| RELEVAMIENTO DE PESCANET |
| Fecha | Pesquero | Zona |
| 13-05-2003 | Villa Paranacito | Entre Ríos |
Grandes pejerreyes esperando
Por Enrique Gómez
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Un llamado telefónico desde Entre Ríos nos alertó que había empezado a entrar el Gran Paraná al Río Uruguay. Una noticia que muchos pescadores esperan con ansiedad todo el año. Por esto, a pesar de tener Pescanet revista lista decidimos, atrasar su salida un par de días, pero corroborar esa noticia.
Respondimos el llamado a Miguel Mazaeda propietario del complejo de servicios Annemarie (Restaurant, Bungalows, embarcación y una Isla propia frente a Nueva Palmira) y un guía excepcional de la zona.
Miguel nació y se crió en esa porción del río y si el dato provenía de él, no dudamos en salir disparados a ese lugar bellísimo que es Villa Paranacito para poder sacar los primeros pejerreyes del Río Uruguay.
Como llegar
Acceso Norte hasta tomar ruta 9 hasta Zárate. Tomar ruta 12 y cruzar por ella el complejo Zárate Brazo Largo (Peaje $ 4,20) y entrar en la Provincia de Entre Ríos. En el Km. 119 se pasa la Caminera que por ser la primera del limite provincial es exigente con la documentación y los documentos del auto, al llegar al Km 151 de la ruta 12 surge el acceso a Villa Paranacito por la ruta provincial 46. Recorrer 22 Km de camino consolidado, que a pesar de lluvias intensas es perfectamente transitable, hasta arribar a la villa.
El lugar
Villa Paranacito se extiende a la orilla del Río homónimo. Tiene una población de aproximadamente 6.000 habitantes entre los urbanos y los isleros distribuidos en ese laberinto de islas y camalotes.
Alguna vez tuvo una población estable de mas de 10.000 habitantes. Está a expensas de las crecientes y sufre inundaciones a las que los habitantes, según sus expresiones, están acostumbrados y nunca se irían de allí por culpa del río. El decrecimiento de la población tuvo que ver con la invasión al mercado de productos plásticos que disminuyó la manufactura de la madera, riqueza natural de la zona. No se buscó, ante el problema, un recurso alternativo que pudiera sostener ese nivel de población. Hoy el río por su atractivo propio, por la madera que de la islas se va para las industrias de pasta de papel, por la pesca como fundamento de vida de algunos, por la pesca deportiva tan rica y tan variada, por la naturaleza exuberante y bella del lugar y algunos recursos agropecuarios mantiene a esta hueste de enamorados del verde que se forma en el corazón del Delta Entrerriano.
La salida
Como siempre ante una decisión planeada para la pesca surge una oposición no prevista. En este caso fue una tormenta que se inició cuando salía con dos bolsas de mojarras que me costaron lo mismo que el año pasado ($ 4 cada una). Este comercio esta en la YPF que se encuentra antes del Peaje al Complejo Zárate-Brazo Largo. Conociendo la firmeza del camino decidí llegar hasta la villa, por lo menos para recabar datos, si no podía salir a pescar. Al llegar, Miguel, me alentó a que esperase para que mi viaje no fuera en vano. A las 10,30 hs, con una llovizna escasa, luego de calzarnos nuestros trajes de agua, salimos hacia el Río Uruguay.
El Paranacito estaba tranquilo y el Martínez también.
Estaban envueltos en una cielo oscuro con cumulus grises de bordes ennegrecidos. La lancha se deslizaba dejando atrás el pueblo y mostrando las canoas en las costas que sufrían dóciles la intemperie. Se veían las casas sostenidas por pilares y otras que no los tenían. Estaban condenadas a quedar alguna vez bajo el agua imbatible de las crecientes. A medida que nos internamos por el Martínez los bordes del arroyo mostraban las raíces porfiadas de los Cipreses Calvos, que estiraban sus brazos añoso como garras hacia el agua y sus copas verdes hacia el cielo plomizo y triste. Al ver ese árbol exótico y bello en el lugar no pude dejar de pensar en el soñador que alguna vez los había plantado. Camalotes errantes entraban por el agua y la embarcación los esquivaba como si estos necesitaran ser protegidos de su flotar ingenuo e involuntario.
La calma del arroyo rebotó con la marejada del Uruguay que nos introdujo en su inmensidad. La tormenta era mas visible. Salvo la línea verde de las costas uruguayas todo era gris y desolado. Las olas hacía golpear la lancha y el ruido opaco de estas contra el casco no decreció hasta que Miguel decidió probar en la boca del Martínez. Altura del Km 30 del Río Uruguay.
La pesca
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El oleaje no era furioso y permitía con el ancla garreando, garetear con comodidad. Las tres líneas en el agua dejándolas escapar con el viento esperaban algún pique lejano. Gabriel, un amigo de Miguel, sacó el primer pejerrey de la temporada y su rostro aniñado mostró una sonrisa feliz por haberlo logrado. No era uno de los grandes pero ya sabíamos que estaban allí. Esa pequeña felicidad no se repitió. Después de convencernos que debíamos movernos, fuimos hacia la desembocadura del Aº de la Tinta - lo bautizaron así por su entrada de agua oscura en las marrones del río Uruguay - y después de fallar algunos piques, otra vez Gabriel clavó primero un bagre blanco gordo que se dejaba arrastrar sin cabecear y luego un hermoso pejerrey que se merecía el mote de Gran Paraná. Hermoso y fuerte nos lleno a todos de ganas hasta que por sacarle una foto se le escapó a Gabriel de las manos e impotentes lo vimos desaparecer en el agua.
El cielo empezaba a dejar pasar luz y su color gris se aclaró hasta quedar casi tiza. El río se calmó sorpresivamente. Personalmente perdí cuatro o cinco piques claros, Miguel uno o dos y Gabriel lo mismo. Como culpando al río decidimos ir hacia el lado del Km. 0, Nos detuvimos a la altura de 33 Orientales con el puerto de Nueva Palmira a la vista. En cada pasada sacaron, no me incluyo porque seguí clavando en falso, unos pejerreyes dignos del viaje y del mal tiempo.
El regreso
En lugar de volver por donde vinimos, fuimos a "El Refugio", así llaman a la casita que tiene Martín en esa isla preciosa que heredó de sus mayores. Allí es donde, por lo general, lleva a sus clientes a almorzar. Un lugar salvaje, lleno de sombra silvestre, donde además se ve una parrilla, una mesa rústica, un disco colgado, que son la muestra de los momentos inolvidables que se pueden vivir. Subimos por el Brazo chico, el Brazo Largo y entramos el Paranacito hasta la rambla del pueblo.
Desandamos lagunas, camalotes estirados por aguapes, una planta de hojas redondas y chatas que parecían preferir las aguas quietas. Hileras de Sauces, álamos, ceibos, cipreses y enredaderas con algunos fresnos que salpicaban de amarillo la fronda verde oscura, que terminaba en una vereda deforme de camalotes detenidos.
Conclusión
Comenzó la temporada en la boca del Río Uruguay. Están y son grandes. Si consideramos que aún no ha llegado el frío les podemos adelantar que ya pueden ir sabiendo que uno o varios de esos pejerreyes, inolvidables, son posibles. Los piques, todos, se dieron muy lejos del bote, por lo tanto boyas visibles que aprovechen el viento, anzuelo grande (1 o 1/0) y mojarra grande para estos bocones que los están esperando.
En Paranacito hay infraestructura para todo, bajar y subir embarcaciones, guías, camping, bungalows, restaurantes, proveeduría, etc.. No hay carnada por lo tanto las mojarras hay que comprarlas en la ruta. Cebar con un poco de aceite de pescado no es pecado cuando se está pescando pejerreyes en los grandes ríos.
SERVICIOS:
Complejo Annemarie de Miguel Mazaeda
Av. Entre Ríos 98, Villa Paranacito
Guía de pesca: Miguel Mazaeda
Pesca embarcado: Lancha 6,30 m eslora Motor Honda 90 HP
Día de pesca 4 Personas: $150 (No incluye combustible)
Bungalows. TV, calefacción, cochera, parrilla.
Por día, 2 personas: $ 40
3 Personas: $ 50
4 personas: $ 60.
Refugio en Isla Propia.
Complemento para almuerzo en día de pesca.
Informes: Tel. 03446-495284
Internet: www.annemarie.com.ar