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Apertura 2009/10. Río Pico Chubut-Argentina
Una salida llena de Aventura y buena Pesca
por: Enrique Gómez
Una reflexión por Hugo.
Hugo se fue de la vida pero tardará bastante en irse de las que lo amábamos.
Era un ser humano cerril, duro - quizás como la vida fue con el – pero el mas
honesto y con códigos mas firmes de todas las personas que he conocido dentro
del periodismo de la Pesca Deportiva.
Un buen tipo. Hugo era un buen tipo pero único.
Era difícil quererlo porque se resistía. Era difícil adivinarlo porque era especial. Era difícil seguirlo porque su capacidad de trabajo era imponderable. Era difícil sentir su aprecio porque era tímido para demostrarlo.
Era fácil admirarlo por su esfuerzo. Era fácil hacer tratos con él por su honestidad cargada de códigos infranqueables. Era fácil compartir charlas con él por su interés en lo que uno hablara, y por las posturas impensadas para uno que él razonaba desde el mundo en que se hizo. No fue la mejor pluma, pero si, creo personalmente, que fue la mas clara y honesta de este ambiente.
No lo quiero saludar porque para mi está conmigo, pero quiero dejar testimonio de lo que pensé toda la vida de él para las personas que como yo lo quieren y lo seguirán queriendo mucho.
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La apertura de temporada es quizás de los viajes de pescas anuales el más
deseado, el más esperado.
Pasamos meses preparándolo.
Nosotros, con Julio, teníamos como rutina abrir la temporada todos los años en Angostura. La boca del Correntoso es una tentación llena de promesas y además, es bueno reencontrarse con viejos amigos.
El Espejo, ese lago noble y generoso, que debería tener el agua tibia para serlo un poco mas, nos recibía cada año con su majestuosidad, su cabaña abandonada de almuerzos interminables y las fontinalis que parecen esperarnos.
El suave y accesible Pichi Leufu. Encantador río al que extrañamos como a un amigo que vive lejos, y lo vamos a visitar deseosos de verlo, de sentirlo. Saludábamos a Banana, gozábamos del complejo de Bahía Manzano donde Julio tiene una semana todos los años, y nos tomábamos un whisky cada tarde, viendo atardecer frente al Nahuel Huapi y soñando el otro día.
Linda rutina. Feliz y predecible. Este año nos pusimos la meta de no quedarnos con la comodidad de lo conocido, sin olvidarla por cierto, y decidimos viajar más al sur.
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Río Pico, había sido hace nueve años un destino que nos había hecho muy felices y decidimos volver a pescarlo.
Todos los amigos nos aconsejaban no tomar las cabañas del lago Tres. Sugerían que alquiláramos otras que están a mil metros de la playa. Eran mejores, ofrecían más comodidades, entre ellas, TV por cable y tenían una proveeduría al alcance.
Preferimos seguir la experiencia, que no era tan buena en cuanto a los servicios, pero que colmaba nuestros recuerdos.
Calefacción a leña, la costa a tiro de piedra y con la vista del agua rabiosa de
un lago patagónico con la cordillera nevada, como fondo obligado, desde sus
ventanas. No nos equivocamos. Tuvimos agua caliente, nunca faltó leña para tener
la cabaña tibia y acogedora, no tuvimos T.V. pero no importó e hicimos unos
asados en el hogar que no imaginamos posible en otro lado. En fin, las cabañas
municipales del lago Tres no son las mejores pero tienen algunas virtudes que
compensan sus falencias.
Cada cual, sabrá lo que prefiere.
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El guía.
Nuestro guía sería Walter “El Pelado” Ruiz. El plan de pesca estaba bien delineado. Primer día Río Pico, segundo el Nilson, el tercero El Pico y el Pampa y el cuarto día, flotaríamos el Lago. Redondito.
Desde nuestra primera conversación con Walter en el mes de julio o agosto, todo fue ansiedad y espera. Todos lo conocen por “El Pelado” pero como a mi no me gustan los sobrenombres seguiré llamándolo Walter.
Cada nudo, línea o equipo que llevaríamos lo revisábamos una y otra vez acercándonos a la fecha de nuestro viaje. Atábamos las moscas que creíamos las mejores, ajustábamos las cañas a los lugares, compramos líneas nuevas y como novedad, Julio adquirió un hermoso bolso de atado para que no fuéramos sorprendidos sin la mosca que quisiéramos usar.
Siempre hemos salido solos, haciéndonos cargo de nuestros éxitos y fracasos, pero ya estamos un poco grandecitos y Walter, además de guiarnos, sería un guardián de nuestras limitaciones. Así fue, y estuvimos felices con él por su eficiencia, sabiduría, paciencia y buen trato.
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Lo encontramos en la Cabaña el domingo 29. Figura patagónica. Bombacha y
pullover de lana de oveja jaspeado. Como de treinta y cinco años. De barba
tupida y bigote de principio de siglo, rubio. La cabeza la tuvo, casi siempre,
cubierta por una gorra de visera. Sus ojos, claros y muy atentos, se acomodan a
la figura gringa de los viejos pobladores del Sur aunque su origen no tenga nada
que ver con esa heredad. Una Toyota bordó embarrada con una balsa enganchada
detrás, dejaba clara su profesión. Un andar decidido, una sonrisa franca y un
saludo afectuoso fue lo primero que vivimos de Walter.
La bienvenida del clima
Nuestra llegada a Río Pico había sido con el clima agreste de la zona pero sin
sorpresas inesperadas. Viento persistente, frío, lloviznas pertinaces y un lago
incomodado por ráfagas que formaban olas en toda su extensión. La cordillera
mostraba a sus cumbres más nevadas que las que vimos otros años.
Las nubes, ese día, iban ocupando de niebla las cimas de los cerros. Las pintaba
con un aerosol gris opaco. La visión se cargaba de promesas de lluvia.
A medida que avanzaba la noche desaparecía el perímetro de los cerros, y una
sombra engañosa, mimetizaba el cielo con las cumbres ocultando el horizonte.
Nuestra alegría de estar en el lugar no nos permitió razonar que todo ese
paisaje era presagio de mal tiempo. Lo supimos cuando, terminados de cenar, la
lluvia, obligaba a que alzásemos la voz por su persistente golpeteo sobre las
chapas de la cabaña.
Lo escuchamos cuando nos dormimos y también al despertarnos.
Nos vestimos de pescadores con mosca que es algo tan difícil como hacerlo para llegar a la luna y salimos.
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Prohibido prohibir
Walter no daba señales de preocupación pero nosotros veíamos el camino que
transitábamos pensando que no sería fácil continuar.
Los caminos en la Patagonia se recorren abriendo y cerrando tranqueras.
Los alambrados nos señalan que la propiedad privada es un ícono del paisaje al
cual ya nos hemos acostumbrado. El Lago 3 está cercado en todos los perímetros
que recorrimos y un cartel “PROPIEDAD PRIVADA DE NUÑEZ. PROHIBIDO (sic) ENTRAR.
RESPETE” está a la vista, con el lago a menos de cinco metros del camino
vecinal.
Siempre creí que todos podemos acceder a estos espacios.
En la Patagonia los accesos, si los propietarios quieren permitir su paso, se pagan y si ellos no lo quieren, se acepta no traspasándolo, permitiendo que esos carteles de “Prohibido…” se multipliquen.
Este es un tema recurrente en el que no ahondaré porque los pescadores lo
aceptan con resignación, y no seré yo quien eleve una bandera que deben levantar
las instituciones que nos contienen, las autoridades que deben protegernos y
legisladores que rehúyen al tema porque no quieren alterar un “statu quo” que no
los afecta.
La libertad solo es utópica si permitimos que la propiedad privada atropelle
nuestros derechos en lagos y ríos sin accesos. Lo peor, no es que existan los
carteles y la arbitrariedad de no permitirnos acceder a lo que es de todos, lo
peor, es que se acepta con mansedumbre, con resignación. ¿Como es posible que
alguien no pueda meter un Belly Boat con el lago a metros de su auto? ¿Por que
alguien, que solo es el propietario de las tierras, impida el paso con solo un
cartel de prohibido pasar?. Si realmente quiere proteger sus animales y presume
que los pescadores pueden romper sus alambrados, que abra un paso para que los
pescadores usen su derecho sin trasgredir sus patéticas pretensiones de que el
lago o los ríos le pertenecen.
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Un camino imposible
Bajo una lluvia de agua nieve emprendimos el camino al Río Pico. Para acceder es
necesario rodear parte del lago y este, como intentado asustarnos, mandaba sus
olas cubriéndolo por completo. La Toyota de Walter avanzó sin más, y por lo
distendido de la conversación parecía que a nadie le importaba como estaría el
camino.
Abrimos la primera tranquera, la segunda y la tercera hasta que salimos
a una senda que parecía un camino. La camioneta era probada en toda su capacidad
y rudeza. Nos encajamos dos veces. La primera, al querer salir de una huella
comprometida buscando en la banquina, algo más alta, otra que fuera más segura.
Walter salió de la camioneta y en unos minutos había juntado palos, ramas secas
y algunas piedras, y en un momento nos mostró de su baquía y la aptitud del
vehículo.
Esquivando troncos secos, sueltos y enclavados, avanzábamos con algo
más de seguridad. Al querer retomar el camino natural, la camioneta se clavó,
gimiendo su motor y sus ruedas sin sustentación, en el barro blando, madurado
por otros empecinados que se habían quedado antes.
Cuando nos dimos cuenta que
cualquier esfuerzo sería imposible sin ayuda, Walter salió, a pie, hacia la
última tranquera donde habíamos visto una Ford con cadenas en sus ruedas. El
frío y el viento, insistentes, nos señalaban que estábamos en la Patagonia.
Julio y yo nos mantuvimos fuera de la camioneta hasta que una nevisca nos obligó a cobijarnos en ella. Pasó más de una hora hasta que Walter volviera con ayuda. Había corrido hasta el campamento (6 Kms.) en busca de unos amigos que con otra Toyota, largas sogas y mucha experiencia lograron devolvernos a la huella más segura.
Cuando uno juzga a los guías, debería poner en el haber de sus servicios, estas emergencias de las que ellos tienen que hacerse cargo. No solo por el maltrato a su vehículo de trabajo sino por los riesgos que corren para poder dar satisfacción a sus clientes. Nos dio vergüenza cuando Walter dijo que ese día no lo cobraría por el mal rato y la pérdida de tiempo en nuestro día de pesca. No discutimos el tema pero teníamos claro que era lo que haríamos.
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Al fin pescando
Llegamos al peaje de un gringo que permite que pesquemos en “su” parte del río.
El precio es de cuarenta pesos por persona y tiene la deferencia que a los guías
no les cobra. Esto está desde hace años totalmente asumido.
Avanzamos a campo
traviesa hasta encontrar el cauce principal del río Pico. El día opaco y
lluvioso le había quitado el color verde turquesa con que lo había conocido.
Estaba claro, casi gris y corría desenfrenado hacia el Pacifico.
Dejamos la
camioneta y nos dirigimos hacia un brazo de corriente lenta, poblado de sauces y
algas en su cauce. Algunos claros entre barrancas nos protegían del cargoso
viento. A este sitio lo llamamos los “Quietos del Pico” sin saber si ese nombre
se nos ocurrió o lo habíamos escuchado de alguien, pero viendo la carrera del
cauce principal al encontrarse nos pareció una denominación apropiada.
Julio,
había atado un cascarudo con material de embalaje como caparazón, cuerpo
“mudler” de pelo de ciervo y patas de goma negras en anzuelo 8. Lo había
presentado en una demostración de atado realizada en lo de Marcelo y Laura
Morales, pero nunca lo había puesto a pescar. O sea que cuando se eligió el
primer claro, su tippet tenía como final ese JR Cascarudo. Mientras sacaba línea
para ponerlo en el agua yo seguí en busca de otro pozo que me permitiera pescar
con alguna comodidad. Los golpes en el agua me decían que el cascarudo de Julio
había sido un éxito.
Lamentablemente después me enteré que el tippet 5X que
había puesto había sido el factor que con la misma alegría de la efectividad del
cascarudo, se convirtiera en el motivo de desaliento por haber perdido el pique.
Al primer lance, una marrón respetable, había subido tranquilamente y lo había
tomado. Cuando se sintió clavada marchó hacia los sauces y Julio, que sabía que
si la trucha ganaba esa posición nunca la sacaría, olvidó la ligereza del tippet
y, por supuesto, ganó la trucha.
Julio había hecho debutar a su JR Cascarudo y
la trucha una vez mas le había ganado a un pescador. Julio, podría reponer el
cascarudo cuando volviésemos a la cabaña por lo que usó un Lucky Stimulator
negro que es cábala en su rutina de pesca con secas.
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Después de semejante mañana mi tarde de pesca fue excelente, por la cantidad de truchas y la calidad de la modalidad utilizada para sus capturas. Walter, había hablado de pescar este sitio con moscas chicas y mi recuerdo estaba en una Royal Woolf que había logrado alegrarme una lejana mañana con cinco o seis truchas en el mismo lugar.
Abrí una de mi caja de secas y la mosca elegida fue una Adams clásica en anzuelo
16. Mi equipo, era la Sage Launch 4 que sin ser la mejor caña del mundo es muy
buena para mí y un Medallist 1494 que, a pesar de sus años y porque me enamoro
de mis cosas, no puedo cambiar. Walter aprobó la mosca, y los lances, sin ser
demasiado dificultosos, no eran ideales. Más de una vez enganchaba la mosca en
algunos matorrales de arriba. El claro, con su recorrido de agua mansa, mostraba
esporádicos bulos de truchas comiendo arriba. Tuve el primer pique y la primera
clavada de la temporada.
Todos los que pescamos sabemos lo que eso significa.
Una marrón hermosa y fuerte había tomado y Walter sacó las fotografías, desde la mosca en el agua hasta la trucha en mis manos, de esa primera faena. Hasta que nos fuimos, clavé siete truchas en ese lugar, y perdí piques por no mirar mi mosca que tenía abierto el gape del anzuelo. Un error, casi ingenuo, que pasó por mi ansiedad, por las ganas de tener la mosca en el agua o por gil. Quizás todas esas causas juntas. Julio, había pescado mas o menos lo mismo, salvo por el tamaño de una marrón que se ocupó de fotografiar comparándola con la caña desde el inicio del mango. En ese momento estaba solo y no quería que esa trucha fuera nada más que una anécdota.
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Luego cruzamos ese afluente hacia el otro lado por un puente demasiado prolijo.
Hierro, tablones y bulones ordenados, quitaban o por lo menos alteraban el aire
intangible de la zona. Reemplazaba a un viejo puente colgante que parecía
pertenecer al paisaje, este, era, más bien, un intruso al paisaje por la
necesidad del hombre.
El viento se hacía algo incómodo al tenerlo de frente y las truchas
interrumpieron el pique del que habíamos gozado. Así y todo logré sacar una mas.
El día culminaba un poco antes. Las nubes seguían oscuras y espesas y evitaron que la luz del atardecer nos ofreciera un rato más de pesca.
Fotografié una trucha con una herida profunda en la mitad de su cuerpo. Presumiblemente por el ataque de un cormorán. Lo hice, porque a pesar de semejante herida, la trucha seguía comiendo en superficie. Este hecho confirmaba que la devolución de las truchas debe hacerse siempre, no importa lo lastimada que nos parezca, cuando la sacamos.
Con miedo a que la noche nos envolviera, partimos buscando la tranquilidad y la tibieza de la cabaña después de un día interminable, cargado de acciones imaginadas y de las otras, que superaron nuestras fantasías. La realidad había podido con nuestra imaginación y la pesca, una vez mas, nos había devuelto con alegrías toda la ansiedad acumulada y las incomodidades pasadas.
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Conclusión:
Río Pico es un destino excepcional para pescarlo. Sus lagos y sus
ríos ofrecen diferentes estilos de pesca y es opción de cada pescador encontrar
o deducir cual es el mejor. Nosotros pescamos una sola tarde este afluente al
que llamamos “los quietos del Pico”, quisimos hacerlo al otro día, pero las
inclemencias del tiempo no lo permitieron. Mientras las condiciones fueron más o
menos buenas pescamos muy bien con equipos livianos y secas chicas. Por nuestra
experiencia anterior podemos afirmar que también toman secas grandes, pero esta
vez ni las arrojamos al agua.
Si cuando vayan encuentran buen clima es muy
difícil fracasar en estos lugares. Quisimos flotar el Lago Tres pero no se
dieron las circunstancias para poder hacerlo, cuando lo hagamos, seguramente
escribiré sobre esta experiencia. Julio pescó un poco El Pampa, un arroyo
angosto y caudaloso, y obtuvo buenos piques en el rato que estuvo. El frío y el
cansancio nos impidieron seguir haciéndolo prometiéndonos volver al otro día,
cosa que no hicimos porque decidimos otro destino.
El clima es duro, casi
siempre. El viento es un compañero inevitable. Se que cuando este falta la pesca
es extraordinaria y los ambientes soñados. A nosotros nunca nos tocó, hasta
ahora, esa suerte. Lo que tiene la zona es que abunda en opciones con variedad
de estilo y modalidades de pesca.
Existe infraestructura para atenderlos y los
caminos, que en este viaje fueron condicionantes para irnos, son transitables si
no tienen quince días consecutivos de lluvia permanente. El clima no nos
sorprendió y estábamos preparados, simplemente, esta vez elegimos otra opción,
porque luego de tres días sabíamos que ningún ambiente estaría ideal para
pescarlo después de tanto mal tiempo.
Servicios:
Dirección de Turismo de Río Pico
Cabañas Municipales frente al lago Tres.
Camas cuchetas, excelentes colchones, agua caliente, hogar a leña y salamandra
para calefaccionar el baño. Cocina, Heladera y Calefón nuevos. Canillas
deficientes pero que prestan la utilidad esencial. Acogedoras y con la mejor
vista. A pasos del lago. Atención incondicional cargada de afecto y buen trato
en el lugar por el administrador encargado. El “Vasco” Quito
Reservas: Dirección de Turismo de Río Pico
Sra. Esther. 02945-492114
Cabañas “Los Toldos”
Ofrecen comodidades mas completas y un
excelente servicio, además poseen una proveeduría permanente. Están antes del
predio municipal, más o menos, a 1000 metros del lago.
Reservas: Mario García o Magdalena
02945-15692963
02945-15412751
Guía: Walter “Pelado”Ruiz
Hay que verlo en acción.
tpolibre@hotmail.com
02945-450815
02944-15487657
Saludos
Patricia Carzoglio