacia el segundo arroyo donde nos internamos un poco para luego hacer una bajada silenciosa con el motor apagado. Solo un doradito fue el resultado de una hora de lanzar en todos los rinconcitos y nada de movimientos en superficie por lo cual decidimos regresar.
Cuando llegamos al primer arroyo los brasileros ya no estaban pero si habían un par de botes con pescadores de carnada y otro par pescando carnada para los espineles con tarraya en las aguas bajas.

La tarde estaba fantástica. Tibia y sin viento.
Monchi ancló silenciosamente la lancha a un costadito de la desembocadura.

De vez en cuando se veían sabalitos volando por el aire y los borbollones de los doraditos persiguiéndolos. Al actuar silenciosamente, estos ataques se fueron incrementando hasta que se los podían ver a pocos metros de la lancha…y en mas de una ocasión algún sabalito pasaba a escasos centímetros del casco…como si quisiera refugiarse debajo de el.

La profundidad era poca y la línea Wet tip rastrillaba el fondo haciendo que la mosca se enganchara en algún palo o trajera basura, por lo cual la cambié por una de flote y funcionó mucho mejor. Lanzar moscas muy grandes, lastradas y algo voluminosas no es tarea sencilla cuando uno usa una caña seis y una línea convencional de flote (convendría usar una de estilo “bass bug taper” pero las moscas de estilo Puglisi son de material sintético y cargan poco agua, lo cual alivia un poco la tarea.

Me preguntaba como estaría ese lugar si los brasileros no hubieran pasado por allí… je jeje…Eran muy buenos pescadores, armados hasta los dientes y sabían lo que hacían, por lo cual tal vez no habrían dejado casi ningún pez sin pinchar. La prueba fue que muchos de los piques eran muy tímidos apenas se sentía un tironcito viéndose claramente el movimiento bajo el agua, pero siguiendo la mosca sin tomarla.

A pesar de eso unos 15 doraditos y un sinnúmero de piques fallidos fueron el resultado de ese par de horas, la actividad nunca dejó de cesar y los sabalitos volaban por el aire constantemente.

Monchi miraba atentamente, festejaba cada salto y en varias ocasiones le pasé la caña con el doradito recién clavado para que disfrutara él también de la sensación de pescar con mosca… y por la sonrisa que ponía se le notaba que le encantaba.

Seria fantástico que cada emprendimiento turístico del Paso, que vende además pesca, tuviera al menos uno o dos guías especializados en pesca con mosca y así lograr que la gente se vaya acostumbrando a calificar a Paso de la Patria como un buen destino para esta modalidad, ya que si bien hace muchas décadas algunos ya incursionaban con mosca en ese lugar, lo que siempre se ofreció fue el trolling y la pesca con carnada pues la búsqueda siempre se centró en los enormes peces sacados en mas profundidad calificando la pesca sobre la costa como algo menor en la cual solo se pescaban “doradillos” de hasta 10 kilos (en aquel entonces los de esa medida eran considerados como peces chicos).

Con el Paraná totalmente “planchado” regresábamos a última hora a la Posada viendo las primeras luces encendidas en el pueblo mientras yo iba pensando “lo que te perdiste Sergio”
A la mañana siguiente haría la última salida con Andresín y el tiempo prometía estar mejor todavía y ya se iba sintiendo el cansancio…y hambre…

Servicios:

Posada Paso de la Patria
 
Gonzalo Castaño
Capitán y guía -IGFA- Internacional Game Fish Assosiation

Tel: + 54 -3783-494556
Eel: + 54 -3783-15689565

www.posadapasopatria.com.ar
gcastai@yahoo.com.ar



Saudações
Mario Capovía del Cet