Fecha |
Pesquero |
Ciudad |
Provincia |
20-09-2006 |
Esquina |
Esquina |
Corrientes |
"Buena pesca en los arroyos de Esquina"
Comodidades especiales y una pesca abundante y divertida en
la soledad de los arroyos lindantes al Arroyo Aguar en el Delta de Esquina
Por:
Enrique Gómez
Ir a pescar a Esquina es indicar un genérico a una salida de
pesca.
¿A donde vas? .... A Esquina Corrientes.
La respuesta es tan general que solo aquel que conoce la zona se da cuenta lo
que el interrogado va disfrutar, pero no tiene idea de donde va a realizar la
pesca.
El delta de Esquina es tan grande que es imposible indicar, salvo que uno sea un
pescador autónomo de la zona o un guía, donde ira a probar suerte o comprobar
certezas.
Muchos guías tienen zonas preferenciales. Algunos siempre toman para el sur. El
Ingá, Ingacito, el Espinillo y tantos otros nombres que son sonidos esperanzados
cuando uno habla con ellos. Otros eligen el norte. El Aguará, el Aguaracito, el
Pucú, el Toro, el Colmena y otros tantos riachos y arroyos afluentes del Paraná
que se multiplican en un laberíntico resultado telúrico que formó ese diagrama
de belleza y misterio.
Cargando bultos e ilusiones
El río Corriente pasa por delante de la ciudad de Esquina. Un canal ancho que se
abre exactamente frente al puerto. Es la puerta que comunica con el Río Paraná.
Una cómoda rampa para bajar las embarcaciones con los elementos que garantizan
una cuidadosa puesta en el agua, es el reflejo de la experiencia de años
recibiendo turistas y guías a diario. Sobre ella en una extensa rampa descansan
los trailers y vehículos que esperarán el regreso de los pescadores.
Un asfalto sinuoso poblado de lapachos, el río, las embarcaciones y el espíritu
nervioso que se trasmite a través de la ansiedad de los pescadores, muestran una
escena cargada de movimiento y de belleza.
La embarcación de nuestro traslado es bajada con movimientos conocidos y
precisos. Es una Granjean de mas de siete metros de eslora y pasa los dos metros
de manga. Una amplia cabina garantiza una navegación sin viento y sin agua,
además de la sombra que se hará necesaria cuando realmente estemos pescando.
Completa el equipo un motor de Suzuki de 4 tiempos de 70 HP. Es blanca y azul
con un interior cargado de estancos para cargar y ocultar todas las cajas y
bolsos que los pescadores traemos por las dudas. En sus bandas asoman impecables
cañeros de acero inoxidable que contendrán, luego las herramientas listas para
la pesca. Cargaron Bidones de nafta, provisiones, todos nuestros bultos y las
cuatro o cinco cañas que llevamos cada uno de nosotros para destacar nuestra
inseguridad.
El trayecto hasta la Estancia La Brava
Navegamos cuando la noche nos invadía. Las figuras
borrosas del puerto y la iglesia eran las siluetas que parecían observarnos, los
lapachos solo sombras grises fundidas en pequeñas manchas rosas iban
transformándose. El río tan bajo, hizo que la navegación tardara mucho más que
con aguas normales o crecidas. Salimos hacia el Paraná tomamos la boca del
Aguará y luego nos abrimos del camino habitual por intransitable. El trayecto se
realizó siguiendo las sombras deformadas de la fronda de las costas, esquivando
bancos que emergían sigilosos y observando atentos la poca luz que se le escapa
a la noche en el brillo del río y en la espuma de la estela del motor.
Luciérnagas desparramadas danzaban su ritual nocturno y fueron compañía todo el
viaje.
Emergiendo de la oscuridad cerrada, apareció como un milagro el casco del la
Estancia La Brava. Primero solo fue un semicírculo de luz que se veía detrás de
las islas, luego se divisó claramente el muelle en seco y la casa iluminada. Un
molino se dejaba acariciar por la llegada lejana de las luces y el muelle de
madera se cortaba perpendicular e inútil por que quedaba en el aire sin que la
embarcación pudiera utilizarlo para su descarga.
Sorpresa por las instalaciones
Un cuatriciclo con un trailer cargó nuestros bultos en la
misma playa, mientras nosotros caminábamos hacia la casa. Los gigantescos sapos,
accionistas sin costo del lugar, vigilaban debajo de las lámparas la intrusión
de algún cascarudo distraído. Pasamos una galería que nos ofrecería sombra y
cobijo en el día. Entramos al interior de la casa. Nos recibió María, una señora
que nos atendería durante los dos días que estaríamos. Su cara franca llena de
sonrisa nos garantizaba que seríamos atendidos como su familia. El ambiente al
entrar es un Living comedor. A la derecha una estufa de estilo colonial, una
repisa, un televisor encendido, un revistero con solo revistas de pesca de todo
el mundo, un juego de sillones y una mesa ratona. A la izquierda, dos mesas de
mantel oscuro y seis sillas en cada una. Siguiendo llegamos a la cocina. Cálida,
moderna y profesional, enfrentado a ella, un pasillo que contenía un freezer
gigante que asegura alimento y bebida fría por el tiempo que se quiera pasar.
Los dormitorios, uno en suite y el otro con el baño finalizando el pasillo,
pueden alojar a mas o menos doce personas, con servicio gastronómico, agua
caliente, luz eléctrica y las comodidades a las que estamos acostumbrados a
tener en la ciudad, con la sola diferencia que estamos envueltos de silencio en
el medio del Delta correntino. Algo único, inimaginable y al alcance del
pescador.
Fuerte viento norte
La mañana mostró la zona con todo su esplendor. El Sol, ya
alto, hacía brillar la arena de los bancos descubiertos. El agua rizada por un
viento norte, fuerte y molesto, los destacaba. Un desayuno de dulces y Pan
casero fue la primera satisfacción del día. Cargamos la lancha y salimos a
pescar. Julio Rossotti, quien por el viento norte desistiría del uso de las
cañas de mosca, eligió con éxito el uso de un equipo de spinning, David y Atilio
- asociados ejecutivos del proyecto - pescarían todo el día con nosotros
cuidándonos y atendiéndonos, y Luis Ramírez, un guía parco, de tez oscura y
rostro enjuto pero con una sonrisa silenciosa que alegraba verla. Navegamos por
los riachos, viendo el cambio que en los últimos años el ganado de los exóticos
búfalos dejó en las islas. Otrora de fronda verde por arriba y por abajo, con
árboles, arbustos, cañizo y camalotes y hoy todo aplastado, seco, con la huella
de sus pezuñas entrando y saliendo de las islas, secando y comiéndose todo lo
verde que encuentran. Uno se acostumbra porque la belleza de ese paraíso se
defiende a si misma. Se destaca el árbol, el búfalo pasa a ser parte del
paisaje, el río muestra claramente sus curvas y correderas y a las playas que
impiden a veces poder navegar rápidamente. Todo hace a un espectáculo en si
mismo.
Un surubí en spinning
Paramos en menos de quince minutos en un veril prolongado
de la costa oeste de uno de los tantos riachos, algunos tomaron sus carnadas y
ceremoniosamente las colocaron en los anzuelos, Julio se bajó y entro a caminar
la costa hacia el sur. Preparé una caña ocho con una línea FS y un final corto.
Con ella pesqué durante los dos días y fue lo que creí de mejor uso y la que se
adaptaba a las condiciones del río. Donde pescáramos teníamos siempre una parte
baja entes de llegar al veril donde intuíamos los Dorados.
En la distancia, en el medio de la curva de la Bahía, Julio clava y se nota su
caña muy exigida. Mis lanzamientos fracasaban por el fuerte viento cruzado de
frente, por lo que tomé mi cámara y salí a disfrutar del resultado de la faena
de Julio. Un Surubí, lo había hecho caminar cerca de 100 metros antes de
rendirse y cuando al fin pudo sacarlo, la satisfacción de la primer pieza tan
calificada, nos alegró la mañana. Esquina y Setiembre son una excelente
combinación para buscar surubíes, pero encontrar la pesca tan rápido nos hizo
pensar que esto se repetiría fácilmente. Como siempre un error. No volvimos a
ver uno fuera del agua. Hasta allí, la carnada logró algunas palometas pero no
habíamos visto ningún dorado.
Piques y Doradillos
Una entrada de agua de no más de treinta metros, repartía
su corriente por ese trayecto formando una laguna y continuando el riacho que la
formaba hacía una curva que se perdía en un camalotal. Un lugar ideal para
pescar dorados de todas las maneras. Salieron tres dignos de mencionarse. Sus
saltos y los gritos que acompañan la alegría de su pique nos metieron en el
paisaje como protagonistas especiales. Atilio con carnada y David con una
mojarra Alfer chica habían sido quienes tuvieron la suerte de clavarlos. La
mojarra Alfer de color gris azul y algún destello naranja fue extraordinaria en
los resultados de los dos días de pesca. Ella sola debe haber tenido más treinta
o cuarenta ataques y no menos de doce o quince dorados. Apenas la superó la
carnada.
Ranchada, almuerzo y pájaros
Terminamos la pesca de la mañana en ese lugar y decidimos
repararnos del viento y del sol en una ranchada previamente vista y preparada
para nuestro almuerzo y descanso. No pongo el nombre de los arroyos porque los
guías los bautizaron de diferente manera y además creo que no es importante ante
nuestra ignorancia y dependencia en la navegación y elección de esos lugares.
Los árboles nos daban sombra, las raíces emergiendo limites, la tierra alisada
piso para poder armar la mesa y colocar nuestras sillas y una pequeña depresión
donde se armó el fuego para freír, a la correntina, unas palometas que Ramírez
limpió y cortó con presteza y precisión. Comimos disfrutando de la sombra, del
canto de los pájaros, del rumor del río, del roce de los camalotes detenidos
mientras unas cervezas frías y un malbec nos ayudaban a disfrutar de cada cosa
que nos rodeaba. Cardenales, cardenalinas, zorzales, tordos y otros pájaros nos
hicieron compañía durante todo el tiempo que nos detuvimos allí. Eso solo
señalaba que el resultado de la pesca solo es una consecuencia, especialmente
para nosotros, que no estamos acostumbrados a recibir estos acontecimientos
cotidianos de la naturaleza.
A pesar del viento
Por la tarde, el viento norte seguía molestando. A pesar
de ese viento cargoso había tenido dos piques y uno de ellos me había ofrecido
un par de saltos antes de marcharse. Cuando el sol comenzaba a declinar o
empezamos a notarlo, el viento, sin dejar de soplar amainó lo suficiente como
para empecinarme a seguir castigando a mi cansado brazo. Pero si el viento es
tozudo, yo iba por lo menos a empatarlo. Atracaron la lancha en un arroyo donde
doblaba el caudal con fuerza y desde allí las cañas pescaban cómodamente. Me
bajé, no sin cruzarme y rasgarme la piel para bajar, y seguir con mi insistente
búsqueda. Me ubiqué afuera del veril donde una laguna había mostrado doradillos
cazando. Abaniqué el lugar con mis lanzamientos y un par de piques me
incentivaron a continuar, pero mi cansancio era notorio. David que se sentó
cerca de mí, cuando le propuse irnos, me incitó a que hiciera algún lance más.
Después nos vamos: Dijo.
Tuve mi pique y saqué mi doradito. Terminaba el día y por el placer de haberlo
logrado, parecía que había estado sacando dorados desde la mañana. Tuve muchos
piques. Calculo diez o doce, dos veces se prendieron casi hasta la captura pero
solo pude sacar uno a pesar de no haber cejado en mi intento desde la mañana y
estaba satisfecho.
Cena y nostalgia
Volvimos casi de noche. Un baño caliente, una picada, unos
tragos y todo lo que teníamos para contarnos hicieron que nuestro cansancio
desapareciera por lo menos hasta el final de la cena. Unos tallarines caseros
con estofado de pollo que María preparó para nosotros fueron el plato principal
que comimos cono náufragos. Sobremesa prolongada cargada de nostalgia del
Esquina que habíamos visto y pescado hace treinta años y que no pudimos dejar de
compararlo.
Intenso viento del sur
Al otro día amaneció algo nublado y ahora con un incesante
y poderoso viento sur. Otra vez la pesca con mosca se vería imposibilitada, pero
no por eso, no insistiríamos. Antes de salir, por comentarios de la cena y dos
tarariras inmensas en el frezzer fuimos a ver tres lagunas que se encuentran a
escasos trescientos metros de la Estancia. Extraordinarias. Con solo la pesca
que se puede lograr allí se justifica que los pescadores visitemos la
Estancia
La Brava. Un par de zapatillas para ensuciar, los equipos de mosca y spinning, y
a buscar alguna de esas tarariras que vimos en el frezzer y que notamos esa
mañana en los movimientos del agua. No voy a decir que no fui tentado a
quedarme, pero las piezas del río pudieron más con mi vanidad. Salimos con
Horacio González, otro guía, joven y seguro. No le tocó el mejor día para
demostrarnos sus conocimientos pero logró que la pesca no defraudara.
Rumbos nuevos con buena pesca
Cambiamos totalmente el rumbo, salvo al fin del día, que
volvimos a esa maravillosa caída de agua que tanto resultado nos había dejado la
otra mañana. Al salir mas tarde por investigar las lagunas, el mediodía se
apresuró para nosotros. Esta vez la pesca se centró en David, poseedor casual de
la mojarra Alfer, y Atilio, quien variaba de equipos con buenos resultados.
Pescar con mosca fue bastante luchado pero dio muchos piques y ninguna pieza.
Julio, quien había decidido solo pescar este día en esa modalidad se lamentó no
haber traído sus equipos de spinning y yo, continué con mi búsqueda,
divirtiéndome con mis moscas y con el esmero en sacar en cada lance algo mas
línea. David, fue el mas exitoso, el mas tesonero, el que cuando llegábamos a
algún lugar se tiraba de la embarcación y quería llegar primero que los demás a
lo que el creía que era el mejor lugar. Su práctica le dio la razón. Con carnada
o señuelos traía palometas y doraditos en cada parada.
Una lección más
Además de dos o tres dorados que tomaron mi mosca y que
alimentaron mi adrenalina, se sumó un pique por demás extraño. En mi tracción de
la mosca tuve un pique que sin levantar agua tomó para el lado de la playa sin
que mi caña lo pudiera contener. Luego se plantó y era imposible levantarlo o
volver a moverlo. Raya, dijo el guía, raya dijo Atilio y todos los movimientos
me convencieron que lo que tuve fue una raya. No tuve la paciencia para esperar
que se moviera ni quise que nadie con remos o cañas la obligara. Luego de un
rato, comencé a hacer pumping con la caña y al final la mosca saltó por el aire
indicando mi falta de paciencia. Podría haber esperado porque sabía que tenía al
pez y la pesca, para ser exitosa en cualquier modalidad, necesita de la captura.
De esta manera el pez, en buena hora, había ganado y me había demostrado que yo,
como pescador fui ansioso y apresurado.
Una visita excepcional
Al atracar en una de las últimas paradas del día vimos una
serpiente acuática muy común en la Provincia de Corrientes. Un pichón de
“Curiyú” – nombre con que se la conoce – se desplazaba sigiloso por la maleza
justo delante nuestro. Personalmente tardé en verla a pesar que me la señalaban
con insistencia. Veía el temblor de la maleza pero por los colores amarillo
verdoso y negro del cuerpo se me dificultaba distinguirla. La “Curiyú”, un
reptil inofensivo para el hombre, alcanza hasta siete metros de largo y es muy
perseguida por lo valioso de su piel. Fue emocionante verla en su habitat
natural. La molestamos solo por estirar un poco nuestra relación con ella. Luego
de disfrutar de su belleza, la dejamos en libertad, mirándola embelesados reptar
y nadar por la orilla hasta que se perdió de vista. Por su timidez y la
mimetización con que su piel se confunde con la maleza de la orilla es muy raro
poder verlas. Creo que todos fuimos conmovidos por el encuentro.
Y llegó el final
David, Horacio y Atilio sacaron muchos doradillos y
palometas. Julio y yo, a pesar de haber tenido piques no pudimos sacar del agua,
ese día, a las piezas que los provocaron. El viento esta vez estuvo del lado de
los buenos. De no haber sido así, con la ventaja que tuvieron este día los
señuelos con respecto a la carnada, hubiéramos tenido mas éxito en los
resultados comparativos de las modalidades de pesca. Cerramos el día, todos
insistiendo en lo mismo. Las aguas buscaban su negrura, el perímetro de los
árboles se hacía nítido por el sol dándole su última luz, las sombra de las
barrancas se estiraban en la boca y en cada lance se notaba nuestro cansancio.
Nuestro entusiasmo se transformaba en admiración viendo caer el sol sin mostrar
sus rayos. Una esfera naranja, algo temblorosa por la bruma del atardecer, nos
brindaba, una vez más, su espectáculo siempre inefable y sorprendente.
Embarcamos y mientras la noche mostraba su lucha diaria por oscurecer tanta
belleza, emprendimos el regreso final a la
Estancia La Brava. Sin hablar, solo
mirando satisfechos y agradecidos al paisaje que nos había permitido
pertenecerle, escuchábamos el sordo motor de cuatro tiempos y veíamos las
estelas que balanceaban las costas de carrizos y hacían llegar, mas lejos,
suaves olas de despedida.
Conclusión.
Una salida a la Estancia La Brava es garantía de placer
lúdico, de buena gastronomía, de silencio y de estar, no llegar cada vez, en el
lugar de pesca. Una isla del estero que ofrece todo lo que la naturaleza tiene
en ese lugar con el agregado de una casa que lo aloja y lo contiene. Dos
anfitriones preocupados, una cocinera afectiva y atenta, cenas inolvidables y un
casco que, increíblemente en esa lujuria salvaje, ofrece alojamiento, agua
caliente y luz para disfrutarlo. Embarcaciones de las mejores, grandes pero de
poco calado como para pasar épocas tan aciagas como la que está pasando el río
en este momento. Motores nuevos que garantizan seguridad. Guías que conocen la
embarcación, el río y las paradas de pesca y esparcimiento sin dudas. El delta
ofrece allí lo más cruzado de sus laberintos, la belleza brutal de la bajante y
el barro seco y cuarteado de la sequía.
La pesca fue muy buena. Más de cincuenta
piques por día y no menos de quince dorados capturados y devueltos. Las
palometas molestaron pero dado a los equipos que hoy exige Esquina ya son piezas
divertidas, tuvimos la suerte de un surubí en spinning y más de la mitad de los
dorados fueron capturados en esta modalidad. Para los mosqueros, es una
posibilidad extraordinaria, especialmente ahora con la falta de agua en todos
los afluentes. Este delta ofrece oportunidades en cada lugar. El veril, las
caída de caudal, las laguna que se forman entre canal y canal de desagüe, las
barrancas y las costas de vegetación aplastada de piso seco que permiten castear
cómodamente y hasta exigirse en la distancia.
La pesca con señuelos es una consecuencia de la bajante, el agua corre menos las
vibraciones son mejor percibidas, los de lengua de profundidad y media agua
fueron los ideales. Con carnada, en este caso morena, los resultados fueron muy
buenos.
Los equipos de mosca que usamos fueron #8 con líneas de torpedo de profundidad,
vimos posibilidades de líneas de flotes con lideres lastrados pero no los
usamos. Pueden llevarse equipos mas livianos si pueden arrojar las moscas
elegidas, ninguna pieza de las que se sacaron superó los cinco kilos. Los
lideres cortos, como es costumbre con terminación del 0,30 mm y un lider de 15
libras de acero forrado. De las moscas, por estos días de tanto viento, no
podemos hablar con propiedad. Empezamos usando algunas de mucho volumen y
terminamos con las que menos resistencia pudieron ofrecer. Del color podemos
sostener que ambos tuvimos más piques con moscas oscuras: Negro y naranja, Negro
y brillo dorado, negro y amarillo. La pesca, como cualquier pescador sabe, no se
puede asegurar pero esta zona ofrece muchas y variadas oportunidades además, no
hay que olvidarse de las lagunas que no pudimos investigar y que están a escasos
metros de la casa.
Estancia La Brava.
Frente al Arroyo Aguará a 40 minutos del Puerto de
Esquina.
Comodidades:
Seiscientos noventa hectáreas con tres lagunas incorporadas. Dos habitaciones.
Una con baño en suite (hasta
seis personas)
Otra con baño externo (hasta ocho personas).
Cocina, servicio
profesional de gastronomía, Living, luz eléctrica por generador, Direct TV,
calefacción a leña, comedor y galería externa.
Informes y reservas:
Atilio Luque: 02293-15615703 E-mail: atilioluque@hotmail.com
David González: 0291-154381257 E-mail:
davidgonzalez7000@hotmail.com
Miriam Herrera: 0377- 15471214 ó 15471297
Guías: Luis Ramírez y Horacio Sánchez.
Embarcaciones:
La Dama de Blanco. Grandjean de 7,20 de eslora con cabina. Motor: Suzuki 70 Hp
La Brava I: Grandjean de 7,20 de eslora con cabina. Motor: Yamaha 90 Hp
La Brava II: Grandjean de 7,20 de eslora con cabina. Motor: Suzuki 70 Hp
Servicios:
Traslado y regreso desde el Puerto de Esquina a Estancia La Brava. Alojamiento,
desayuno, vianda y cena. Embarcación con guía, cincuenta litros de nafta y
carnada (cinco docenas de morenas).
Tarifa base: $ 210 por pax
Tarifa full: $ 350 por pax (Sin límites de combustible y canilla libre durante la
estadía)
Estos precios no incluyen el permiso de pesca de la Provincia de Corrientes ($
24 por pescador)
Saludos
Enrique Gómez
N de la R: El inicio de la veda en la
Provincia de Corrientes se postergó hasta el 10 de Noviembre, será desde el 11
de Noviembre hasta el 31 de Diciembre inclusive.

