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Fecha |
Pesquero |
Provincia |
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15-04-2004 |
Lago Lolog |
Neuquén |
Una tarde en el Lago Lolog
Por:
Mario Capovia Del Cet
Cuando hemos tenido
el privilegio de haber conocido parte de nuestra Patagonia, llegamos a pensar
que, si bien no hay lugares feos, todos los lagos y ríos son muy parecidos. Y de
hecho es así ya que la foresta es muy similar, las aguas (salvo situaciones
especiales) son siempre transparentes, los lechos de piedra, montañas, valles,
etc. A pesar de esta supuesta monotonía, nos causa un inmenso placer volver a
recorrer pozones o veriles ya conocidos, y mayor aún es la expectativa si el
lugar es totalmente nuevo para nosotros. Siempre hay un rincón del mapa que nos
queda en el tintero y, para mí, el lago Lolog era uno de ellos, ya que si bien
había caminado un poco sus costas hace muchos años, nunca había navegado en él.
En San Martín de
los Andes hicimos contacto telefónico con Eduardo Furlong, conocido guía de
pesca de la zona, quien tuvo la cortesía de poner a nuestra disposición su
embarcación y sus conocimientos, para recorrer parte del Lolog durante toda una
tarde.
Recorridos los escasos 16 km. que separan el lago de San Martín de los Andes,
nos metimos en una estrecha senda de una sola mano que lo bordea, hasta llegar a
un pequeño embarcadero sobre una de sus playas. Allí nos esperaba Eduardo y,
previa presentación, comenzamos a navegar sobre la costa sur del lago. El día
era espléndido con una suave brisa del oeste.
Toda este recorrido
es muy bonito y pescable ya que casi no tiene playas y el veril está muy pegado
a la costa, con grandes piedras y cantidad de troncos hundidos. Al llegar a una
punta con una gran pared de piedra, Eduardo nos sugirió que comenzáramos a
lanzar pues según él “a este lugar siempre le sacamos uno o dos pescaditos”.
Dicho y hecho: casi simultáneamente Patricia con una Bitch Creek y yo con una
pequeña Fuzzy Wuzzy negra con cuerpo naranja, sacamos las dos arcoiris que
Eduardo vaticinara. La brisa en contra se iba intensificando y ya no se podía
detener el pequeño motor auxiliar para hacer mas tiros en cada sitio, pues el
viento nos empujaría hacia la costa, por lo cual debimos pescar a marcha lenta,
lanzando hacia delante y tratando de que nuestros shootings profundizaran lo
suficiente, cosa que era difícil ya que la embarcación se encimaba a nuestras
moscas alertando a los peces y elevando las líneas. A pesar de estos
inconvenientes, logramos sacar cuatro truchas más que picaron ni bien las líneas
lograron bajar lo suficiente.
Cerca de la costa
vimos siete vacas y un toro y Eduardo nos dijo que era raro verlas, ya que
siempre están internadas en el bosque y que, además, en ese caso estaba
permitido cazarlas ya que el poblador de la zona se había retirado y por estar
en zona de parques nacionales debían ser erradicadas.
Para pescar
vadeando nos llevó luego a una hermosa playa llamada “Bahía del Melón” (llamada
así por su redondez), la que nos comentó que es “casi” infalible. Nos pusimos
los weaders y los cuatro comenzamos a explorar sus costa. Ninfas, emergentes,
woolys, patas de goma, alguna seca atractora (que nada atrajo), y otras tantas
de nuestras moscas se desplazaron por los veriles ante la visión de alguna que
otra trucha que se presentaba ante nosotros sin prestarnos atención alguna. Con
el viento a nuestras espaldas el agua de la bahía estaba tan “planchada” que
parecía una enorme pileta de natación y si divisábamos algún pez, éste
seguramente nos habría visto mucho antes. Cero actividad en superficie y cero
pique.
Al no quedarnos
mucho tiempo, Eduardo decidió que regresáramos pescando nuevamente sobre la
costa desde la lancha. Al estar el viento mas calmo y paralelo a la costa
pudimos hacer derivas lentas con el motor regulando, lo que nos permitió pescar
correctamente a lo largo de quinientos metros aproximadamente. Otras cuatro
arcoiris fueron extraídas a lo largo de este recorrido y devueltas a su medio
como todas las anteriores, hasta que el sol comenzó a esconderse tras las
montañas, por lo cual dimos por terminada la salida.
El lago Lolog y su
desaguadero natural, el río Quilquihue, han sido desde décadas uno de los mas
concurridos lugares para aquellos pescadores que pasan sus vacaciones en San
Martín de los Andes, y a pesar de la presión que esto significa todavía siguen
brindando buenas piezas.
Servicios:
Cabañas “Las Cumbres”
Piren 236 – San Martín de los Andes
TE 02972-422660/661
e-mail:
lascumbres@smandes.com.ar
web site
www.lascumbresapart.com.ar

