No. No estamos hablando del
elemento que utilizamos para ver como lucimos, sino del lago Espejo, ubicado en
las cercanías de Villa La Angostura.
Allí hicimos una incursión de pesca de todo un día, guiados por Guillermo
Gilardi, dueño de las cabañas
Blue West quien
además, nos albergó con su habitual cortesía y hospitalidad.
Al amanecer y todavía en penumbras, botamos el semirrígido en la playa del
camping, donde además se encuentra la casa del guardaparques. Este lugar queda a
no mas de veinte minutos de auto desde la Villa.
El tiempo no podía ser mejor
ya que no había viento y el lago hacía honor a su nombre ya que estaba hecho un
“espejo”. La helada era tal, que del agua emergía una bruma blanca, densa y
oscilante (dejando volar la imaginación se me representaron todas las truchas
del lago fumando). Atravesamos el lago en toda su extensión mientras tratábamos
de proteger nuestras manos y cuellos del frío, observando el majestuoso paisaje
que ante nosotros se presentaba. El espejo tiene una conformación bellísima e
intrincada: un sinnúmero de puntas, caletas, paredes de piedra, playas, juncales
e islitas. Entonces comprendí porque algunos pescadores amigos han adoptado a
este lago como destino de pesca durante muchos años.
Recorrimos pescando las
desembocaduras de los arroyos Cuerno, Ayuhín, Clo Clouco (“Arroyo de la Araña
Negra” en el lenguaje indígena y también denominado Arroyo Campana, por provenir
del Cerro Campana). También pasamos frente a la boca del río Espejo.
La principal isla es la
Chacal Huapi (“Isla del Hacha” en lenguaje indígena, pues vista desde arriba
tiene esta forma). Esta tiene una bonita laguna interna bordeada por ralos
juncos y una angostura que lleva a una segunda laguna muy pequeña. Según
Guillermo, en diciembre y enero este lugar es un clásico para pescar con secas
que imiten alguaciles ya que la abundancia de éstos provoca una febril actividad
donde es común ver truchas saltando casi un metro fuera del agua, intentando
cazar algún alguacil en vuelo (desde ya que éste no es el único lugar, ya que
simultáneamente se repite esta actividad en muchas otras zonas del lago).
Recorrimos toda la laguna
bordeando su costa, pero no pudimos ver mas que tres truchas. El fondo es de
sedimento y no hay vegetación acuática que pueda brindar alimento a los peces,
por lo cual éstos seguramente ingresan en épocas en que los alguaciles abundan
en ella ya sea como ninfas o adultos.
Hugo fué el primer
afortunado en extraer una bonita hembra de fontinalis en un veril cercano a la
desembocadura del río Cuerno. Tres borbollones junto al juncal me motivaron a
cambiar el shooting por una línea de flote. Cuatro o cinco lanzamientos y la
Chernobyl fué explosivamente atacada. Bajada de caña, dos cabezazos y se
desprendió. Una hermosa arcoiris de más de un kilo fué sacada luego por
Guillermo, con una Wooly Bugger negra.
Nos dirigimos luego a la
desembocadura del Ayuhín, donde Patricia pudo ver dos o tres fontinalis muy
cerca suyo, al borde del veril, y aunque cambió varias veces de mosca éstas no
picaban. Atendiendo la sugerencia de Guillermo, de poner alguna ninfa o mosca
mas pequeña, ató a su tippet una húmeda tradicional en anzuelo #12 totalmente
negra, y pocos minutos después su caña era curvada por un hermosísimo macho de
fontinalis. Pocos minutos después obtuvo otro pique, pero la trucha se
desprendió.
Mientras esperaba a que
termináramos de almorzar, Guillermo hizo unos tiros y sacó otra arcoiris a la
cual tentó con una leech (sanguijuela) de color marrón rojizo.
Aprovechando que la tarde
estaba hermosa y sin viento, hicimos un largo paseo por la costa, donde vimos
unas cuantas truchas pasar cerca de nuestra embarcación, pero nos limitamos a la
observación y no pescamos.
A última hora Guillermo nos
llevó a unos juncales en la desembocadura del Clo Clouco. Desde lejos notamos un
par de borbollones, y cuando estábamos llegando vimos pasar al menos cuatro
fontinalis bajo la embarcación. Nos detuvimos a pocos metros del lugar y
nuestros shootings se encargaron de fondear las moscas. La de Hugo fué seguida
por una trucha, pues, si bien no sintió el pique, el agua se revolvió al extremo
de la línea cuando la estaba levantando para volver a lanzar.
De vez en cuando algunas
subían a comer insectos provocando bruscas explosiones de agua. Volví a colocar
la línea de flote y la Chernobyl y luego de tres o cuatro tiros la mosca cayó
pegadita al junco. Guillermo comentó “éso me gustó¨... le dije “a mi también”...
tras lo cual la mosca desapareció dentro de un pesado borbollón al ser tomada
por una bonita hembra de fontinalis.
Decidimos hacer los últimos
“tiritos” ya que era tarde y todavía debíamos navegar hasta el otro extremo del
lago. Esta vez fué Patricia quien, con una pequeña ninfa, obtuvo la última
fontinalis del día.
Siete entonces fueron las
capturas que nos brindó el lago Espejo ese día, cifra que nos pareció razonable
ya que nos habían comentado que la pesca no estaba nada buena.
Mas allá de lo
cuantitativo, en lo que a pesca se refiere, nos causó un inmenso placer el
visitar y recorrer un lago de costas y rincones tan variados, como lo es el
Espejo. Sería conveniente hacer una próxima incursión a fines de diciembre,
cuando los alguaciles sobrevuelan velozmente el agua, al borde del juncal...
Servicios:
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Angostura. Pcia de Neuquén
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