| RELEVAMIENTO DE PESCANET |
| Fecha | Pesquero | Zona |
| 29-10-2003 | Borde exterior del Delta | Buenos Aires |
Por Mauricio Oñate
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Al final de mi infancia y nuevamente durante mi adolescencia leí, casi hasta saberme de memoria cada punto y cada coma, “El viejo y el Mar”. Será quizás por este motivo que desde algún rincón de la memoria, casi siempre por sorpresa, me asaltan esas ganas de una pesca en solitario.....?
Bien temprano
A las 7 ya
estaba cargando las dos o tres cosas que llevo cuando hago una salida en
solitario. Básicamente un par de botellas de agua, el termo, la carnada y un par
de cañas con sus historias a cuestas.
No nos toma, a mi lancha y a mí, más de cinco minutos llegar a la estación de
servicio. Los buenos días, cargar combustible, las dos o tres frases que siempre
intercambiamos con quien está despachando en ese momento y que sin ser nada
trascendente forma parte de la mística de todas las salidas.
Estamos ya a mediados de primavera pero, las 3500 revoluciones del motor, los
árboles reflejando su imagen en oscura y sola dimensión sobre el agua y el aire
fresco de la noche que no acaba de escaparse, hacen que navegue bien acomodado
detrás de la consola central.
En no más de quince minutos les pongo espuma blanca a Los ríos Luján y Arias y
me recibe el Paraná. El Paraná de las Palmas....instintivamente me pongo de pié
y probablemente esto sea como un homenaje, una muestra de agradecido respeto de
cara a ese conjunto de elementos que se ganan mi admiración.
Son unos veinte minutos aguas abajo hasta la salida de “Paraná viejo” –
navegando hacia el Río de la Plata, un poquito antes de salir, el brazo que
“apunta a la izquierda”, ese mismo, por ahí tiene que salir -, solía decir un
isleño que conocí hace unos años y que vive en el Aguaje del Durazno.
Ya sobre el mismo Río de la Plata, al frente río y cielo...mejor digamos; la
libertad absoluta para que se escape la mirada; El resto, casi todo miniatura
recortadas en cartón. Sobre la amura de estribor, lejos, Buenos Aires. Sobre la
amura de babor, el contorno elevado de Martín García. A ambas bandas mi realidad
de ese día, las matas de juncos que conforman parte del borde exterior del Delta
y sus pequeñas bahías, entradas y canaletas.
Estarán las Bogas?
No es una zona
fácil para navegar, las bahías suelen estar “protegidas” por pequeños bancos.
Hay que levantar bien la pata del motor para poder pasar y si esto no alcanza
habrá que meterse en al agua y empujar la lancha hasta encontrar agua
suficiente.
Una vez “adentro” decidí fondear bien pegadito a una pared de juncos en donde
las bogas hacían borbollones. No había más de 80 centímetros de profundidad, el
viento del norte, muy débil, no alcanzaba a rizar la superficie y a esa hora la
temperatura era de 11 grados.
Usualmente utilizo una sola brazolada que ato a un esmerillón unido directamente
al nylon del reel en donde previamente coloqué una plomada pasante, en este
caso, de 20 gramos.
Corté unos cuadraditos de corazón, unos de sábalo y otros de chorizo colorado.
El primer encarne, un poquito de cada uno en el anzuelo y la línea que voló
directamente hacia donde estaban los borbollones. Caña en el cañero y a preparar
el segundo café de la mañana.
Habrá Tararira hoy, se me antojaba mientras revolvía el azúcar. Cómo si otro
dentro de mí tuviese la obligación de responder, levanté la mirada y después de
un brevísimo reconocimiento del lugar de dije, probablemente... . cuando el sol
caliente un poco más podemos intentar con algún filet de boga.
Pasa una lancha por el canal, va apuradísima, se le va escapando al viento.
Lleva armados los equipos de pejerrey – Es que esta temporada fue muy buena y a
muchos pescadores no les da nada de ganas de que termine... . o quizás, de nuevo
el recuerdo del libro... . van en busca de su pez, de El gran pez con el que
siempre se sueña -.
Mi mirada va de la lancha a mi caña que ahora se arquea y de golpe vuelve a su
rectitud original. Me apuro a la clavada, recojo un poco de tanza y del otro
lado, nada. El precio de mi distracción, una boga bien alimentada.
De nuevo el anzuelo con carnada, la punta siempre libre, la línea otra vez al
agua. Esta vez, la caña en la mano, el tambor del frontal libre y el nylon entre
el índice y el pulgar de la mano izquierda.
El pensamiento en el verde de los juncos y ahora la distracción es unas mojarras
que intentan comerse unas escamas de sábalo que acabo de tirar al agua. Un
golpecito corto, seco... . ahora otro y... . otro y de golpe todo quieto de
nuevo... . –vamos, comé... . -. Una llevada corta y enseguida una llevada más
larga, el pulgar derecho en el tambor del reel y mi brazo-caña que rápido
apuntan a las 12 a la vez que la puntera marca las 10. La superficie se rompe
cerquita del juncal y una boga salta y salpica el agua. El pez intenta ganar la
seguridad protegiéndose en el verde, dos golpecitos de caña y su desconcierto la
convencen de nadar hacia el centro de la bahía. Enseguida la tensión que se
pierde y la mano derecha que apura el giro de la manija, la boga se viene
nadando hacia acá. Pasa como un rayo por debajo del casco, vuelve al tensión y
ahora de nuevo hacia la popa. El nylon dibuja formas geométricas de ángulos
cerrados en la superficie. Primero hacia un lado, sin previo aviso hacia el
otro. Parece que se calma y cuando la arrimo a la lancha sale otra vez
disparada. Una, dos, quizás fueron tres o cuatro veces. Copo, pinza para sacar
el anzuelo y vemos si funciona ese dispositivo que trae la cámara para “sacarse
fotos uno mismo”. Después, de nuevo al agua.
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En el curso de la mañana, algo parecido sucedió unas doce veces. Y digo parecido
por que los pescadores bien sabemos que, por algún extraño motivo – de nuevo la
mística toma mi pensamiento como por asalto – podemos tener cien piques, cien
clavadas concretadas una atrás de la otra y siempre es parecido y parecido no es
lo mismo.
Mojarras y Tarariras
Pasado el
mediodía, media botella de agua mineral, dos cafés más y la lancha colectiva que
lleva y trae pasajero a Carmelo, me puse a pescar algunas mojarras.
Un anzuelo “pata de mosca”, y cualquier ínfimo pedacito que se parezca a algo
comestible son suficientes para asistir a la danza de la boyita. Una y otra
vez, varias mojarras atacan la carnada apenas cae al agua. – Qué pez tan
deportivo sería si llegase al menos al kilo de peso, además, tendríamos
diversión asegurada por mucho tiempo, hay montones de mojarras –
Una vez asegurada una provisión suficiente para carnada, ato un leader de 12
libras al extremo del nylon del reel de la otra caña. Esta vez no utilizo
plomito y paso el anzuelo por el lomo de la mojarra de modo que esta quede con
algo de movimiento.
El lanzamiento, esta vez, va dirigido a un sector en donde no hay más que 30/40
centímetros de profundidad. Una zona rodeada de juncos y con un embalse de
camalotes y canutillos que en algún momento la crecida llevó hasta allí.
Algunas nubes le comenzaban a poner manchas oscuras al plateado con el que la
tarde tiñe el agua. – habrán hecho buena pesca de pejerrey los que pasaron esta
mañana?, estaba haciendo calor, el viento se había dormido y el río seguía
bajando, condiciones difíciles para intentar con los matungos -.
El sesgo del nylon apuntaba en dirección contraria a la que yo lo había ubicado.
Se había aflojado de tal modo que una buena parte dibujaba sinuosos contornos
caprichosos. Tomo mi caña, comienzo a recoger y es como si la línea se hubiese
desmaterializado... . Nada pesa, como si no hubiera atado ningún anzuelo,
ningún leader y no hubiera encarnado ninguna mojarra. Unas vueltas más a la
manija de reel y la tensión aparece pero.... . con la tanza apuntado adentro del
juncal. Dejo de recoger y tanteo. Uno cortos y suaves tirones con la caña de mi
lado y del otro unos cortos y suaves tirones algún pez. Dejo la caña quieta... .
del otro lado también se aquietan. Vuelvo a mover la caña y del otro lado
vuelven a mover la tanza. Me divertía este juego. Comienzo nuevamente a recoger
y salvo por algún que otro tirón, la sensación que se transmite es como cuando
venimos arrastrando la plomada por un fondo muy irregular, el único tema a tener
en cuenta es que en este caso yo no había puesto ninguna plomada a la línea que
ahora viene muy dócil hasta el costado de la lancha. Dejo quieta unos segundos
la caña. Intento encontrar alguna señal que me indique que es lo que hay del
otro lado, si es que de verdad hay algo. Unos segundos más y casi a la vez que
decido levantar la carnada del agua, un fuerte tirón hacia abajo, mi brazo
derecho que tira hacia arriba y una tararira que abre su boca, me agradece la
mojarra y se va nadando muy contenta.
Repito el encarne, repito el lance intento retomar y repetir el hilo de lo que
estaba pensando antes y me quedo silvándole a una pareja de Federales – son esos
pájaros de cuerpo negro como el carbón y cabeza bien roja como la sangre que
sale de una lastimadura recién hecha -, que se paran sobre unos juncos a unos 6
ó 7 metros de donde estoy fondeado.
Unos quince o veinte minutos sin ningún pique me convencen de cambiar de
modalidad y hacer un par de intentos más antes de volver.
Cambio la carnada, hago el lance bien pegado a la pared de juncos y comienzo a
recoger nylon despacio, dejando unos segundos quieta la línea, dando unos
tironcitos y volviendo a recoger despacio. Repito esto dos o tres veces más
siempre haciendo los laces a lugares distintos. Mi cuerpo ya está encontrando un
ritmo cómodo, la línea se frena, algo comienza a tironear, mi razón no atina a
dar el golpe de caña, mi instinto sí lo hace, explota la superficie y una y otra
vez una tararira salta y da cabezazos. El freno deja salir nylon a pesar que yo
camino por los 6 metros de mi lancha de un lado a otro a voluntad de los
caprichos del pez..
No tarda mucho tiempo en nadar calmada sobre la banda de estribor. En ese
momento mágico, es apenas un instante, quizás un par de segundos en donde
levanto la mirada y veo, como recortada en cartulina gris: Buenos Aires, la
vuelvo a bajar y al lado mío, más real, más verdadero, con tonos verdes,
marrones y blancos, allí está mi pez....
Pinza de puntas, intento de nuevo con la foto y de nuevo al agua.
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Salir a pescar al Delta entre semana, estrenando superficies de río que nadie
navegó todavía, es una sensación que todos los pescadores deberían experimentar
algún día.
Mauricio Oñate
Guia
del Delta y Río de la Plata.
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