| RELEVAMIENTO DE PESCANET |
| Fecha | Pesquero | Zona |
| 03-04-2003 | Río Hondo | Santiago del Estero |
DISFRUTAR NO ES SOLO PESCAR
Por: Mario
Capovía del
Cet
03-04-2003
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Hace aproximadamente quince años fui por primera vez a pescar con mosca al río
Dulce, a partir del dique frontal de río Hondo y, desde ese entonces, siempre
pensé en volver, pero mis compañeros de pesca tienen debilidad por las
truchas...
En aquella oportunidad no tuvimos suerte en nuestra búsqueda del dorado; el agua estaba demasiado fría pero muy transparente, por lo cual pudimos ver muchos pasar frente nuestra embarcación, pero no tomaban nuestras moscas.
Quedamos muy impresionados al acercarnos a tres pescadores de atarraya (red redonda que se lanza a mano), cuya embarcación consistía en un rombo de madera casero calafateado con brea y que nos habían exhibido una bolsa de arpillera medio rota la cual dejaba entrever lo que pensábamos eran varios dorados. Al acercarnos abrieron la bolsa dejando caer “uno solo” de por lo menos catorce kilos. Nunca vi un dorado tan corto y con una cabeza tan grande; era espectacular.
En cambio tuvimos mucho éxito con la tarariras en el lago de la represa, con tamaños de dos a tres kilos, que nos hacían recordar a los años de oro de Chascomús.
Incentivado durante los últimos tres meses por Pablo Orfeo –guía de la zona- a través de llamados telefónicos desde el río (saqué uno de cuatro kilos!! y maldades parecidas), o a través de sus relatos y fotos recibidas por e-mail, decidí aceptar su invitación a pesar de que, a esa altura, me había avisado que el mejor momento ya había pasado.
Mi compañero de viaje fué Bruno Carrera, quien poco tiempo antes me había comentado que quería tener una primera experiencia de dorados con mosca.
Y partimos el 3 de enero con la idea de pasar una semana.
Está comenzando la época de lluvias y los ríos provenientes de Tucumán, que alimentan el lago de la represa, bajaban muy turbios quitándole la normal transparencia al mismo. A su vez, previendo el agua que se avecina están bajando el nivel del lago abriendo tres de los vertederos de la represa, con lo cual el río creció al menos un metro y la correntada era fuertísima.
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Un espectáculo digno de ser mencionado es ver como sábalos, bogas y dorados arremeten contra la caída de agua que está unos cincuenta metros represa abajo. Si uno siempre queda fascinado ante las tan clásicas filmaciones de los míticos salmones saltando contra la corriente, les puedo asegurar que nuestros peces no tienen nada que envidiares. Si uno fija la vista en ese punto no pasará más de unos segundos para poder ver un sábalo, boga o dorado saltando a veces más de dos metros en largo intentando sortear ese salto. Lamentablemente todo ese esfuerzo no los lleva mas allá del paredón de la represa.
Cuando ésta suelta agua, el primer kilómetro del río hierve de peces, ya que en su afán de remontar se van acumulando los cardúmenes. Centenares de biguás se concentran allí en busca de pequeños peces, tiñendo de negro las aguas y los árboles de las islas, y en las aguas bajas, decenas de garzas están atentas al paso de los cardúmenes de mojarras.
Según nos contó Pablo, un momento dramático se produce cuando cierran los vertederos de la represa, ya que en un par de horas quedan tan solo los grandes pozones del río y los lugareños comienzan a pasar redes en cada uno de ellos, vaciándolos literalmente. Afortunadamente los dorados se retiran inmediatamente río abajo siendo menos afectados por esta situación.
Otra constante son los pescadores de caña con robador que venden el producto de su pesca a los hoteles y restaurantes de la ciudad. Estos se concentran en una de las paredes laterales de la represa junto al salto principal, hacen sus tiros al pié de éste, y ni bien el robador cae al agua, pegan el tirón con la caña y se corren para dejarle el lugar al próximo pescador. En todo momento alguno de ellos está levantando un sábalo o una boga. En una oportunidad alguien gritó ¡dorado! y el pescador afortunado comenzó a desplazarse por la costa con su caña totalmente arqueada. Por curiosidad lo acompañamos por la costa en un trayecto de más de trescientos metros, hasta que otro pescador lo fue a socorrer con una lancha la cual abordó. Lo seguimos observando mientras derivaban unos doscientos metros y, en un momento nos dimos cuenta que lo había perdido. Cuando desembarcaron nos comentaron que era un dorado muy grande y que había cortado (¡nylon del 80!).
La fauna ictícola se ha podido adaptar a reproducirse en este tramo cerrado del río Dulce que mide 70 km. desde el dique frontal de Río Hondo hasta el dique Los Quirogas. Sus aguas bien oxigenadas, la abundante vegetación acuática y una gran variedad de peces forrajeros y crustáceos (muchos cangrejos y camarones) conforma un excelente hábitat que permite mantener una gran población de presas y predadores.
Y Ud. se preguntará si pescamos... Pues no.
Junto al dique, caballito de batalla para la pesca con mosca, había muy poca actividad de dorados en superficie. Insistimos los dos primeros días anclando la lancha en las principales correderas, y aunque vimos más de una atropellada, una cola roja o algún flanco amarillo, no tuvimos un solo toque.
Probamos también internarnos en canales y lagunas dentro de las islas en busca de tarariras, pero la turbidez el cambio de altura de las aguas ya no hacían de estos el lugar ideal. Cero pique.
Los cuatro días siguientes tuvimos la oportunidad de conocer el río aguas abajo y realmente quedamos enamorados. Bancos de tosca horadados por la corriente forman saltos, canaletas y correderas.
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Otro día, Pablo nos llevó a conocer un lugar llamado la “Bajada del Niño Dios”. Es un lugar increíble ya que unos estratos de tosca muy dura que cruza la totalidad del río, forman una suerte de escalera de saltos y chorros, con un desnivel de por lo menos dos metros.
Allí pudimos ver una gran actividad de dorados a unos cincuenta metros de la costa. Y era tal, que decidieron ir a buscar un gomón y una canoa, ya que no había forma de vadear o llegar con una mosca a esa distancia. Nos quedamos con Bruno viendo como los dorados saltaban por el aire o atropellaban a bogas y mojarras que literalmente rebotaban sobre el agua tratando de escapar, por un lapso de más de una hora (haber tenido una filmadora...).
Cuando Pablo llegó con las embarcaciones y pudimos acomodarnos junto a la corredera, la actividad cesó completamente. No entendíamos nada.
Volvimos a los dos días a la misma hora para ver si se repetía la escena, esta vez con las embarcaciones. Y volvió a suceder lo mismo. Una vez anclados, los dorados se replegaron un poco al detectar nuestra presencia. Comenzamos entonces a lanzar nuestras moscas mientras veíamos un desfile de colas, lomos y estallidos en superficie. Por recomendación de Pablo usábamos líneas floating y sinking tip para evitar enganches, ya que algunas zonas son bajas y tienen mucha vegetación.
Resultado: ni un solo toque. Y aunque debatimos mucho sobre el tema no encontramos explicación alguna.
El resto de la tarde -algún tirito de vez en cuando- nos acostamos en el gomón tomando alguna bebida fresca, charlando, disfrutando el ver algún dorado saltando por el aire y apreciando el espectacular atardecer que ese día nos brindaba.
Y Ud. preguntará ante estos resultados: ¿valió la pena?
Pues sí. Recorrer, conocer y disfrutar es una parte importante de la pesca. Además son pocos los ríos que he visto con tantos accesos y tan buenos para pescar dorados vadeando. Bruno y yo quedamos en que, ni bien Pablo nos comunique que el río está bajo y transparente volveremos, esperando lograr que la próxima nota contenga muchas fotos de nuestras capturas.
Mario Capovía Del Cet