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Fontinalis en el Espejo

Un lago que está a pasos de Villa La Angostura y nunca me ha dejado ir sin el privilegio de pescar una trucha.

Villa La Angostura - Neuquén - Argentina

Por: Enrique Gómez

Cuando cada año visitamos Villa la Angostura a principio de temporada, una visita al lago Espejo es una necesidad que Julio y yo compartimos y nunca dejamos cumplir.
 
Es un lugar bellísimo y generoso para la pesca de truchas fontinalis.
 
Sus aguas oscuras y transparentes chocan con la intensidad de un bosque natural impenetrable. Una pared vegetal escala los cerros que lo rodean.

Los principales son el Cuerno y el Campana. Ambos ofrecen su nombre a  dos de los arroyos que alimentan al lago. Al arroyo Campana se lo ve, al sur, volcar su agua en cascada formando un tajo en la piedra negra y verde del cerro.  Cercano el Clou Clou Co también nutre con su caudal esa margen de lago.

La belleza del entorno

Los árboles se extienden en la orilla y ascienden la falda de los cerros formando un farallón telúrico y vegetal que no se interrumpe hasta las cumbres o el cielo.

Aguas puras bajan de los cerros y aportan junto al sol, en su recorrido de este a oeste, al nombre que lo identifica.

Cuando el viento se detiene o lo detienen los montes, el agua es un espejo gigante.

La pesca no tiene poesía en si misma, pero sí, está contenida en algunos lugares donde se la practica. Este lago es uno de ellos.

Aguas oscuras de suaves rizos se aquietan en bahías de amplios contornos con playas mínimas. Una maravillosa transparencia descubre, transformada en troncos muertos y grises, la vida vegetal interrumpida. Alteraciones hermosas y quietas se muestran en el lecho cercano a las orillas.

La masa viva de los árboles, gigantes quietos de color verde oscuro se funden en el negro de las sombras que producen, señalan cumbres matizadas de roca y nieve. Las nubes que los acarician parecen el aliento frío del bosque, que espeso, sube para cubrirlas y competir con su belleza.

Cascadas, visibles e invisibles, son música que acompaña al paisaje cuando el motor detiene su ruido invasor. El marco de una salida de pesca en el Espejo, disminuye con su esencia, la extraña ansiedad que invade al iniciarla.
 
La entidad que El Espejo trasmite en toda su belleza nos envuelve y detiene en un lugar del que no nos dejará salir mientras estemos en el.
 
Cuidando a la naturaleza.

Para los pescadores, la jornada empieza en un pequeño espacio de camping cargado de sombra y con una playa de arena volcánica que permite fácilmente bajar las embarcaciones. A la izquierda, en una casa típica de líneas clásicas de la zona, vive el guarda-parque del lago Un joven descendiente de armenios, macizo, de cara redonda barbada y ojos claros y afectivos.

Su campera verde de Parques nacionales parece integrarlo al ambiente cuando amablemente nos pide los permisos de pesca. No tengo muy claro porque me siento feliz cuando en santuarios como este me solicitan el permiso de pesca. Quizás me parezca que lo están cuidando para mi nieta o para sus hijos, o con mi lado más egoísta, para mi y mis amigos antes de mi muerte.

Limitación a los motores fuera de borda

Hugo Gallo me dio la oportunidad de volver al lago ya que no podríamos entrar porque nuestra embarcación está provista de un motor de dos tiempos y desde este año solo se puede navegar con motores de cuatro tiempos.

Misma acción con un mínimo de contaminación que para muchos será un inconveniente. Pronto, esta reglamentación que nos impide usar los equipos que tenemos, deberá sumarse a muchos otros lagos.

Lo que es mejor para todos, puede perjudicarnos a algunos.

Ojalá lo aceptemos convencidos por la grandeza del objetivo y podamos adaptarnos a la nueva modalidad de navegación.
Devolverle algo a la naturaleza, aunque nos provoque algunos inconvenientes, debemos tomarlo como una oportunidad de disminuir lo mucho que hemos hecho para alterarla o dañarla.

Hugo me pidió que hiciera esta nota y que Omar “Banana” Martínez nos llevara con uno de sus equipos de cuatro tiempos a pescar al Lago Espejo. Sin quererlo nació esta oportunidad de devolverle algo a un amigo y salir de pesca con otro que es una institución en esto de pescar con mosca.
Con Julio no somos de pescar con guías y no es exactamente por nuestra sabiduría porque somos bastante ignorantes, sino porque cada lugar que descubrimos por nuestro medios, y cada trucha que pescamos desde propias deducciones nos hace un poco más felices. Nuestra abstención de guías permite valorarlos mucho mas. Nos damos cuenta que ofrecer sabiduría en los sitios de pesca es otorgar al cliente un patrimonio muy costoso en tiempo y resultados.

En este caso “Banana” Martínez sería nuestro guía y podríamos una vez mas pescar en este lago tan bello y entrañable para nosotros.

Siempre un pescador

Un guía es aquel que nos enseña el camino, nos ofrece su experiencia de trabajo permanente, elige la mosca que es la mejor para el lugar e indica los lugares precisos donde arrojarla y tener esperanzas ciertas de resultado.
Por supuesto hay guías y guías, y no todos encajan en esta descripción.

Omar “Banana” Martínez tiene cuarenta y cinco años, pesca desde hace cuarenta, es pescador con mosca hace treinta y esta como guía de la zona desde el año 1990. Es un pescador valiente que se animó, por amor a la pesca, a transformarse en docente y guía, tratando de que todo ese servicio inigualable, además, sea el modo de vida para el y su familia.
Como siempre, empezó padeciendo la falta de clientes y de infraestructura, pero como estaba haciendo lo que mas quería hacer, capeó esos primeros años donde los veranos parecían cortos y los inviernos largos.
 
Sus primeras salidas eran a las provistas bocas del Bonito, del Rajintuco o de La Estacada. Un viejo jeep, fue su primer vehículo. En el año noventa y cuatro instaló un Fly Shop y lo transformó en el lugar de contención de todos los pescadores con mosca que llegábamos a Angostura.

Hoy tiene camionetas 4 x 4 y cuatro equipos con embarcaciones especiales para pescar con mosca. Botes y balsas para flotar todos los ríos de la Patagonia y una infraestructura que lo transforma en alguien que va cumpliendo con su objetivo y otorga un servicio excelente para pescadores nacionales y extranjeros.
Además del negocio donde cualquiera que lo atienda es un pescador experimentado tiene una sede de operaciones donde se encuentran las camionetas, las embarcaciones, las balsas y una oficina donde se coordinan y organizan las excursiones de pesca. Una cocina y un cocinero para preparar las viandas que cada guía lleva para atender a sus clientes.
Nosotros, esta vez, nos encargamos de llevar la comida. Chorizos, costillas y solomillo de cerdo para asar en el la Cabañita Piu Quen, antigua morada de un empleado de parques que controlaba las guias de madera que ese extraían de un aserradero al lado del Arroyo Ayuhín.

Se instaló a raíz de un incendio en la decada del 20. Está, lago por medio, frente al cerro Campana. “Banana” llevó el pan casero preparado, como a todos sus guías y clientes, por el cocinero de Patagonfly , un muy buen vino, las bebidas, el carbón, la vajilla y finas copas que cargaba en dos depósitos perfectamente organizados que existen en cada embarcación que sale a pescar.
La labor del guía

Llegamos con la mañana bien entrada y bajamos la embarcación sin dificultad, Una North Carolina con un motor de cuatro tiempos de 70 HP. Estaba nublado, frío y todo anunciaba que sufriríamos al clima que compartiría nuestra salida.

Navegábamos cruzando el lago y una espesa llovizna golpeaba sobre el parabrisas y nuestras camperas. “Banana” quiso, para evitar el viento frío que acompañaba a la lluvia, llevarnos a una bahía tranquila sobre la margen derecha del lago.

Un sendero de juncos ralos, que sobresalían del agua, indicaba la parte baja de la bahía.
 

Cuando este sendero se interrumpía hacia el lago el agua oscura advertía el lugar donde podríamos tener la oportunidad de lograr alguna trucha. Primero nos señalaba la zona de pesca y luego señalaba la forma del veril y las profundidades marcando los desniveles del lago.

Después de ese mapa, llevaba la embarcación con el motor eléctrico, dejándonos a tiro de mosca la iniciación del veril. Marcó con precisión cada lugar donde podríamos tener piques y mantuvo la embarcación de forma que ambos, Julio y yo, pudiéramos con nuestra torpe habilidad de primer salida del año arrojar la mosca donde realmente tuviéramos posibilidades.

Julio, quiso pescar con secas a pesar que el guía le indicaba que no era la época y el clima indicado para hacerlo. Estaba convencido que haría subir a alguna trucha.

Yo pesqué con shooting de hundimiento III, lo que retardaba mi tracción esperando su caída hacia el lecho. Un punto más hubiese sido mas favorable para la pesca de ese día en ese lugar. Siempre pesco con la mosca con la que he decidido empezar y puse una Woolly Worm naranja en lugar de hacerlo con una verde claro que me señalaba Omar.

Tuve un solo pique durante el primer recorrido y Julio ninguno. Como no soy necio, acepte la sugerencia y cambié la mosca por la que me indicó.

El resultado fueron dos truchas fontinalis adultas y gordas que, como siempre lo hacen, fueron un espectáculo luchando contra la implacable caña en el agua transparente del lago.

La lucha del pez siempre es conmovedora y cada movimiento de resistencia son cargas emotivas para el pescador. Las dos dieron todo lo que se esperaba de ellas. Cada vez que se arrimaban al copo luchaban imponiendo su fuerza a la flexibilidad de la caña buscando la profundidad. Esa danza la repitieron ambas. De pronto desaparecían en la profundidad forzando a darle línea con su esfuerzo o aparecían resistiendo con sus panzas blancas retorciéndose hacia la superficie, defendiéndose.

Es hermoso pescar en aguas transparentes porque se duplica el placer de pescar. No solo se intuye la lucha del pez sino que se la observa. El pescador se integra a todo el entorno con la carga emocional de la pesca.

Hubo un tercera que sacó Banana, en la única oportunidad que le pedimos que lo hiciera, porque como todos sabemos que el Guía no pesca, disfrutamos de su depurado estilo de lanzamiento y su eficiencia como pescador.

Julio tuvo que convencerse que ese día no estaba para pescar con secas.

Saludos
Enrique Gómez

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