| RELEVAMIENTO DE PESCANET |
| Fecha | Pesquero | Zona |
| 11-12-2003 | Nahuel Huapi - Villa La Angostura | Neuquén |
Una salida al
Nahuel Huapi
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Bonita y hospitalaria es Villa la Angostura. Un pueblo que se caracteriza por la
belleza y armonía en la estructura de sus construcciones, la limpieza de sus
calles y una costa muy irregular sobre el lago Nahuel Huapi que le brinda un
marco de belleza incomparable con sus bahías, penínsulas y playas de arena
volcánica y piedra.
Nos instalamos en una confortable cabaña del complejo Blue West, cuyo dueño es el Dr. Guillermo Gelardi, quien tuvo la amabilidad de alojarnos durante nuestra estadía en la Villa. Guillermo es guía de caza y además miembro de la Asociación de Guías de Pesca.
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Nuestra primer
incursión fue al lago Nahuel Huapi pescando desde una embarcación. Pablo
Bizzozzero fue nuestro guía de pesca y el semirrígido que usaríamos nos fue
facilitado por “Navegar”, una empresa de alquiler de embarcaciones para paseo
y pesca.
Nos embarcamos en un rincón muy protegido llamado Bahía Mansa, donde nace la Península de Quetrihué y en principio probamos durante media hora lanzando nuestras moscas y dejándolas hundir al pie de sus verticales paredones de piedra, sin resultado alguno.
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Pusimos entonces proa hacia una punta de piedras de la bahía Kraff, pero ya había una embarcación pescando en el lugar y por respeto no nos detuvimos. Pasamos luego la Bahía Bustillo y comenzamos a lanzar nuestras moscas al filo del veril cercano a la desembocadura del río Bonito conocido como la “bahía de las fontis” por la calidad y cantidad de sus fontinalis, mientras un pescador solitario, con el agua al borde del weader, lo hacía desde la costa.
La brisa, cada vez más fuerte, hacía dificultosa nuestra estabilidad y el desplazamiento constante del semirrígido no permitía que nuestras moscas profundizaran lo suficiente.
Ante la carencia de piques Pablo encaró hacia las islas De la Guarda. Estos son tres afloramientos de roca bellísimos, con exuberante vegetación y plataformas de aguas bajas con grandes piedras a su alrededor.
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A esta altura de la excursión el viento movía las aguas del Nahuel de tal modo que imaginaba tener algún pique de besugo, corvina o algo similar, mientras Pablo, con notable pericia, hacía lo imposible por mantener la embarcación lo mas estable posible.
El viento sacaba las línea hacia el agua o impedía acomodarla correctamente en el piso, por lo cual gran parte de nuestros lanzamientos eran interrumpidos pues en muchos casos se enganchaba en algún lado o la pisábamos. En estas situaciones la única forma de dominarla un poco es agacharse y recoger la línea al ras del piso.
Comenzamos a bordear la mayor de las islas del lado del lago, intentando colocar nuestras moscas cerca de su costa de piedra desnuda y redondeada por efectos del oleaje durante quien sabe cuantos miles de años. Allí, mi crystal bugger con bead head, tentó a una arcoiris de unos dos kilos quien después de un par de chapuzones, se desprendió (grrrr!!).
A esta altura y por las galletas constantes en el amnesia, una de las líneas se enganchó por segunda vez en la hélice del motor de forma tal, que tuvimos que dejarnos llevar por el viento hacia la costa para poder desenredarla, tarea que llevó por lo menos diez minutos y afortunadamente la línea no sufrió daño alguno. De paso aprovechamos para tomar un cafecito.
El “Muelle de Piedra” fue nuestro siguiente objetivo. Se trata de una saliente rocosa natural que parece realmente la base de un viejo muelle por su forma alargada y rectangular. Como el lago estaba crecido, éste se encontraba sumergido unos centímetros. Hicimos una pasada paralela a ella y en uno de mis lances tuve un pique violento. Como respuesta a mi reacción de retener la línea en forma firme obtuve el “corte” merecido (¿sería grande?.... ¿muy grande? quién lo sabe....). Otra vez Grrrr!! y poner otra mosca.
Dos pasadas más hicimos por la isla y otras tantas por el muelle de piedra, cuando Hugo pegó un grito y simultáneamente una arcoiris de poco más de kilo y medio saltó dos veces por el aire. Notable era la cara de terror de Hugo ante la posibilidad de que su récord en mosca le cortara o se soltara.
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Afortunadamente no fue así y poco a poco el pez fue perdiendo fuerzas permitiendo ser arrimada y entonces Pablo pudo levantarla con la red de mano. La expresión de Hugo pasó de la seriedad absoluta a casi degollarse con la sonrisa; con su captura en las manos y mirando al Nahuel le gritó: ¡Gracias!!. Era un macho muy bonito y en muy buen estado. El extraerle la mosca, sacar varias tomas fotográficas y devolverla nuevamente al agua, fue solo una cuestión de instantes.
Es curioso como esos pocos minutos de excitación tornaron una jornada que para cualquiera podría considerarse mala e incómoda, en un buen día de pesca.
Con poco margen de tiempo, cansados ya de tanto cabalgar sobre las olas y con un lago un tanto más calmo, desarmamos los equipos de pesca, ordenamos un poco nuestros bolsos y regresamos hacia Bahía Mansa con las últimas luces del atardecer.