| RELEVAMIENTO DE PESCANET |
| Fecha | Pesquero | Zona |
| 02-05-2003 | Río Gallegos | Santa Cruz |
Por: Mario
Capovía del Cet
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Es común que los fanáticos de la pesca tomemos un mapa de cualquier parte del país o del mundo y fantaseemos al ver las manchitas y las rayitas zigzagueantes en color celeste que nos definen lagos, lagunas y ríos... ¿Cómo serán? ¿Qué peces tendrán?
Esto es una constante en los pescadores muy inquietos que aspiran a conocer la mayor cantidad de lugares posibles; cuanto más lejanos, mejor. Ni bien se les presenta la oportunidad y mapa en mano, se internan en lugares que no conocen, en búsqueda de sorpresas.
En cambio, a los más conservadores, les cuesta cambiar de zona de pesca y vuelven año a año a los mismos lugares pues “le toman la mano”, se sienten más seguros y dicen que cuanto más conocen los secretos de un tramo de río, mejores son sus resultados.
Intuyo entonces, que esto debe sucederles a todos los pescadores inquietos de la tierra, y si miramos un mapa del continente Americano, uno de los destinos más remotos y exóticos para la pesca de truchas es el extremo sur de Sudamérica.
Uno de los principales destinos es el río Gallegos, en el límite continental de la provincia de Santa Cruz. Allí confluyen pescadores de todo el mundo atraídos por las truchas marrones migratorias (sea run) las que llegan a tamaños inusuales para esta variedad.
Allí se pierde la noción del tamaño; un pique y extracción de una trucha de dos a cuatro kilos, que en cualquier parte de la Patagonia es un “pescadazo”, pasa a ser una decepción ya que uno siempre tiene la ilusión de obtener alguna de más de diez kilos. Y las hay.
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Cuando hablamos de salmónidos, es inevitable la asociación de un paisaje idílico, con aguas cristalinas, cumbres nevadas y frondosa vegetación. El Gallegos dista mucho de ser un lugar de ensueño, ya es pura estepa desde su naciente hasta la desembocadura en el Océano Atlántico. Es un río de planicie, meandroso y con muy poca vegetación en sus márgenes. Plano en gran parte y a veces con enormes barrancas en su costa.
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Sus aguas nacen de los ríos Rubens y Penitente, que vienen de Chile, y tienen
un recorrido de 200 km aproximadamente, hasta su desembocadura. Son de color té,
tornándose muy negras en la medida que se pone más transparente. Esto impide la
lectura de aguas, y si uno no lo conoce bien es casi imposible saber donde uno
está tirando la mosca. Me ha pasado en muchas oportunidades el estar pescando en
lo que creía era un pozón y al adentrarme más, darme cuenta de que mi mosca caía
en cuarenta centímetros de agua.
Además, hay muy pocas piedras grandes en su lecho y una carencia absoluta de troncos sumergidos, refugios clásicos que nos permitiría intuír la presencia de peces en la mayoría de los ríos de la Patagonia.
También son pocas las angosturas, lugares claves donde el agua corre con más fuerza y socava las barrancas brindándole oxigenación y refugio a las truchas.
Notable es su contenido de vegetación acuática, la que acompaña algunos tramos del río como una cinta de varios metros de ancho, por centenares de metros de largo, refugio de alimento y peces pequeños.
Salvo a principio de temporada, por los deshielos, o cuando son muy fuertes las lluvias en Chile, el Gallegos es un río extremadamente manso y cómodo para pescar en todo su recorrido.
Pero no todo es tan fácil. Allí hay oportunidades en que el viento “arrasa”. Y suele ser tan fuerte que una ráfaga nos puede detener el paso, dejándonos con el pié en el aire, sin poder avanzar. Y les aseguro que no estoy exagerando. En esos momentos lanzar una mosca es casi una misión imposible; hay que estar muy preparado.
Desde luego que no siempre es así y uno se siente muy afortunado cuando puede disfrutar de brisas suaves y a veces calma absoluta. Entonces es común ver insectos sobre el agua y bastante actividad de peces en superficie.
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El atractivo principal para la gente de Gallegos son las grandes marrones que
ingresan del mar, a las cuales los lugareños denominan “plateadas”, ya que son
de este color cuando ingresan al río.
El peso promedio va de kilo y medio a cuatro o cinco, y es bastante frecuente la extracción de tamaños aún mayores.
En la medida que van avanzando cambian su color a un beige suave y le van apareciendo algunas manchitas en los flancos.
Estas truchas ingresan por la desembocadura del río cuando hay mareas altas muy pronunciadas. Son bastante reacias a picar ya que su objetivo principal es remontar, llegar a zonas propicias, buscar una pareja, hacer un nido y desovar, para luego regresar nuevamente al mar.
La mayor parte llega a las nacientes del Gallegos e ingresan al río Rubens aunque es bastante común lograr buenas capturas en el Penitente.
Hay también una buena población de marrones residentes de un promedio de 800grs a kilo y medio, muy bonitas por su intensa pigmentación.
En esta zona son varios los ríos interesantes para pescar y solo dos tipos de truchas las que los habitan; marrones y fontinalis.
Los ríos Penitente y Rubens
tienen una buena población de marrones residentes y es común capturar
migratorias de gran tamaño. (hace un par de años pude sacar en el Penitente una
de cerca de siete kilos). Lo más divertido en estos ríos, es pescar con moscas
secas. Además tienen en sus márgenes densos bosques de lengas lo que hace más
bello el entorno.
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El río Coyle
es muy pequeño y contiene una densa población de fontinalis pequeñas (las que
seguramente impiden que piquen las grandes).
El río Gallegos Chico
es un tributario del Gallegos. Pequeño y con profusa vegetación acuática, tiene
una buena población de marrones de un promedio de 700grs. a un kilo. Fantástico
para pescar con moscas secas.
El río Chico Sur
está poblado por fontinalis enormes (he visto sacar una de dos kilos
seiscientos). Pero por encontrarse cerca de la ciudad de Río Gallegos y no
habiendo control alguno, ha sido muy castigado. Chico como su nombre lo indica,
con muchísima vegetación acuática y casi sin correntada. Sus aguas son tan
negras y transparentes que parece tinta china.
El equipo ideal para el Gallegos es una caña para línea seis o siete. Dado el viento antes mencionado conviene que éstas sean de acción rápida. Para mosca seca en los ríos menores es suficiente con una para línea 5.
Una de las líneas más usadas es la wet tip (se hunden los tres primeros metros) o un shooting de hundimiento II, dado que el río Gallegos, si está bajo, es poco profundo.
Además conviene llevar líneas de flote para pescar con secas en los momentos calmos o en ríos menores.
En mi primer viaje tuve la oportunidad de ver tres cajas de moscas de distintos pescadores locales muy experimentados y no pude apreciar una constante en ellas. Todas tenían moscas muy disímiles, lo cual me confundió ya que esperaba encontrar una mosca “clave”, la infalible.
La mayoría de los pescadores usan mucho las clásicas wooly buggers oliva o negras las que dan muy buen resultado, algunas con bead head.
Tuve muy buenas experiencias con Fuzzy Buggers (fuzzy wuzzy con cola de marabou), Fuzzy Wuzzy de pelo o pluma negras con cuerpo naranja, streamers de ala de pluma bataraz teñidas de amarillo con cabeza muddler negra, wooly buggers con cuerpo de cristal chenille verde o cobre levemente lastradas y algunos streamers de ala de pelo negro con cuerpo claro.
Secas que dan muy buen resultado son las Chernobyl, las Elk Wing Caddis medianas y grandes con cuerpo amarillo, Stimulator, Bomber y Hoppers.
Debo confesar que no he hecho experiencia con ninfas, ya que la excesiva vegetación y poca correntada de los ríos menores, me tienta a usar secas, lo que me resulta más divertido. Aunque no dudo que funcionen.
Hace unos siete años me encontraba en un pozón del Gallegos con el agua a la cintura y la actividad era impresionante. Durante casi una hora no hubo momento en que no se vieran enormes marrones sacando el lomo, cola, o saltando de cuerpo entero fuera del agua; algunas a dos o tres metros de donde estaba parado. Los lógicos cambios en el color, tamaño, hundimiento y brillo de las moscas sin resultado alguno. Los nervios de punta... una tensión y expectativa no apta para cardíacos. Poco antes de que la actividad cesara pude sacar tan solo una “plateadita” de un kilo medio. Esto ocurrió en mi primer viaje y aunque regresé en tres oportunidades nunca volvió a repetirse esta escena, pero sueño con ella... ¡Grrrrrrrr!!!!!
Todas corresponden a una salida de cuatro días que hicimos con mi amigo Diego Viganó a mediados del mes de marzo de este año. Y realmente... “fue demasiado corta”...