RELEVAMIENTO DE PESCANET
Fecha Pesquero Zona
02-12-05 Bahía Manzano Pcia. de Neuquén

Una apertura con mal tiempo

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Por: Enrique Gómez

¿Pescar es pescar cuando no hay capturas?

Por lo general con Hugo Gallo mantenemos un diálogo que nutre nuestra relación y ambos buscamos ayudar desde la información precisa y veraz a nuestros lectores en la pesca. Ambos creemos que la defensa de la verdad es importante para mantener vigente los espacios que nos ofrece la naturaleza, las especies que vamos a buscar y la infraestructura comercial que se nutre de esta consecuencia.
Es casi imposible encontrar en los medios escritos algo que ayude a hacer entender que pescar no es fácil y que la defensa del medio ambiente es una obligación. Las fotos con grandes piezas seguidas de notas que alientan a ir buscarlas confunden al pescador deportivo desconocedor de los ambientes y las técnicas necesarias. Sostenemos que la veracidad en la información ayuda a que se entienda que la pesca no tiene nada que ver con el éxito en las capturas sino con todo lo que encierra, aún en el fracaso.
Informar, educar y construir deben ser los argumentos que disminuyan las iniquidades normales que cotidianamente se hacen con el mar, los ríos, lagos y lagunas. Por eso defiendo la postura de Pescanet como un medio que va en pos de la quimera de cuidar al planeta aún sabiendo que muchos no entenderán o que la mayoría se harán los distraídos.
Veracidad, capacidad de entender lo que pasa y comprender que la pesca no es lograr capturas sino descubrir que es una consecuencia que nos divierte y moviliza.
Nos esforzamos por encontrar la forma de poder manifestarlo.


...disfrutar parece un hecho pero todo es imaginado.

Primero debemos encontrar la fecha para poder abandonar lo que sustenta a nuestras familias. Ya eso no es fácil. Luego que la encontramos empieza la ansiedad que empuja al deseo contra el tiempo. Eso tampoco es fácil. En el medio imaginamos la salida mil veces. Vivimos el paisaje, las sensaciones y la experiencia adquiridas en tiempos anteriores. Creemos que reproducir lo que ya hemos hecho nos garantizará una buena respuesta en todos los aspectos que encierra una salida de pesca. No imaginamos un mal viaje, a pesar de tener que recorrer mas mil setecientos kilómetros con la lancha atrás, ni pensamos que veinte horas manejando sea un esfuerzo importante. El resultado hace que todo se disimule o se obvie previo a partir. Solo intuimos retamas volcando su color en costas de lagos azules o de ríos turquesas. Caminos transitables entre bosques de Ñires y Cohiues que ponen un fondo especial a un cielo azul y a un sol apenas visible por lo tupido del follaje. Antes de partir todo es bueno, no habrá dificultades y hay que tener todo listo. Disfrutar parece un hecho pero todo es imaginado.
 

Vista desde el balcón del apartamento del Complejo de Bahía Manzano

Una capa de nubes bajas y la lluvia permanente de tristeza a la Bahía.



...y por supuesto mi morsa ardió.

Me faltan líderes. Que medidas necesito. Voy a comprarlos. Creo que debo revisar las colas. ¿Me queda jabón neutro para limpiarlas?. Voy a llevar la caña tres. Aunque no la use la llevaré. Quien te dice aparece una eclosión de caddis con truchas chicas y si no la tengo lo voy a lamentar. Hace mucho que no tiro con esta caña, será mejor que practique un poco antes de ir para sentirme seguro. La caña que voy a usar será las seis. Castearé con shootting de bastante hundimiento aunque también llevaré uno que hunda menos, por las dudas. No puedo dejar de llevar un carretel de flote. Quien te dice que haga mucho calor y los ríos tengan remansos posible para su uso o pesquemos en algún lago que nos lo permita Tengo las moscas que necesito, aunque este año até bastante poco. Haré una lista de lo que no debo dejar de atar. Si pesco en el Correntoso llevaré moscas grandes naranjas y negras. Tengo Woolly Bugger en casi todas las medidas, pero Chiche me dijo que el no lastra nunca y yo las tengo todas lastradas. Haré algunas sin lastre. Carlos Aracena me dijo que para evitar el fowlling en las Rabit es bueno cocerle monofilamento a la piel para que no pierda su ondulación y nunca se inutilice la curva del anzuelo. No se quien me dijo que debo tener para el Nahuel Huapi streamers negros y rojos. Nunca ato nada con esos colores. No puedo descartar el oliva y las patas de gomas.
Y por supuesto mi morsa ardió y no pude obtener todo lo quería pero disfruté atando todas las que pude. Até de mas y de menos. Até algunas que jamás usaré y otras que lamentaré cuando se pierdan. A medida que se acercaba la fecha acomodaba mis cajas. Las ponía por orden de anzuelo, luego las cambiaba por color o hacía una composición que me gustara solo para mirarlas. Cuantas veces me levanté de la cama para ver la última mosca que había terminado. A veces me parece mentira que después de cincuenta años pescando sienta la mismas emociones que cuando recién empezaba. Mis ansiedades de entonces pasaban por como decirle a mi mamá que no estaría en toda la tarde o que necesitaría veinte centavos para comprar unos metros de piola de algodón y algún anzuelo.
El placer de la pesca y todo lo que la rodea no disminuye a pesar de los años.
 

Julio, a pesar del mal tiempo, en el extremo del tronco en la Boca del Correntoso

Boca del Correntoso. El atardecer es uno de los momentos preferidos por los pescadores.



...una imagen soñada todo el año.

Salimos el 19 del noviembre de 2005 a las tres y media de la mañana. Con la camioneta reluciente, la lancha prolijamente cubierta y gomas nuevas en todos los ejes, iniciamos el camino. Cruzamos Cañuelas, Lobos, Saladillo y el amanecer irrumpió mostrando claramente la vida. Perdices en las banquinas, cuises que se mostraban y desaparecían. En los laterales con agua empezaban el día algunos flamencos, cisnes, patos y gallaretas. Se nos cruzó un zorro por Macachin. Se repetía una imagen soñada todo el año.
Mate y charla. Recuerdos de pesca, anécdotas de los hijos, de algunos amigos en común, chistes y el tedio que infructuosamente intentaba dominarnos. A la ida nunca lo logra. Después de cruzar el desierto llegamos a Neuquén, nos parecía que estábamos a un paso de nuestra meta. Cruzamos esa ciudad que crece con desenfreno y paramos a dormir, dos horas después, en Piedra del Águila. El hotel, caro para lo que ofrecieron, y desagradable la desenfadada sonrisa de la mujer que sabía que no podíamos discutir el precio.

 

La lluvia no fue impedimento para que todos esperaran su turno de pescar. Gustavo esperando.

Entre la bruma que provocaba la lluvia se veían las lanchas trolleando.


...recién llegados y llenos de fantasías.

Cuando se nos presentó Bariloche con toda su magnitud, el viento del oeste transformaba al lago en una imagen embravecida y desconfiable. Visitamos amigos y para nuestro descreimiento e inocencia nos dijeron que el pronóstico meteorológico extendido indicaba que sería una semana de lluvias, nevadas y frío. Por supuesto, para nosotros recién llegados y llenos de fantasías, eso no podría detenernos.
Llegamos a la Angostura, sacamos nuestros permisos de pesca y nos recibieron en el Complejo de Bahía Manzano. Uno de los lugares mas hermosos que conozco. Desde la ventana del apartamento la visión del lago siempre es hermosa y tranquila. A la Bahía no le llegan los vientos. Las embarcaciones en las amarras apenas se mueven y son el complemento civilizado de la cordillera que rodea a esa bahía de ensueño. Nieve arriba, pendientes oscuras y su final de fronda verde y tupida. La barranca al lago, por la cual pasa el camino que viene desde Bariloche, mostraba extensas franjas paralelas a la costa de retamas que lucen ese amarillo intenso que solo sus flores ofrecen. Un par de whiskys, el placer del privilegio de poder estar y a sacar los equipos para empezar bien temprano a la mañana siguiente.

 

Julio, en el primero y último día buen tiempo, cambiando, una vez mas, su mosca.

Playa del camping del Brazo Rincón. Un sitio de grandes truchas donde el trolling domina como estilo.


...nubes, nieblas y burbujas en el lago.

Abrí la ventana y la lluvia constante era parte de un fondo neutro de nubes, niebla y burbujas en el lago. Imagen desalentadora que atentó infructuosamente con nuestro entusiasmo. Fuimos a vadear la embocadura del Ruca Malén que tan bien nos trató el año pasado. Wadders, campera de agua, chaleco y gorra con visera que sostenga la capucha y fuimos. Julio, tomó el único lugar posible para llegar al veril con algo mas de facilidad. El río era un torrente de agua verde que trataba de llevarse todo lo que lo invadiera. La lluvia intensa y fría se sumó al desencanto. Después del mediodía estábamos de vuelta con algo de desaliento pero no quebrados. Esa noche nos invitaron a cenar. Fue un lujo. Chiche Aracena sentenciaba con su sabiduría y nosotros parecíamos niños de jardín de infantes ante su maestro. Su hermano, de rasgos y ojos cargados de afecto, nos acariciaba con su sinceras conclusiones de pescas y atados mágicos. Un cordero bien regado nos tranquilizó y nos dio fuerza para la mañana siguiente.
 

Vista desde el balcón del apartamento del Complejo de Bahía Manzano

Hay lugares en las Bahías del Brazo Rincón donde es posible pescar vadeando. Enrique pescando.



...en busca de la bahías del Brazo Rincón.

Amaneció igual. Por consejo de Chiche para evitar el peligroso viento del lago llevamos esa mañana la lancha al Brazo Rincón. Allí desembocan los ríos Ñireco y el Totoral. En este último bajamos la lancha y salimos en busca de las bahías de la derecha del camping mientras la lluvia caía infalible y persistente. El lugar era ideal para sacar una marrón que nos cortara el habla. Entre la niebla que provoca la lluvia y su rebote se veían las pasadas de trolling de dos embarcaciones que como fantasmas se perdían frente a nosotros. ¿Quienes pescan a trolling devolverán alguna vez las truchas?. ¿Sabrían que en noviembre no se podía sacrificar ninguna?. ¿Tendrían permiso?. Fueron interrogantes de respuestas predecibles.
Ningún pique junto al frío y la lluvia interminable, nos quebró la voluntad de ese día. Volvimos, con la esperanza de que el lugar en el que habíamos estado pescando sería muy bueno cuando el clima despejara. Elevamos la embarcación en un pequeño remanso del Totoral y desandamos los veintitantos kilómetros hasta Bahía Manzano.
Cuando el martes volvimos envueltos en nuestra ropa de lluvia tuvimos que quitar con baldes el agua de la embarcación antes de poder salir. No llegamos a tirar las líneas porque la cortina de agua y el frío pudieron con nosotros. Fuimos al Correntoso a encontrarnos con amigos y arreglamos una asado para la noche. El placer de hablar, de admirar, de sentirse bien con el otro, de comer entre hombres hablando solo de pesca, nos hizo pasar una noche llena de calidez y asombro.


...nos alentaron a probar en la Boca del Correntoso.

Preguntamos por el pique en el río y respuestas profesionales nos alentaron a probar en la boca al otro día. Bastante vino de noche alarga el despertar decía mi papá y esta vez no fue la excepción. Como a la diez aparecimos en la boca. Todos soportaban el clima como si eso fuera lo natural. Se metían en el río, tomaban sus lugares y lanzaban. Hacían una o dos correcciones y comenzaban la tracción rítmica y esperanzada de la mosca. Mientras los otros, nos mojábamos y mirábamos hasta que tocara nuestro turno. Ninguno llegó al mediodía. El frío y la lluvia nos hizo desaparecer también por turnos, como si estuviéramos pescando. Ese día no volvimos.
Las retamas volcaban sus flores acongojadas por el agua que acumulaban sus ramas. No desafiaban al sol, lo esperaban, lo añoraban, lo deseaban. Ese día preparamos churrasquitos de cerdo y chorizos con salsa portuguesa. En comer nos iba bárbaro, el paisaje a pesar del mal tiempo era deslumbrante, pero de capturas ni hablar.
El jueves amaneció igual o peor y decidimos ir a la boca. Esta vez estuvimos solos. Todos se habían marchado. Nuestro aliento era que teníamos esa boca famosa por su generosidad en truchas grandes para nosotros dos solos. Resistimos hasta el mediodía. Por la tarde no fuimos, nos había ganado el sufrimiento soportado y decidimos darle descanso a nuestro voluntad.


...cuando estábamos por desistir, Julio logró un pique.

El viernes amaneció con sol. Nos fuimos al Brazo Rincón cargados de esperanzas. Ricardo, el encargado del camping nos había levantado la lancha porque estaba por hundirse con todo el agua que se le había acumulado. La volvimos a echar y a pesar del viento cruzado pudimos castear muy bien dentro de las dos bahías que recorrimos. Una del lado del Ñireco y la otra enfrentando al lago por el oeste. Casteamos hasta que los brazos no pudieron mas. Cuando estábamos por desistir Julio logró un pique con una mosca de su diseño de color negra. Se fue, pero eso nos dio ánimos para seguir con nuestros intentos hasta la tarde. Al fin levantamos la lancha y fuimos a terminar la pesca en la Boca esperando el anochecer. El río había crecido tanto que el peligro de un traspié hizo desistir a Julio de meterse hasta el final de los lugares de lance. Yo, pensando en la gloria que sería obtener un trucha después de esa semana, desde arriba del tronco hundido, desafiando a una caída peligrosa, cambiaba moscas, me estiraba en el cast e inventaba zonas de truchas ocultas. La verdad pudo mas y el rosado del cielo desmenuzándose entre nubes oscuras y manchas celestes me obligó a salir del río. Esta vez estaba vencido y sin chances porque al otro día debíamos volver.


...nunca ir a pescar fue garantía.

¿Se puede pescar sin lograr ninguna pieza? Volvimos con solo un pique fallido pero hablando todo el viaje de vuelta que sería lo que haríamos el año que viene para principios de temporada.
Ambos queríamos volver a los mismos lugares.
No podemos ignorar que en la boca del Correntoso hay truchas que nos esperan cada año cuando abre la temporada y que este año en el Brazo Rincón las grandes marrones que lo frecuentan fueron solamente esquivas por el mal tiempo. Nunca ir a pescar fue garantía de poder lograr alguna pieza. Esta afirmación se dio en toda su amplitud con nuestro viaje.
Espero que esta nota nutra de alegría a aquel que saque una pieza cuando la pesque o sienta, como nosotros, la pesca cuando no lo haga. La Boca del Correntoso los estará esperando con sus truchas misteriosas y el Brazo Rincón, hermoso e inmóvil, las cobijará mientras Ud. llega o Julio y yo volvemos a sus bahías.

Agradecemos por sus atenciones, consejos y recomendaciones a Chiche Aracena, Carlos Aracena, José María Lozano, Juan Pablo García, “El Potro” López Reale y Banana Martínez.

 

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