Flotando el Río Rivadavia y el Río Grande
Después de dejar Río Pico por el mal tiempo logramos
llegar a estos ríos que nos ofrecieron buena pesca
por:
Enrique Gómez
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La realidad del día buscando al Nilson fue, sin duda, nefasta
para la pesca que teníamos planeada. Todas las fantasías que antes de salir
pasan por, que tipo de moscas elegir o la situación donde usarlas, que caña
llevar o cuales moscas serán las mejores, se pierden ante el simple poder de la
naturaleza en acción.
En este caso, el clima lluvioso y el viento exagerado nos habían puesto en
valor. Walter, un guía solidario a todas esas fantasías, nos sugirió irnos a
Esquel, donde si este clima persistía, podríamos flotar el Rivadavia y el Grande
(Futaleufú) con más posibilidades.
A la mañana estábamos decididos a cambiar de zona. Tendríamos que desaprovechar
otro medio día para viajar, pero por la tarde estaríamos flotando el Río
Rivadavia. Llegamos a Esquel, nos instalamos y pasado el mediodía emprendimos
los ochenta kilómetros que separan a Esquel del camping frente al Lago Rivadavia
donde bajaríamos la balsa.
Luego de manejar toda la mañana, instalarnos en la cabaña, llegar hasta allí,
por fin, ya estábamos en el camping del lago con la persona que trasladaría la
camioneta a la finalización de la flotada. Esta organización nos garantizaba que
cuando llegáramos, casi al anochecer, el trailer de la balsa y la camioneta
estarían esperándonos.
El camping embarrado y solitario con el lago salpicado por una lluvia suave e
interminable, las nubes bajas opacando el paisaje y el recuerdo del fracaso del
día anterior no pudieron disminuir nuestro entusiasmo por pescar.
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El Río Rivadavia.
A pesar que lo conocíamos nunca lo habíamos flotado por lo que las expectativas
aumentaban.
Salimos con la balsa hacia la embocadura del río a unos escasos mil metros de
donde partimos. En la boca, tomando la costa oeste, comenzamos con líneas de
fondo y streamers. Julio con caña 5 y línea de hundimiento VI y yo con caña 6 y
línea de hundimiento III. La mosca indicada por Walter, Bead Head Woolly Buggers
verde oliva.
Julio puso una con patas de gomas negra y gallo grizzli teñido de verde oliva,
cuerpo naranja y verde con “bead head”. Yo puse algo parecido sin el agregado
naranja en la primera parte del cuerpo. La balsa tenía dos asientos algo
elevados en la proa y en la popa que transformaban en una delicia lanzar y
pescar.
Era tal el conocimiento, del recorrido y de la pesca posible de Walter, que nos
indicaba donde tendríamos piques sin equivocarse. El primer cuarto del recorrido
fue una fiesta de piques. Lo que mas nos entusiasmó fue la continuidad y un par
de salmoncitos (salmo salar Sebago) que ni Julio ni yo habíamos pescado nunca.
Las piezas oscilaban los seiscientos gramos con alguna excepción.
El sistema y la comodidad de la pesca desde la embarcación hicieron de
cada trucha un placer. La pesca este día fue pareja a pesar de usar líneas de
diferente hundimiento. Calculo, en esta parte del recorrido, más de quince
piques por caña y una buena cantidad de piezas logradas.
El río está encajonado entre paredes vegetales. Ñires, cipreses, píceas y
araucarias varias que lo escoltan en su camino secular y persistente. Sobre la
vera oeste, el verde subía, siguiendo la falda de la colina, hacia el cielo
triste del día. La vera este, era oscura y la vegetación se caía en sombras
negras sobre el agua en movimiento.
Debería ser muy hermoso contemplar, desde la altura, una balsa con pescadores en
la soledad de esa cinta turquesa. La balsa gris tambaleando por su cauce entre
los bordes oscuros de la vegetación, mostrando los arabescos de las líneas en el
aire, agregando a la imagen la melancolía de un día tan triste.
Para nosotros ya se habían justificado los kilómetros manejados, el cansancio,
el cambio de sede y cualquier esfuerzo que decidimos hacer para poder intentar
flotar el Río Rivadavia, pero Walter y sus conocimientos nos deparaban una linda
sorpresa en el almuerzo.
Variables del río
Por la mitad del recorrido Walter detuvo la balsa en una zona donde el caudal
perdía profundidad. El lecho de piedras, parecidas y uniformes, se mostraban
nítidas mientras el caudal del río parecía apurarse mientras la profundidad
disminuía. Era un sitio ideal para probar con ninfas e indicador. Walter se bajó
y caminó lentamente el río, claramente vadeable, para ver si veía actividad o
peces en acecho. Luego de una exhaustiva observación siguió la marcha.
Seguramente no vio lo que esperaba y decidió no probar en esa zona. Luego arrimó
el bote en un sitio que, seguramente, es parada habitual con sus clientes para
almorzar.
Comimos unos sándwiches y me invitó a tomar la caña y probar en un brazo que
aparecía por detrás nuestro, paralelo al cauce principal. Me negué por disfrutar
del ambiente, el rumor del río pasando y un vaso de buen vino que me había
servido.
Julio aceptó el envite. Un arroyo de agua negra y transparente, no mas ancho que
un calle angosta, cortaba el camino mediterráneo. Un tronco lo cruzaba y una
intensa vegetación era el telón de fondo de un escenario ideal para tener un
pique. Tire la mosca a veinte o treinta centímetros del tronco. Tendrá un pique.
Le dijo.
Julio con el streamers que venía usando arrojó la mosca alterando el agua a más
de un metro del tronco atravesado. Una trucha apareció como un fantasma atraída
por el golpe de la mosca pero volvió a desaparecer en la oscuridad de las
sombras reflejadas.
Un poco más cerca. Le indicó otra vez.
Julio ya prestó mucha mas atención en el tiro y la mosca cayó exactamente
en el lugar indicado. La trucha como una saeta surgió de la oscuridad y tomó el
streamers antes de que hundiera. Para nosotros fue espectacular. Aguas quietas,
sin complejidad para colocar la mosca, en un marco precioso y sin imaginar que
ese pique fuera posible.
Luego de una breve lucha Walter la tomó como a una amiga y posó con ella con
agradecimiento y respeto. Seguramente era su mascota salvaje, a la cual exponía
cada vez que paraba a almorzar y ella, siempre fiel, una vez más le había
respondido.
Walter satisfecho por lo previsto, Julio sorprendido por la captura y yo
arrepentido por no haber dejado mi vaso de vino y haber sido quien aprovechara
la oportunidad con esa trucha. Cautiva de su territorialidad y expuesta como un
pez adiestrado nos había deparado, junto a su descubridor, un momento increíble.
Luego de ese breve descanso seguimos el derrotero fijado por el río hasta llegar
hasta el sitio donde subiríamos la balsa. Conseguimos algunas capturas más y
terminamos satisfechos un día que había empezado en Río Pico donde el clima no
nos hubiese dejado pescar en ninguno de los lugares que habíamos previsto.
El Río Grande
Es un río hermoso. Su agua incansable es una transparencia azul que avanza.
Columnas de electricidad, gigantes invasores de lo intangible, lo escoltaban
justo donde bajamos la balsa al otro día. Son participes del progreso que la
represa de Futaleufú ofrece en energía por la explotación de semejante caudal.
Cuando uno marcha desde Trevelin hacia otros destinos de pesca como el Lago
Bagilt, el Corinto, la laguna del Rosario, El Nanti Fall, Río Pico, Corcovado
todos excelentes destinos de pesca que pertenecen a la zona, se da cuenta lo
cercano y accesible que es llegar al Grande, quizás, el mejor pesquero de todos.
Un camino de ripio que cruza el pueblo nos llevó hasta el río sin
desviarnos. Apenas unos kilómetros separan a Trevelin de este acceso tan fácil
al Río Grande. La bajada de la balsa fue un trámite sencillo para Walter.
Comenzamos, una vez que llegamos a la otra costa, un circuito del que no medimos
su recorrido pero que nos llevó casi todo el día hacerlo.
Las costas de sauces se repetían y pequeñas islas mostraban que el río estaba
alto y lo hacía imposible de vadear en la mayoría del itinerario seguido. Lo
flotamos siempre, salvo para almorzar. Julio, esta vez, me triplicó en
resultados. Nunca dejó de sacar truchas mientras yo, mordiéndome el labio
inferior, festejaba cada una de las que sacaba.
Había puesto una línea Río con once metros de shooting y no me era fácil
dispararla con un solo cast. Nunca pude dominar mi línea y por lo tanto la
presentación en el agua de mi mosca, era imperfecta. El hundimiento era Fast III
y por la altura del río era lenta su profundización. Julio pescó con la misma
línea pero de hundimiento VI y los resultados fueron muy buenos para el.
No quiero decir que estas fueran las únicas razones del escaso resultado en mis
capturas, pero se las adjudico. Además cuando el otro saca una trucha tras de
otra y uno, apenas arrima alguna de vez en cuando, pierde concentración, no
piensa y se oculta la armonía necesaria para poder optimizar sus recursos.
En fin, la pesca estuvo muy buena. Truchas que no excedían el kilo, pero en las
cantidades que cualquier pescador pretende. Por la mañana mis capturas fueron
bastantes como para olvidarme de las pocas que pude clavar por la tarde. En
cambio Julio nunca disminuyó la intensidad de piques obtenidos. Estaba realmente
feliz y, cuando uno sale con un compañero de toda la vida, no puede dejar de
alegrarse cada vez que su sonrisa de niño mostraba la trucha para que los
fotografiara.
Solo usamos streamers: Woolly Bugger con cabeza y patas de goma, matukas y
Rabbit en anzuelos 4 y 6. Los colores recomendados eran verde oliva y negro.
Ambos pescamos con cañas 6 y líneas de fondo. Al final del día vimos una pequeña
eclosión de may fly que se extendió hasta que llegamos, lo que indicaba que
quizás hubiésemos podido usar secas durante la jornada. Otra vez será.
Habíamos finalizado nuestra apertura, ahora solo nos quedaba volver con la
experiencia de no habernos rendido al clima, ni a los kilómetros que tuvimos que
recorrer para poder recuperar estas dos magnificas jornada de pesca. Flotamos el
Rivadavia y el Grande con un guía que nos contuvo y ayudó a que todo eso se
cumpliera.
Conclusión.
Atender a los que saben. Gracias a haber seguido el consejo de Walter pudimos
rescatar dos magníficos días de pesca que no hubieran sido posible de no haberlo
escuchado. No retacear voluntad para lograr el objetivo de recomponer la salida
aunque, a priori, parezca demasiado esfuerzo. Flotar el Río Rivadavia, debe ser
como andar por la Av. 9 de Julio cuando todos los guías de la zona arrojan sus
balsas, pero el profesionalismo en el río y la calificación de la pesca indicada
por Walter, nos proyecta a los otros, y creo, que todos pescan si se respeta y
protege ese generoso río.
Pescamos sin interrupciones truchas arcoiris, alguna marrón y un par de
salmoncitos. Es un río hermoso y con personalidad. Encajonado en el paisaje
cambiante de sus laterales con variaciones en la profundidad de su lecho.
Pescamos con equipos 5, 6 y 7 con líneas de hundimiento 3 y 6. No utilizamos
como en Pico moscas secas y tampoco tuvimos oportunidad de hacerlo con ninfas.
Vimos una pequeña eclosión de may fly por lo que garantizamos que el uso de
secas en el Río Grande ese día hubiese sido efectiva a pesar de no haber visto
movimientos arriba.
Ambos ríos dieron más o menos la misma cantidad de piques y de truchas
capturadas.
La modalidad fue flotando en la balsa de Walter y lanzando líneas de fondo con
streamers varios. Los colores, que podríamos afirmar como los de más éxito en
moscas tradicionales (Woolly Bugger, matukas y rabbits), fueron el verde oliva y
el negro.
La mosca mas efectiva fue una WB con cabeza de metal y patas de goma con cola y
cuerpo verde oliva, cuello rojo con ribbing y hackle de gallo bataraz teñido de
verde oliva que fue mortal la tarde del Río Grande. No tenemos experiencia sobre
como vadear al Rivadavia porque desconocemos si existen accesos para llegarle
pero pasamos por lugares perfectamente vadeables.
El grande, algo mas ancho y caudaloso, la única vez que lo pesqué lo hice
vadeándolo por la vera contraria, lo que hizo necesario que me cruzaran al otro
lado. En ambos río utilizamos los mismos equipos, la misma metodología de pesca
y casi las mismas moscas. Las posibilidades de no fracasar tienen que ver con el
guía, su experiencia y la derrota de la flotada.
Ojala este relato los entusiasme o permita ayudarlos a decidirse por la pesca
con mosca en la Provincia de Chubut. Es una provincia con infinidad de variantes
en cuanto a sitios entrañables de pesca y si realmente pueden tomar un guía que
los lleve a flotar los mismos ríos que hicimos en esta oportunidad, lograrán una
pesca que no olvidarán.
Servicios
Guía: Walter Ruiz
tpolibre@hotmail.com
TEL: 02945-450815
TEL móvil: 02944-1548-7657
Dir. Regional de Turismo
Subsecretaría de Turismo y Áreas Protegidas de Chubut
Teléfono de contacto: Natasha Paramosz (02945) 15684294
pasantesturismo@yahoo.com.ar
Rincón
Andino, operador oficial de Esquel y Parque nacional los Alerces
Cabañas el Tropezón
Cabañas Oregon
Cabañas Ruca Mamuel
Casa de Piedra
Nain
Maggie, Casa de Té Gales
Saludos.
Patricia Carzoglio

