RELEVAMIENTO DE PESCANET
Fecha Pesquero Zona
21-05-2002 DELTA. Entre Ríos.

 

Bogas de otoño en el Delta Entrerriano. 

                                                                      Por: Mauricio Oñate.
 Fotos: Mauricio
Oñate.
21-05-2002.
 

Cuando los días del sol a pique se terminan y el otoño suaviza las tardes de pesca en el Delta, vienen los ocres  y a veces el rojo que con la ayuda de los vientos del cuadrante sur le ganan al verde y desnudan los árboles.Los hábitos de los peces también cambian, la pesca “de verano “ permanece todo el año, solo que los cardúmenes están en permanente movimiento y su metabolismo hace que la frecuencia de alimentación disminuya. 

       

Condiciones generales 

         Venía de una sucesión de excursiones con resultados desparejos. Por algún motivo, esta temporada la gente eligió seguir buscando variada “de verano” cuando el año pasado, ya en esta época solo querían intentar con pejerreyes.
         Había salidas en las que lográbamos 4/6 bogas de tamaño mediano de entre un kilo y un kilo y medio, algunos patiés de hasta 5 kilos y abundante pique de especies menores. Otras, apenas si obteníamos alguna boga de un par de kilos, períodos de un par de horas con ausencia total de piques y otros con bogas mordisqueando constantemente nuestras carnadas de un modo tan caprichoso que hacían muy difícil la clavada..
         Cuando con Marcelo acordamos que saldríamos en su embarcación, hacía una semana que veníamos de días tibios,  vientos suaves de nor-noroeste y mañanas diáfanas. El día elegido no podía ser mejor, una mínima de 12° y máxima de 24°, apenas una brisa que alcanzaba para llevarse las corridas y preocupaciones de una semana complicada en una Argentina muy difícil, un horizonte limpio y azul y la mejor predisposición para un buen día de pesca. 

La ida 

         En el fly, los motores del “Portokali” suenan casi como un susurro. La navegación por el Vicnulación, el Urión y el canal Honda pasó casi desapercibida. Remontamos el Paraná de las Palmas , apenas rizado, con el sol reflejando por la aleta de estribor, casi como si nos estuviéramos deslizando por una cinta de plata. El resto de la navegación, canal La Serna, canal cuatro, Paraná Miní y finalmente, el padre de los ríos, el Paraná Guazú de aguas abajo.
         El “ portokali”, es un crucero de 11 metros que Marcelo y Mario, sus propietarios, se encargan de mantener en perfecto e impecable estado y que en esta ocasión fondeamos sobre margen derecha a unos 100 Mts de la desembocadura sobre el Río de la Plata. Ya estábamos cerca del mediodía, pero nadie pensaba en almorzar.
         Apenas unos minutos como para hacernos parte del lugar y ya estábamos armando los equipos. 

La pesca 

         Plomos pasantes de hasta 30 gramos directamente sobre el nylon que viene del reel, un esmerillón y la brazoladas de unos 40 centímetros con anzuelos  bogueros conformaban el equipo básico con el cual intentaríamos obtener algo de la variada de la zona.
         Pequeños cuadraditos de sábalo como carnada y  las líneas al agua.  Algunas trabajarían bien pegadas a la costa, a una profundidad de 6 metros y otras, directamente sobre el veril, que en ese lugar cae de los 6/7 a los 10 metros.
         Los piques no se hicieron esperar demasiado. Con tirones muy cortos, secos, las bogas iban comiendo los costados de la carnada. Una característica de esta época es que el pique no es lo suficientemente franco como para esperar la llevada y luego clavar y es muy común que los anzuelos vengan apenas enganchados de un borde del labio. De todas maneras la frecuencia de piques aumentaba y de este modo iba a resultar más sencillo poder “enganchar” alguna de estas bogas de otoño.
         De nuevo el cabeceo de la caña y el nylon transmitiendo la sensación de toques, esta vez un poco más violentos. Ahora si hubo un corta llevada que dejó apenas suficiente margen para dar el golpe y comenzar a sentir que del otro lado algo hacía que el sesgo del nylon en el agua se proyectase hacia el centro del río primero, luego hacia la costa, unos segundo después hacia el centro de nuevo para volver a cambiar de dirección uno y otra vez. Eran las típicas corridas laterales, con bruscos cambios de dirección a las que las bogas nos tienen acostumbrados. Cerca de la embarcación, hizo un borbollón en superficie que apenas nos dejó adivinar el lomo y esta vez, emprendió una potente embestida hacia abajo sacando varios metros de nylon. Este juego, quizás la parte culminante de la mística de la pesca, se repitió varias veces en pocos minutos. Luego vino el copo, “desprender” el anzuelo y finalmente limpiar y acondicionar la pieza.

   

   Los piques ahora comenzaban a espaciarse pero esto no impidió que pudiésemos concretar algunas otras capturas con peso promedio de dos kilos y medio.
         Mientras tanto, Marcelo y Mario montaban la parrilla de a bordo y condimentaban el fruto de nuestra pesca. El sol nos seguía regalando la calidez que se estrella sobre el agua y se hace reflejo. La paz del Delta que viene montada sobre el Guazú y río abajo se desparrama hasta convertirse en una paz salada y las bogas que seguían dando buena cuenta de nuestros cuadraditos de sábalo.
El almuerzo a bordo del “Portokali”  un placer especial. Es que desde que la pescamos hasta que  la boga estuvo servida en nuestros platos, no pasaron más de dos horas y, para quienes combinamos el disfrute de un buen pescado fresco a la parrilla con la impresionante sensación de comer lo que pescamos, hay pocas cosas que pueden darnos un placer semejante. 

La vuelta 

Terminamos con el almuerzo a eso de las 15,30. Volvimos al tema de la pesca pero las bogas habían dejado de picar. Durante una hora más tuvimos algunos piques muy espaciados. Aproximadamente a las 17, el ancla del “Portokaly”  deja de hacer cabeza en el fondo de barro del Guazú y la proa comienza a repartir el agua.
Si de alguna manera la luz podría convertirse en notas musicales, nuestro regreso no hubiese sido un regreso sino que se hubiera llamado concierto. Los hilos de sol que aún quedaban se descolgaban entre los árboles tejiendo los colores de las hojas: verdes oscuros, verdes claros, verdes más claros y de golpe anaranjado, otra vez los verdes y los ocres y amarillos que van ganado el monte. El rojo pareciera ser el color que más le pesa a las hojas porque algunas se reparten entre las ramas, otras se amontonan en la isla y el resto se desparrama en el agua.
Bajamos por el Las Palmas comentando las alternativas del día de pesca y tomando unos mates.
En el Vinculación, había “luces verdes y rojas “ navegando por todos lados. Evidentemente, había sido un muy buen día de Delta para muchos.
Las amarras esperaban al “Portokali” para acompañarlo en reparador descanso. Desandamos unos metros por las “marinas” que nos unen a tierra firme  y nos despedimos con la satisfacción de haber hecho una buena salida de pesca a por las “ bogas de otoño del lado entrerriano”.

SERVICIOS.
Nos embarcamos con Mauricio Oñate excelente guía de la zona, pueden ponerse en contacto con el vía mail mauricioonate@fibertel.com.ar o por teléfono al 4543-0476 , salimos de Benavides (bajar mapa del amarradero) donde se encuentra  “Gaucho” el  crucero con el cual realizamos la salida. Algunos datos del crucero:

Embarcación: Gaucho.
Eslora: 30 pies ( 9 Mts ).
Calado: 1 Mts.
Propulsión: Volvo Penta Marino.
Combustible: Gas Oil.
Tanques Combustible: 2 x 100 Lts c/u.
Motor Auxiliar: Johnson 15 hp.
Tanque Agua Potable: 1 x 100 Lts.
Instrumental: VHF ( comunicación Marina ).
  Ecosonda.
  GPS ( Sistema Posicionamiento Satelital).
  Compás.

 

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