RELEVAMIENTO DE PESCANET
Fecha Pesquero Zona
25-03-2002 Mar del Plata. Buenos Aires.

Mar color Limón.

Por Gonzalo Fernández Pastor.
 

Fuimos en busca de los grandes tiburones bacotas, los cuales faltaron a la cita. Los que no faltaron fueron las anchoas de banco y el pez limón, uno de los torpedos de nuestro mar. Como frutilla de nuestra torta obtuvimos un excelente tiburón escalandrún.

Queríamos hacer un cierre de temporada de pesca de mar pero también realizar alguna pesca que no habíamos podido hacer ya que la suerte no había estado de nuestro lado o porque algunas de las especies no habían hecho su presencia como todos los años.
La decisión no era fácil, aunque íntimamente sentía que tenía una deuda para con los lectores y para mí mismo. Esa deuda no era otra que los tiburones bacotas de más de 130 kilos y los peces limón que suelen aparecer en Mar del Plata desde enero hasta abril. Y marzo es uno de los mejores momentos ya que la temperatura del agua llega a su estado máximo.
La llamada de Leo Rodríguez, guía de la feliz, anunciándome que los bacotas habían comenzado a picar, decidió definitivamente mi destino final de la temporada de verano en nuestras costas.

A mal tiempo buena cara.

Decidí llamar a Alex y combinamos que nuestra salida sería al día siguiente a media tarde. Recorrimos los 404 kilómetros que separa Mar del Plata de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires debajo de un frente estacionario de tormenta que por momentos nos hizo parar sobre la banquina esperando que éste parara un poco ya que la visibilidad era nula.
Al llegar nos encontramos con Leo, acordamos encontrarnos por la mañana en el Club Motonáutico desde donde zarparíamos tras nuestros objetivos. Bacotas y Limones. Al consultarlo sobre el informe del tiempo, él nos dijo que seguro nos agarraba algún chubasco pero que el viento no sería un problema y por lo tanto la salida estaba garantizada.
Por la mañana nos encontramos en una estación de servicio a desayunar y notamos que la lluvia sería imposible que fallase. Fuimos hasta la embarcación donde nos encontramos con dos clientes de Leo con quienes haríamos nuestra salida. La lluvia estaba en aumento y nuestra preocupación a que se suspendiera también.
Luego de dos horas de espera, Leo decidió que nos dirigiéramos a pescar ya que el viento había amainado. Ni bien salimos del puerto había unas grandes olas aunque no dificultaban la navegación de este gran crucero de siete metros de eslora y dos metros sesenta de manga ideada para la práctica de la pesca marítima.

Primer día de pesca.

Nuestro primer destino sería el banco de pescadores. Así había arrancado nuestra salida anterior la cual nos dio una pesca extraordinaria y que había logrado retratar, en la mejor foto que he sacado desde que me dedico a estas artes, en plena pelea de un gran tiburón escalandrún con toda su cabeza por fuera del agua.
Ni bien ancló nuestro guía noté que la cosa no sería tan fácil como la vez anterior. Las olas eran enormes, de unos cinco metros aproximadamente, lo que impediría durante todo el día la posibilidad de buscar otros lugares.
En el lugar comenzaron los lances de todo tipo. Algunos comenzaron a pescar y otros, bue..., otros comenzamos un poco más tarde. Leo cortó la carnada y los primeros piques fueron de besugos, los cuales se sucedieron por un par de horas que sólo fueron interrumpidos por un pique de una anchoa de banco que tomó el aparejo cuando éste estaba siendo izado para cambiar la carnada.
En ese momento sentí que la suerte estaba de nuestro lado ya que si bien no podíamos hacer trolling ya que el mal tiempo no lo permitía, sentía que con la ayuda de la buena fortuna podíamos lograr alguna captura de pez limón y sacar unas cuantas anchoas, dos de las especies más deportivas de nuestro mar.
Nuestro guía ordenó que levantáramos unos metros nuestros aparejos para tentar a las anchoas. Sin embargo continuaban saliendo besugos que sólo eran interrumpidos por algún sargo y algunas chanchitas.
Las cañas de tiburón no tenían ni un toque. Teníamos dos tiradas de fondo para el escalandrún y dos de flote para probar con el bacota. En cuanto al bacota yo sabía que era difícil capturar uno ya que las probabilidades aparecen al acercarse a las restingas. Y hoy no íbamos a poder ir ya que el fuerte viento y la poca profundidad de las mismas no iba a permitirnos anclar.
Continuamos pescando besugos hasta que zás!. Uno de los clientes de Leo se paró y comenzó con exclamaciones ya que el pez no paraba de sacarle nylon. En ese momento sentí por la cara que puso nuestro guía que del otro lado había un limón. El pique se había dado en una caña muy liviana lo que hacía más deportiva la captura. Yo intentaba fotografiarlo pero las olas me impedían hacerlo correctamente. Ya que por momentos subíamos cuatro o cinco metros y luego volvíamos a bajar otro tanto, no dejándome hacer foco a la captura en el agua.
Nuestro afortunado volvió a lanzar y no pasó más de un minuto y nuevamente otro pique. Esta vez otra anchoa de banco de buen porte. Pero los demás seguíamos con los besugos.
Ya por la tarde decidimos regresar a puerto ya que el tiempo seguía feo y las capturas no mejoraban. Íntimamente sentía la tarea cumplida aunque quería más, quería un bacota.
Decidí extender mi viaje hasta que el tiempo me permitiera volver a entrar y probar nuevamente con los tiburones, y si eran bacotas mejor.



Segundo día de pesca.

El día se presentaba con buen tiempo, con viento leve del sector sur pero soleado. Aunque seguían las amenazas de lluvias por la tarde. Nos dirigimos nuevamente al banco de pescadores donde ya había en el lugar algunas embarcaciones. Comenzamos a pescar, esta vez con otros compañeros en la embarcación, los infaltables besugos, mientras Leo utilizaba los mismos para encarnar las cañas de tiburón que fueron lanzadas dos a fondo y tres a flote.
Al mediodía la pesca no cambiaba y en el momento que el ¨Gallego¨, como se lo conoce a nuestro guía, anunciaba los diez minutos finales antes de cambiar de lugar, comenzó a caminar una de las cañas de flote.
El caminar lento hacía presagiar que del otro lado había un tiburón escalandrún que dio una batalla de 30 minutos y que sólo dejo que se viera su cuerpo cuando la pelea hasta el final, dejando a nuestra imaginación su gran tamaño mientras duró la lucha.
Luego de levantar al primer tiburón ya había otro clima en la embarcación. Leo decidió que cambiáramos de lugar y nos dirigimos a la tercer restinga, luego pasamos a la segunda y por último a la primera. En ninguna de las tres cambió nuestra suerte, seguimos sacando besugos y especies de menor importancia.
Los bacotas volvieron a fallarnos. El pique de los mismos no esta franco aunque va a mejorar con el paso de los días. El agua está en su punto justo y ya han salido algunos de hasta 140 kilos. No hay que desaprovechar los últimos días antes de comenzar a pensar casi con exclusividad en el pejerrey de las lagunas y el río de la plata.

Servicios:

Leo Rodríguez tiene una embarcación especialmente diseñada para la captura del tiburón con siete metros de eslora, dos metros sesenta de manga, con un motor de 150 caballos de fuerza, con cabina y camarote donde pescan tranquilos cinco deportistas. La embarcación fue diseñada y construida por Leo quien ya vendió cuatro de ellas a guías de San Blas. Cobra ochenta pesos por persona e incluye el combustible, la carnada y provisión de equipos. Para hacer reservas hay que comunicarse al celular 0223-155206420.
 

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