Hola, hay dos malas noticias,

Una es que falleció el "Hippy"  Santelli, conocido por casi todos los pescadores, la luchó todo lo que pudo pero no logró vencer a la enfermedad,  muchos pescadores lo echaremos de menos, nuestro pésame a sus seres queridos.

La otra mala noticia pueden leerla en los siguientes vínculos

http://www.periodicotribuna.com.ar/articulo.asp?Articulo=1708

http://www.lanacion.com.ar/economia/nota.asp?nota_id=736103

Muchachos, si no nos ponemos las pilas TODOS, busquemos otro deporte, estos corruptos funcionarios nos van a dejar sin nada.

RELEVAMIENTO DE PESCANET
Fecha Pesquero Zona
08-09-2005 Mar del Plata Pcia. de Bs. As.

En el mar el clima ordena

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Por: Enrique Gómez


Un duro día de pesca en Mar del Plata desde donde la naturaleza, en un entorno sobrecogedor, nos mostró su rigor y belleza.

Si uno puede mantener ciertas garantías en los resultados de la pesca, ese lugar es el mar pescando embarcado. Uno sabe que se interna hasta el lugar en que el capitán del barco lo detiene y solo basta arrojar la línea al agua para que los besugos, meros, chernias, salmones, pez palo y castañetas empiecen a flamear en la las líneas.
Pero con toda esas garantías que ofrece la generosidad del mar, también existe el fracaso, que como la seguridad de una buena pesca también, es infalible.

Malos pronósticos
El sábado 20, amaneció con 15º de temperatura. El sol apenas iluminaba. Se lo impedían algunas nubes que desde temprano fueron invadiendo el cielo. Los pronósticos eran: desmejorando hacia a la noche y probabilidades de lluvias para el domingo. El domingo pescaríamos en Mar del Plata y el mal tiempo altera la pesca en el mar . Avanzaba el sábado, el teléfono no sonaba para anular la salida. A las 00 hs del 21 me pasaron a buscar puntualmente. La noche estaba negra. El cielo se partía como un espejo con las luces de los relámpagos, largos y brillantes del lado del NE. Algunas gotas ya indicaban que esas probabilidades de precipitaciones eran una realidad.
El entusiasmo, las ganas, la inercia de la espera empuja a los pescadores. Hace que la esperanza de que todo cambie, que la lluvia desaparezca, que el mar sea una masa verde iluminada y que el resultado de la pesca sea inolvidable, se agiganta, aún cuando las evidencias por lo inverso sea incontrastable.

La esperanza sobre la razón
Paramos en el Minotauro, una fría parada de micros que existe en la ruta 2 a la altura de Castelli. Ya no llovía. Las estrellas estaban escondidas y un viento persistente soplaba entre la tristeza que ese parador ofrece por la noche.
- No importa la lluvia lo que molesta es el viento. Dijo uno de los discriminados que debe esperar momentos como esos para poder fumar.
Con este viento podemos salir sin problemas. Dijo otro en la misma situación.
No me mareo nunca y el Fortuna II es un barco hermoso para pescar. Afirmó un tercero que descartaba cualquier posibilidad de no salir a pescar.
Mirá, si no me llamaron es porque tienen los datos de prefectura para poder salir sin problemas. Si fuera a la inversa siempre me llaman por teléfono y no me dejan salir de Buenos Aires. Dijo Manolo
García, el organizador de la excursión
Esas palabras fueron música para los oídos de todos lo que no queríamos oír otra cosa.

En la Banquina
Llegamos puntuales, después de un viaje prolijo. Entramos al Café que desde hace años nos espera para desayunar antes de arrimarnos a la banquina para abordar al barco de los hermanos Di Yorio. Un buen desayuno abre el entusiasmo a empezar un nuevo día. Y si es de pesca mucho mas. El amanecer mostraba una capa gris uniforme y oscura. El viento soplaba firme pero en la ciudad eso apenas se notaba. Nos trasladamos al puerto. El barco aún no había arribado. Todos con sus heladeras, bolsos y cañas vestidos con los variados colores de los trajes de agua esperábamos que el Fortuna II llegara. Mientras lo hacíamos unos lobos marinos, molestados por nuestra presencia, emitían eructos atronadores para que los dejáramos terminar su sueño. Alguien se arrimó demasiado para sacarse una foto y un lobo con su andar lisiado lo amenazó, imponente, para que desapareciera lo antes posible. El barco llegó enseguida. Dentro del puerto y ascendiendo nada indicaba el mal día que el tiempo nos deparaba.



Embarcamos
Con el cuidado de los marineros fuimos ascendiendo y ocupando posiciones en la cubierta. Esta vez Manolo llamaba por listado, y sin manifestarlo, hacía ocupar los mejores lugares en forma justa evitando que los mas “vivos” los invadan usando mañas y conocimientos de otros viajes. La popa se ocupó primero, y las bandas desde la popa hacia adelante, se completaron ordenadamente. La experiencia de Manolo una vez mas había sido sencilla y eficiente. Cada uno paró su caña en el cañero que indicaba su lugar y algunos ya se quedaron delante de ellas preparando sus líneas. Después de despegar el barco de la banquina en una suelta de amarras y cabos llena de movimientos precisos, avanzamos hacia el mar abierto con la escollera norte a nuestra derecha. A medida que no arrimábamos hacia la boca que ofrecen las dos escolleras, cualquier esperanza de un día apacible y divertido empezaba a diluirse a la misma velocidad del barco.


El mal tiempo no perdona
Nuestra intrusión al mal tiempo fue castigada impiadosamente. El barco avanzaba dentro de una esfera de agua que empezó a caer con la intensidad justa como para molestar y hacer que la mayoría de los navegantes nos refugiáramos en la cabina central barco que tuvo capacidad para contenernos a todos. Solo algunos, disfrutaban con placer torturante el frío, el movimiento y la lluvia por estar mas cerca de esa visión cósmica del mar alterado rodeado de una esfera blanca de agua y humedad que ocultaba el cielo y el horizonte. Hasta ese momento nadie acusaba el impacto de tan mal tiempo.
La primer parada fue frustrante, Apenas  vimos un salmoncito, un par de pequeños meros claros, ningún besugo y la agradable sorpresa de una imponente palometa. Su sola presencia fue el dato de que el mar estaba muy raro y que el mal tiempo jugaría en nuestra contra. Esta primer parada dejó al 20 % de los pasajeros pálidos como una tiza que tambaleando se arrojaban a los asientos interiores previa visita, los que pudieron, a la borda para vomitar. Personalmente resistí esa primer parada, pero no la segunda. Mi estómago me apretaba del lado del hígado y me señalaba que lo que había desayunado había sido un error. Todo el cuerpo se atonta y lo que uno siente es ese estado atroz de nausea y mareo que anula hasta la inteligencia. Me sumé al grupo y golpeando en todo lo que estaba adelante llegue a sentarme y apoyar mi cabeza, pesada y dolida, sobre un salvavidas que sirvió de almohada mientras sentía el bamboleo intolerable del barco. Debo haber pasado una o dos horas sufriendo ese estado con mis pensamientos embotados. El Barco había arrancado nuevamente y luego de una larga navegación volvió a parar. Me sentía mejor. Por las ventanas castigadas por la lluvia vi a uno de los pescadores que subía un doblete de besugos. Volví como un rayo a mi posición de pescador sacrificado y logré, en esa última hora, una docena de besugos que justificaron mi esfuerzo. Al rato, estaba otra vez buscando mi salvavidas y respirando hondo para evitar las contracciones de mi estomago castigado.



Un regreso anticipado
Luego de un rato los que estábamos pasando esa terrible malestar éramos muchos y los que estaban pescando se sobreponían a los tumbos y golpes por el impulso repetido de sacar del anzuelo a un besugo tras otro. El viento había aumentado, la pesca de besugos era abundantes y los enfermos se sumaban unos tras otros. El Capitán, joven marinero, con su hermano un piloto sabio, se apiadaron y luego de consultarlo a Manolo emprendieron el regreso. Volvíamos y con ello la esperanza de sentirnos bien, de asentarnos en un piso que no se moviera, de tener la posibilidad de ver al horizonte quieto, protegernos del frío y el agua. Llegamos con mas alegría que cuando nos embarcamos. Nos esperaba una comida en Chichillo que es parte de la Excursión. Mi descompostura hacía dudar el poder disfrutarla. Apenas un cuarto de hora después, el hambre me torturaba de la misma forma que hacía un rato lo había hecho la nausea.

Reflexión del día de pesca
Fue un mal día. Creo que podía haberse evitado. Supongo que al no avisarle a Manolo en Buenos Aires para que no fuera a Mar del Plata, los responsables de la jornada de pesca, apoyados en su experiencia decidieron sacarnos a pescar. El resultado de esa decisión fue una tortura para muchos, una frustración para otros y un día inolvidable para todos. No hubo nadie lastimado a pesar de que el vidrio de una puerta fue atropellado y roto en mil pedazos. Los tumbos en el traslado de un lado a otro no trajo, por fortuna, consecuencias graves. La última hora de pesca con abundancia de besugos, la figura blanca y luchadora de la palometa sorprendiéndonos y una Chernia sicótica que se había suicidado, no terminó de conformarnos, pero el mar una vez mas no nos había abandonado. La visión de esa inmensidad desquiciada, con olas rotas en el medio del océano que aparecían en forma de espuma blanca sobre constante verde opaco, un par de delfines juguetones e indiferentes a la tormenta, los albatros que aparecían de la niebla difusa de la espuma como duendes temerosos y la lluvia, fueron imágenes que hacen que los que vivimos este aciago día de pesca sea algo distinto que tendremos en el recuerdo.


No confundirse
Para que esto no altere, ni asuste a quien lea esta nota, pescar en el mar es éxito casi seguro. Ir con Manolo García es garantía de que todo se hará como lo prometió. Es un hombre de bien y con experiencia de años en la organización de estas excursiones. Los Hermanos Di Yorio son responsables y conocedores de lo que hacen aunque en este relato se pueda deducir lo contrario. Nadie está exento de cometer un error por cumplir con su palabra. Para mi gusto no deberían habernos dejado embarcar, pero en el puerto estábamos todos con nuestra ansiedad a cuesta y ninguno de los que estábamos allí les sugerimos no salir o les indicamos, en medio del temporal, que sería mejor volvernos.
Los datos que me llevaron a ir a Mar del Plata fueron porque la pesca embarcado estaba extraordinaria. Además muchos lo confirmaron. Manolo con la excursión del sábado anterior hablaba de dobletes de meros de 4 y 5 Kg y contó que un japonés, que pescaba con una línea de 6 anzuelos, había logrado sacar - imagino que con un malacate - seis meros juntos. Por eso, aclaro que en muchos años de pescar en el mar, nunca había vivido una experiencia como la de este viaje y conociendo a los responsables de estas salidas puedo señalar que aquellos que quieren pescar mucho y variado, no dejen de embarcarse con ellos.
Un día malo de pesca nos hace bien a los pescadores.

Nota de la Redacción: Por el mal tiempo las fotografías son de pobre calidad. Se sacaron como se pudo por la descompostura física de Enrique y el cuidado que se debe tener con las cámaras digitales en días de lluvia permanente.



Servicios:

"Manolo Excursiones"

Segurola Nº 2807- Ciudad de Buenos Aires.

Excursión a Mar del Plata:
(Pasaje en Bus, cena lunch en el viaje de
ida, desayuno, navegación,
carnada y jornada de pesca en el Fortuna II,
cena tenedor libre en “Chichillo” y regreso)

$ 160 por pescador

Informes: Manolo García 4639-2740
 

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