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Fecha |
Pesquero |
Provincia |
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09-02-2004 |
La Paz |
Entre Ríos |
Pescando en La Paz
Por: Mario Capovia Del Cet
09-02-2004
Algunos meses han
pasado desde que fuimos por última vez a pescar con mosca a La Paz; y como Ud.
sabrá, mi estimado lector, cuando uno repite o se hace adicto a cierto lugar, al
llegar ya comienza a ratonearse y no ve el momento de hacer los primeros tiros
en algún rinconcito donde obtuvo buenos piques en pasadas excursiones. Claro que
las experiencias anteriores no son ninguna garantía ya que el río fluctúa, los
peces se mueven, y los lugares que antes nos habían brindado muy buenas piezas,
pueden encontrarse secos, desbordados o sin peces forrajeros y con cero pesca.
Según nuestro guía
Adrián Beliz, hijo de Jorge Beliz, propietario del
Complejo
Posta Surubí
donde nos alojábamos, la pesca estaba regular y no habían detectado en los
últimos días algún cardumen franco de dorados.
Con las primeras
luces nos internamos en el riacho Espinillo con el inmenso placer que sólo se
siente cuando se navega sin viento y el río parece una balsa de aceite.
Comenzamos entonces a recorrer los caballitos de batalla de la mosca en esa
zona. El río estaba en bajante pero bastante más crecido que en nuestra última
salida y En Puerto Mitre nos fondeamos por primera vez. Mientras Patricia y yo
hacíamos los primeros lances hacia una corredera que se abría en dos en la punta
de una islita, Hugo, quien se iba a dedicar a fotografiar y filmar, para no
aburrirse decidió armar una caña de spinning liviana y encarnó una pequeña
morena. La pesca con mosca no es compatible con la de espera ya que una línea
fija suele ser motivo de galletas ante un pique imprevisto, con el consiguiente
riesgo de la pérdida de la pieza. Por lo general, cuando se pesca con carnada,
las líneas están bastante alejadas de la embarcación y si alguien clava un pez,
hay margen de tiempo para que los otros pescadores recojan las suyas. En mosca o
spinning los piques pueden darse desde que cae el señuelo y hasta muy cerca de
la embarcación (a veces a menos de dos metros), ya que en muchas ocasiones el
pez lo viene siguiendo y cuando uno comienza a levantarlo decide picar. En estos
casos y dada la violencia de la lucha, una o más líneas fijas pueden causar
problemas.
En media hora de
pesca no obtuvimos resultado alguno con mosca, mientras la morena de Hugo tentó
a un hermoso manduví quien nos brindó dos saltos espectaculares y el cual,
previas fotos, fue devuelto inmediatamente al agua.
En el arroyo Hondo
tampoco obtuvimos resultado alguno y nos dirigimos entonces al arroyo Las Mulas
unos cien metros río arriba de la bomba de agua de una arrocera, en una pequeña
punta que formaba una suave corredera y comenzamos a lanzar hacia la costa. Dos
o tres piques fallidos y un doradito que sacó Patricia. Adrián, siempre atento
al entorno, divisó actividad constante a unos cuatrocientos metros aguas abajo
(Dios le conserve la vista...) y hacia allí fuimos. Si bien apagamos el motor y
nos dejamos desplazar por la corriente unos cincuenta metros antes del lugar en
cuestión, cuando soltamos el ancla y la embarcación se detuvo, se armó un
revuelo de miles de sábalos. Es hermoso ver en las playas decenas de puntitas de
las colas de estos peces que nadan contra la corriente con la cabeza hacia abajo
alimentándose del barro del fondo.
Al segundo lance
Patricia clavó un dorado y tras un salto le cortó, volviendo luego a saltar dos
veces. Inmediatamente mi mosca fue tomada por otro el cual también me cortó y
saltó nuevamente tratando de desprenderse la mosca de la boca. La ventaja de
usar siempre anzuelos sin rebaba, además de una cuestión de seguridad para los
tripulantes y para uno mismo, es saber que en estos casos los peces se liberan
con facilidad de nuestros engendros emplumados.
Algunos lances mas,
un doradito que extrajo Patricia y por mas que insistimos no hubo otro pique.
Luego de una pasada
por La Botella sin respuesta alguna, el Guayquiraró nos permitió sacar tres o
cuatro buenas piezas.
Pero el momento
destacado del día nos lo brindó el arroyo Las Cañas, el cual, debido a la
bajante, volcaba sus transparentes aguas negras en su desembocadura, donde meses
atrás encontráramos gran actividad de chafalotes. Adrián nos sugirió remontar un
trecho y así lo hicimos. Las Cañas es muy angosto, meandroso y sin costa firme
ya que se trata de un hilo de agua en un gran bañado. Altos carrizales, poblados
en este momento de enormes langostas de casi diez centímetros de largo, tapizan
su costa, con alguna que otra mancha de camalotes. Su ancho va de tres a unos
diez metros, formando alguna que otra profunda lagunita. Y fue en una de éstas
donde Adrián decidió enganchar el ancla al carrizal. Esperando que el lugar se
restableciera, pues le habíamos pasado por encima con la embarcación, Hugo
decidió lanzar una morena, la que ni bien cayó fué tomada por un doradito de un
kilo que comenzó a dar un salto tras otro. Recordando que por lo general van en
grupo y se disputan la comida, tomé la caña de mosca y comencé a lanzar hacia el
dorado que Hugo venía trayendo. Al segundo tiro mi mosca fue tomada por otro el
cual comenzó a rebotar sobre el agua. Mientras Hugo devolvía el suyo al agua,
pude ver que el que yo traía era seguido por al menos seis o mas enormes
palometas. Alertado Adrián, inmediatamente tomó con firmeza el leader de mi
mosca, e izó rápidamente el pescado antes de que lo pudieran lastimar. Los
dorados de aguas negras son hermosos ya que por mimetismo suelen tener una
coloración mucho más oscura en el lomo y el color amarillo más intenso que los
de aguas turbias. Dada la concentración de palometas y luego de varias moscas
“depiladas”, Hugo comenzó a lanzar pequeños señuelos los que, tiro a tiro, eran
tomados por estas. Las palometas, vulgarmente llamadas pirañas, pertenecen a la
familia “Serrasalmus” que tiene más de quince representantes en América del sur.
Tras varias
capturas Hugo decidió tomar la caña de mosca y pescar el arroyo palmo a palmo
hasta su desembocadura, mientras nos dejábamos llevar por la suave corriente.
Mientras Hugo
pescaba aguas abajo, logrando sacar un doradito mas, me dediqué a pescar con
señuelo en la otra dirección y en uno de los lances clavé una piraña mediana de
otra variedad, la que fue atacada inmediatamente por grandes palometas. En ese
frenesí vimos dos o tres dorados que pasaban excitados alrededor. En pocos
segundos esta quedó hecha pedazos y se clavó una gran palometa en el señuelo,
pero parece que entre ellas no se atacan ya que durante la pelea, si bien otras
pasaron cerca, no la mordieron.
Un poco más
abajo clavé un doradito, me cortó, pegó un salto en el aire y tuvimos la clara
imagen de como el señuelo se le desprendió de la boca, y quedó flotando. Cuando
remontamos y estaba por meter la puntera en el agua para recuperarlo, vimos como
una palometa emergió suavemente, tomó el señuelo y comenzó a ganar profundidad.
Asombrados por el espectáculo, vimos que el señuelo comenzó a emerger lentamente
hasta quedar flotando nuevamente en superficie y entonces pudimos rescatarlo.
Cerca ya de la desembocadura y muy cansados de tanto estar parados bajo el
fuerte sol, decidimos dejar de pescar y regresar hacia La Paz con las últimas
horas del atardecer.
Tal vez, para más
de un pescador, una salida no tiene valor si no obtiene pescados enormes, pero
para nosotros, que disfrutamos de la pesca más que de los trofeos, la jornada
nos resultó excelente.
Servicios:
Complejo Posta Surubi
ESPAÑA 224 - TEL./FAX: 03437-421128 - C.P.(3190)
E-Mail: info@postasurubi.com.ar
Website: www.postasurubi.com.ar
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