El Nilson.
Una de las salidas obligadas si se eligió como destino de
pesca a Río Pico. Chubut- Argentina
por:
Enrique Gómez
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El repique de la lluvia sobre el techo y el
crepitar de la leña en el gran hogar de la cabaña, había sido el sonido
agradable y sensible que escuchamos al acostarnos y al levantarnos. Para mí, que
viví hasta los veinte años en una casa de chapas, el ruido de las gotas al
golpear el techo, eran una caricia de mi historia.
El despertar fue un cuadro de sensaciones que únicamente en esa cabaña municipal
de Río Pico podían acumularse.
La luz gris de la mañana cubierta entrando por las ventanas, el ruido insistente
de la lluvia, el fuego agonizante repartiendo todavía su tibieza, las gotas
gruesas cayendo desparejas del techo de chapas acanalada, la pava calentándose,
el mate sobre la mesa, los picos nevados de la cordillera y el olor resinosos de
los leños quemados nos envolvían en su encanto.
A medida que todas esas sensaciones fueron perdiéndose con la realidad,
escuchamos con algo de temor la lluvia incesante y el viento violento. Veíamos
el futuro como un escollo que no nos permitiría gozar del mejor día de pesca.
A medida que nos vestíamos y preparábamos, notábamos que todo había empeorado.
El lago tres, que se veía desde una de nuestras ventanas,
estaba gris como las nubes. Las olas dispersas llenaban toda la superficie
visible. A la bruma, que surgía de millones de partículas que se desprendían de
solapas blancas, se sumaban las gotas, que infalibles, caían formando remolinos
translúcidos sobre ellas. Los árboles, forzaban sus copas tozudamente al
movimiento exagerado que les provocaba el viento. Conservaban la vertical por la
fuerza de raíces, troncos y ramas acostumbrados a esa lucha.
Nuestro entusiasmo no decaía, pero la preocupación ya nos ocultaba todo ese
cuadro de belleza y sensaciones que nos había invadido ni bien nos despertamos.
Ahora, luego de la belleza brutal que inevitablemente nos envolvió, veíamos la
dificultad que nos esperaba.
Ese día nuestro destino sería el Río Nilson.
Un río que se topa con el Pico y cuyo encuentro de aguas es conocido por la
variedad de modalidades que ese accidente natural permite practicar. Existen
largos pozos para usar streamers con cañas livianas, varios playados y anchos
rifles para pescar con ninfas y pequeños arroyos, con entrada y salida al río
principal, donde el uso de secas es una delicia.
Llegar al Río Nilson
Desandamos el camino hasta la casa de los gringos que habíamos visitado el día
anterior para llegar al Río Pico. Pagamos el peaje al que se nos tiene
acostumbrado, y en lugar de tomar hacia la derecha, rodeamos la casa por la
izquierda y en un corto camino sin huella atracamos la camioneta para iniciar, a
pie, el camino al Río Nilson. El piso de húmeda gramilla verde semejaba una
alfombra imperfecta. Arboles y arbustos raleados, algunos troncos grises y
amenazantes, formaban el entorno del lugar donde nos preparamos. Escuchábamos el
bramido del viento que movía las copas altas del monte que nos defendía. El
viento, desde que salimos de la cabaña, había ido en aumento. Ni nos dimos
cuenta por el stress de un viaje, cargado de riesgos para la camioneta. Ninguno
cruzaba palabra mientras nos equipábamos. Una caña, el chaleco y una pequeña
mochila cada uno para emprender el camino.
Llegar al Nilson es seguir el derrotero del Pico. Esto es fácil con los ríos
normales y con tiempo algo más benigno. Hay sitios de paso que obligan a meterse
en el Pico para cortar camino. Estuvimos obligados a internarnos a la izquierda
del río porque fue imposible seguir el camino conocido.
No fue tanta la pérdida de tiempo, pero si, desencontramos la picada que nos
hubiese evitado cruzar alambrados que nos detenían y que en ocasiones se
disponían lateralmente, debiéndolos sortear más de una vez.
Fue una caminata dura de casi una hora o más.
Julio y yo somos pescadores con mas de 65 años y nada nos asusta o nos retiene,
pero la realidad del afuera con nuestro años, a veces, solo a veces, nos obliga
a replantearnos nuestros escenarios de pesca. Este día, con un viento de más de
sesenta kilómetros por hora, en una picada, a veces visible y transitable y
otras, con inconvenientes casi insalvables para nosotros, no era el mejor
escenario o clima para intentar pescar.
Nos habíamos dispuesto llegar al Nilson. Entre lengas, sauces, ñires, matas de
coligües, picadas intransitables, arroyos con pequeñas y refalosas cañadas,
alambrados y mallines donde el viento casi no nos permitía caminar, caminábamos
convencidos que llegaríamos. Si después pescábamos o no, lo decidiríamos cuando
estuviéramos en el lugar.
De pescar ni hablar
Walter, a quien todos llaman “Pelado” nos cubría. Acompañó a Julio todo el
camino. Lo protegió, cuidó y ayudó en todo, sin hacerse el héroe servicial ni
exagerando sus intenciones. Su forma de actuar dejaba claro su voluntad de que
sintiéramos que estaba para ayudarnos. – Va bien don Julio -, - ¿Lo ayudo a
cruzar el alambrado? -, - Venga por aquí que es mas seguro -, ¿Quiere que le
lleve la caña?. - Vamos a descansar un rato. Estas consultas y consejos nos
ofrecían seguridad y confianza.
Luego de recorrer el camino embarrado entre el monte, camino digno de hacerlo
como travesía turística de aventura, llegamos al encuentro de los dos ríos.
El viento nos tomó en el descampado que se forma en la playa de grava y piedras
que forma el choque de las dos aguas. Parecíamos la tambaleante imagen de niños
que están aprendiendo a caminar. Apoyábamos el cuerpo al viento y tratábamos de
mantener la vertical.
Ya le había dicho a Julio: De pescar ni hablar y me contestó: Ya vine una vez y
no llegué, hoy aunque no usemos las cañas, llegamos.
Había arreglado hace muchos años llegar al Nilson con
Marcelo Morales y este, esa mañana tuvo un accidente que les impidió
encontrarse. Por supuesto no cejó en el intento de llegar, pero esa vez, no lo
pudo lograr. Apoyé su decisión y con Walter acordamos llegar, descansar y comer
algo. Luego volvernos. Pescar no sería posible por lo menos hasta el atardecer,
si teníamos la suerte de que a esa hora el viento amainara. Lo más probable es
que esto no sucediera. Comimos unos sándwiches, tomamos unas cervezas y Julio, a
pesar del viento imponente se durmió una siesta. Walter, cual guía que no quiere
perder ni con un terremoto, me arrastró hasta un brazo ciego del Nilson y trató
que yo pudiera poner mi mosca debajo de unos sauces que estaban a escasos cinco
metros del alcance de la mosca. Fue imposible. Se sumó a mi torpeza, el viento,
la corriente y mi falta de convencimiento de que sacar esa trucha significaba
algo. Sin demasiada insistencia volvimos a donde nos protegíamos del viento.
Una vez mas la naturaleza nos demostraba que la previsibilidad de una salida de
pesca no es competencia de los pescadores. Decidimos volver e intentar en los
quietos del Pico. Un lugar, que por su cañadas, nos permitiría arrojar la línea.
El viento nos desencantó en poco tiempo. Julio logró un par de piques. Yo, en el
mismo lugar que el día anterior había clavado más de doce truchas, no tuve esa
suerte. Nuevamente empezó a llover. Ya habíamos tenido lo suficiente por ese día
y emprendimos el regreso desandando el lodazal del camino de vuelta hacia la
cabaña.
Conclusión:
Todo indica que el Nilson es un lugar maravilloso para pescar si las condiciones
meteorológicas lo permiten. Estando en el encuentro de los dos ríos, el Pico y
el Nilson, vimos claramente una curva con todas las variantes para probar
pescarlo con las modalidades que se les ocurran. Walter me llevó a un brazo
ciego muy fácil para pescar con secas e incluso vimos la trucha que me quería
hacer pescar y que, aunque estuve panza al suelo para que no me viera, nunca
pude arrimarle ni cerca la mosca. El camino es fácil aunque mi relato pueda
mostrar lo contrario. Avanzando con el Río Pico a la derecha, no importa la
dificultad de perder la huella, siempre llegará al encuentro con el Río Nilson
en una caminata inolvidable de mas o menos una hora.
No puedo hablar de moscas, sitios y experiencias, salvo las que les he contado,
pero confío plenamente en las versiones de Walter en cuanto a la bondad de la
pesca en ese preciso lugar. Nos aseguraba muchos piques por caña, de truchas que
no pasarían el kilo, salvo excepciones. El lugar es vadeable y tiene las
condiciones para que uno pueda pasar un gran día de pesca si decide Río Pico
como destino. Lamento no poder mostrar fotos con capturas, pero la pesca es la
pesca, aún con el mejor guía.
Servicios:
Dirección de Turismo de Río Pico
Cabañas Municipales frente al lago Tres.
Camas cuchetas, excelentes colchones, agua caliente, hogar a leña y salamandra
para calefaccionar el baño. Cocina, Heladera y Calefón nuevos. Canillas
deficientes pero que prestan la utilidad esencial. Acogedoras y con la mejor
vista. A pasos del lago. Atención incondicional cargada de afecto y buen trato
en el lugar por el administrador encargado. El “Vasco” Quito
Reservas: Dirección de Turismo de Río Pico
Sra. Esther. 02945-492114
Cabañas “Los Toldos”
Ofrecen comodidades mas completas y un
excelente servicio, además poseen una proveeduría permanente. Están antes del
predio municipal, más o menos, a 1000 metros del lago.
Reservas: Mario García o Magdalena
02945-15692963
02945-15412751
Guía: Walter “Pelado”Ruiz
Hay que verlo en acción.
tpolibre@hotmail.com
Saludos.
Patricia Carzoglio

