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Se moviliza con vehículos |
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Fecha |
Pesquero |
Provincia |
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20-04-2004 |
Río Limay |
Río Negro |
Flotando el Río Limay
Por:
Mario Capovia Del Cet
La preferencia de
la mayoría de los pescadores con mosca se centra en la pesca al vadeo. Es
también, a mi criterio, la más interesante ya que depende de nuestro análisis
del lugar, la forma en que ingresamos al agua y la estrategia que utilicemos, el
resultado que podamos obtener.
Cuando uno le sugiere flotar un río a alguien que nunca lo ha hecho, es común
que piense que la pesca se hace desde la embarcación y suele rechazarla pues
aduce que le gusta pescar vadeando. Y lo cierto es que, si bien se puede pescar
desde la balsa -en los ríos en que está permitido-, esto es optativo y la pesca
puede hacerse vadeando en su totalidad.
La mayor ventaja de flotar es que, sin mayores esfuerzos, tenemos la posibilidad
de recorrer muchos kilómetros de río durante una jornada pudiéndonos ubicar en
la costa ideal de la totalidad de los pozones y correderas.
La mayor traba para
el pescador es el costo, ya que el equipamiento sumado al servicio del guía no
es accesible para todos.
En ríos pequeños la distancia entre los lugares estratégicos de pesca es tan
corta que en pocos minutos uno puede trasladarse al próximo, pero en ríos muy
grandes como el Limay pescar en varios de estos lugares durante un día, insume
un esfuerzo considerable ya que están a gran distancia uno del otro.
Hospedados en un bonita cabaña del complejo,
La Campiña en la ciudad de San Carlos de Bariloche, nos comunicamos y
obtuvimos la colaboración de Oscar Dono, guía de pesca con mucha experiencia en
la zona, quien nos propuso efectuar una flotada por el río Limay. Según nos
dijo, por el intenso calor reinante en la últimas semanas la pesca no estaba del
todo buena, pero ya había detectado el ingreso de grandes marrones al río dado
el comienzo de la época de reproducción.
Temprano llegamos a
Rincón Chico, zona que pertenece a la estancia Fortín Chacabuco y que fuera
cuidada hasta hace dos años por Tati Taquini, quien se encargaba además de
recorrer a caballo sus costas para evitar el ingreso de pescadores furtivos.
Actualmente esta función está a cargo del Club de Caza y Pesca de Bariloche y
como resultado de estos años de control, sumado a la devolución obligatoria de
los peces en esta zona, la calidad de la pesca ha mejorando notablemente. Este
tipo de controles deberían ser aplicados en muchos de los hoy empobrecidos ríos
de nuestra Patagonia.
Oscar, quien bucea
frecuentemente esta aguas, nos comentó que año a año son mas grandes los
cardúmenes de marrones que ingresan del lago al río en época de desove.
Luego de un breve
recorrido bordeando el río, comenzamos la flotada en las cercanías del arroyo
Chacabuco con el objetivo de sacar una “grande”, utilizando shootings de
hundimiento rápido y moscas tipo “gato”. Los principales lugares claves donde
nos detendríamos serían: la corredera de tranquera blanca, la recta de Rincón
Chico, la piedra de la bajada de los estudiantes, el anfiteatro y un gran pozón
junto a la casa de Laura Fenoglio.
Flotar es una bella
experiencia mas allá de la pesca, ya que podemos apreciar la totalidad del río,
ya sea la estructura de su lecho con sus grandes piedras o bancos de piedras
pequeñas, veriles y juntas de aguas en las islas o su paisaje costero con sus
playas, paredones de piedra y saucedales. Tiene además la ventaja de llegar a
lugares que están muy lejos de la ruta y por lo tanto son poco visitados por los
pescadores.
Todo esto, que se
nos va presentando como en una película y sin mover un solo músculo, nos permite
a su vez la selección de algunos lugares que en alguna otra oportunidad
elegiremos para hacer pesca al vadeo.
Para nosotros fué
una novedad flotar un río en catarraf. Este tipo de embarcación consta de dos
pontones inflables unidos por una estructura de aluminio sobre la cual se afirma
una plataforma rígida de terciado fenólico. En el centro, una gran heladera con
gran capacidad para llevar los alimentos y algunos bolsos, oficia de asiento
para el guía quien efectúa las maniobras mediante los remos, y en cada extremo
hay un cómodo asiento giratorio donde van sentados los pescadores.
La gran ventaja del
catarraf es que el piso no se dobla como el las balsas convencionales, y al ser
firme, no hay que andar haciendo equilibrio sintiéndose uno muy seguro. Esto
permite que gente de avanzada edad, que rechazaba este tipo de salidas, hoy se
anime a efectuar una flotada en estas balsas aunque el río sea muy turbulento.
La belleza del
Limay es indescriptible y la variedad de situaciones de aguas es tal que
permiten al deportista desplegar un espectro de pesca muy variado, desde la
búsqueda del “monstruo” con shooting y grandes streamers, el uso de ninfas en
sus bajos o pescar con secas en momentos de eclosión.
La pesca durante la
mañana estuvo muy entretenida ya que sacamos varias arcoiris y marrones
combinadas con una suerte de strep-tease general, ya que a medida que pasaba el
tiempo el calor apretaba cada vez mas obligándonos a quitarnos la ropa de abrigo
hasta quedarnos solo en mangas de camisa o remera.
Interrumpimos la
pesca al mediodía e hicimos un alto para almorzar bajo los árboles. Oscar se
encargó de preparar todo y cuando nos llamó, la mesa, alimentos y bebidas
estaban correctamente presentados. Disfrutamos del almuerzo y un tiempo de
descanso realmente placentero.
Luego de una hora
reemprendimos la flotada con vientos bastante fuertes lo que entorpecía nuestros
lanzamientos, obligaba a Oscar a remar con mas energía y al rizar el agua nos
impedía la visión de los peces. A pesar de esto pudimos ver en oportunidades
distintas, seis enormes marrones de entre tres a cinco kilos desplazándose
delante nuestra embarcación con la sigilosa lentitud que solo peces de ese
tamaño tienen, (pero de ésas no sentimos ninguna en la punta de nuestras cañas),
confirmando el ingreso migratorio que Oscar nos comentara.
El Limay es muy
productivo; con Hugo comenzamos a dar vuelta piedras en la costa y no hubo
ninguna que no tuviera ninfas, casitas de caddis, caracoles, sanguijuelas, o
dejara en descubierto alguna pancora (falso cangrejo), o algún camarón de agua
dulce (samastacus). Esta abundancia de alimentos permite mantener una gran
población de peces (a pesar de décadas de depredación).
La belleza del
paisaje y algunas arcoiris y marroncitas mas hicieron que la tarde se pasara
volando. Luego el viento fue calmando de a poco hasta desaparecer y el sol se
puso dejando el río en un cono de sombras, mientras pequeñas truchas comenzaban
a saltar junto a la costa entre los sauces.
Para el fanático de
las “grandes” era el momento de apostar a un pozón y pescar la última media hora
hasta la oscuridad total. Para nosotros, el de arrimarnos a la costa, cargar la
balsa en el trailer, desarmar los equipos y regresar a Bariloche fascinados por
la vivencia de un día espectacular.
SERVICIOS
Cabañas
La
Campiña
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San Carlos de Bariloche
Río Negro - Patagonia Argentina
Tel. (02944) 524749 - (15) 638144
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