| RELEVAMIENTO DE PESCANET |
| Fecha | Pesquero | Zona |
| 04-03-2002 | Delta | Buenos Aires |
Buen pique de bogas del lado
entrerriano.
Por Mauricio Oñate – Fotos: Maxi
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La noche anterior a la partida, Maxi hace un
llamado de último momento y agrega nuevo tripulante a nuestra salida. Su mamá
participaría de nuestra excursión de pesca.
El sábado a las 6 de la mañana, el “gaucho” ya estaba amarrado al muelle
esperando por sus nuevos tripulantes. A esa hora, el canal de las amarras
todavía está dormido, no hay movimientos a excepción de los pájaros que recién
despiertan, las gotas de rocío que se escurren sobre las carpas de los barcos y
las cubiertas de las lanchas que han sido “bajadas” la noche anterior y esperan
por sus pescadores; algún sábalo que cada tanto salta y rompe la superficie
dibujando anillos que se esfuman y siempre, ese saludo que ya me es familiar:
-“Mauricio!!!...cómo va eso?...a que hora viene esta gente?...vas tener un lindo
día hoy...para donde vas?”. Es Juan, el sereno de la guardería y mi compañero
ocasional de mateadas.
El Viaje
Cargamos un par de bolsos, la comida y la bebida a la heladera, las cañas atadas
en el techo de la timonera, la ilusión de un par de buenos días de pesca muy
adentro de cada uno de nosotros y las amarras sueltas que liberan al “Gaucho”,
Ya navegando el Lujan aguas arriba, se armó la primera ronda de mate y
anécdotas; el sol ya estaba arrancándole reflejos plateados al agua cuando
cruzamos el Paraná
de las Palmas. De subida por el Miní, comenzamos con el armado de un par de
líneas de flote que servirían para intentar con el dorado y quizás con los
cachorros.
Una vez en el Guazú, el “Gaucho” navegaba aguas arriba barrenando algunos trenes
de olas que venían por la popa.
Teníamos un par de días por delante y nuestra intención era probar en varios de
los minipesqueros que se suceden desde la confluencia del Guazú y Miní hasta el
Paraná Bravo.
Con el “Gaucho” a un cuarto de máquina, nos arrimamos a la costa y comenzamos a
buscar una canaleta que corre entre bancos de arena. Lentamente, el ancho y
despejado paisaje del Guazú, comenzó a cambiarse por un angosto arroyo con las
márgenes tapizadas por juncos, carrizales y camalotes. Un arroyo en donde cuando
el agua está baja, no entrás y si entraste, no salís. Una vez pasada la “barra”
que se forma en su entrada, la profundidad llega a alcanzar los 7 metros.
Seguimos navegando hasta un recodo con una profundidad de 5 metros y un ancho
navegable del arroyo de unos 10 metros. Es un paso obligado para los peces y si
estaban allí, íbamos a poder pescarlos.
La Pesca
A los pocos minutos del fondeo comenzamos con los primeros intentos. Algunas
líneas a fondo, con anzuelos chicos para buscar bogas y variada en general, otra
línea con plomo de 20 gramos, leader y anzuelo para dorado y un par de líneas de
flote , encarnadas con anguila y cascarudo.
El primer aviso de pesca, estuvo a cargo de Héctor, con una boga que pedía nylon
en sus corridas mientras Maxi iba apurando el arrime del copo. Un par de idas y
venidas y arriba la boga. La foto de rigor y a abrirla por el lomo, limpiarla,
envolverla y a la heladera.
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Héctor y la primera de la jornada. |
Maxi y Mauricio a la espera. |
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Mientras tanto, Beba obtenía un par de bagres amarillos
ideales para utilizar como carnada y Luis se mantenía atento a su línea de flote
encarnada con cascarudo. Maxi había tenido un pique casi imperceptible que
advirtió cuando quiso recoger su línea de fondo. Esta había sido lanzada hacia
el medio del canal y al momento de querer recuperar nylon, su anzuelo y su
carnada estaban metidos y enredados contra la vegetación de la costa. Esta forma
de comer, es clásica de las grandes tarariras que, toman la carnada suavemente y
muy sigilosas la llevan hasta su lugar de asentamiento para recién allí comer la
pieza capturada. Por más que intentamos zafar el enganche, la línea se cortó.
Decidimos probar sobre el mismo arroyo, esta vez un poco más arriba, en su
naciente con el Guazú. Este suele ser un buen pesquero de cachorros, tiene buena
sombra y en general, es uno de los pocos lugares en los que se puede estar
pescando tranquilo cuando el viento sopla fuerte del cuadrante sur/sur-este.
Las palometas comenzaron a hacer de las suyas y destrozaban las carnadas que
teníamos en las líneas de flote.
Los piques de bogas habían disminuido y el hambre de la tripulación iba en
aumento. Luego de las milanesas y ya que el pique se había cortado totalmente,
decidimos seguir nuestra navegación Guazú arriba. Ahora el viento había
aumentado y la superficie se había cubierto de corderitos (espuma blanca que
corona las olas y que usualmente se forma cuando el río está bastante picado).
Las posibilidades de pescar sobre el Guazú, ya se habían desvanecido. Había que
pensar en algún lugar para pasar la noche, reparado, tranquilo y con buenas
posibilidades de pesca.
Pesca Nocturna
Desde la confluencia del Guazú y el Bravo se ve, muy por encima del contorno
verde de los árboles, claramente recortada sobre el horizonte, la silueta del
segundo puente del complejo Zárate Brazo largo.
El “Gaucho” navegaba por el Paraná Bravo río abajo. En el Alférez Pages viramos
a estribor y seguimos aguas abajo buscando alguna costa reparada del viento y
que además fuese buen pesquero. Con las últimas luces del día, finalmente
encontramos nuestro lugar. Fondeamos, revisamos las líneas, las carnadas y de
nuevo a pescar.
Ni bien las estrellas comenzaron a colgarse del cielo, los piques se sucedieron
uno detrás del otro. Las bogas estaban acardumadas lo cual hacía que de a ratos,
las corridas fueran sostenidas.
La primera boga de la noche, estuvo a cargo de Beba. Hacía rato que sentía
pequeños tironcitos en su caña., esta vez le tuvo paciencia y la dejó comer
tranquila, la dejó que tome confianza. Casi, hasta se hacen amigas....Beba le
hablaba mientras esperaba el momento justo para dar el golpe de caña. La boga
seguía comiendo....de pronto, clavada y corrida. Corría la boga y corríamos
nosotros en la popa del “Gaucho”. Que si el freno está muy flojo, que si está
muy ajustado.....finalmente, en un par de minutos la boga entró en el copo.
Hasta el momento, era el pez más grande que Beba había pescado. En otras
salidas, siempre le daban un mojarrero.... y ahora entiendo por qué....si le
daban otra caña, los llenaba a todos de escamas!!!.
Foto, eviscerado de la pieza y a la heladera. Nuevamente a cortar carnada y a
seguir pescando.
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Beba y la primer boga de la noche. |
Mauricio con otra hermosa boga. |
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Durante buena parte de la noche el pique de bogas fue intenso.
En las cañas con
carnada grande, sobre todo en la que Maxi estaba usando, los piques eran más
espaciados, con corridas violentas y cortas, tan cortas que ni siquiera daban
tiempo a empuñar la caña, pero suficientes para mantener despiertos a quienes
tienen todas las ganas de pescar.
El viento seguía del sur y con el sol escondido detrás de la noche, la calma
fresca de los arroyos del delta, eran un regalo para los sentidos.
El tiempo iba pasando, medido en cantidad de piques. De a poco, las cuchetas
fueron ganando dueños y sueños. Solo Maxi y Luis seguían firmes a la espera de
que el río pague el premio a la perseverancia.
A eso de las cuatro de la mañana, Luis, quién había tenido una fe casi mística a
su línea de flote encarnada con cascarudo, de pronto se encontró con que en la
otra punta del nylon, un pez saltaba empeñado en liberarse del anzuelo. Estaba a
punto de obtener uno de los trofeos más buscados por los pescadores. Un dorado
daba pelea, que no es poca cosa. Esta emoción fue suficiente para convencerlos
que dormir una rato a bordo, no era tan malo.
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Maxi con una nocturna mas. |
Luis y el premio a la perseverancia. |
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Domingo de pesca y football
El Pages suele ser un buen lugar para pesca nocturna asi que, ni bien despuntó
el día, unos buenos cafés, limpieza de cubierta, arriba el ancla y de nuevo al
Guazú. El viento seguía complicando la pesca sobre el cauce principal y esto
hizo que volviéramos a buscar refugio en un arroyito que está un poco más abajo
de la naciente del Miní. El agua estaba muy clara, la pesca brillaba por su
ausencia, Beba volvió al mojarerro y después de un reparador almuerzo salimos
nuevamente en busca de las bogas.
La confluencia con el Barca Grande fue nuestra última parada de pesca antes del
regreso. El comienzo de los partidos de football iba marcando el avance de la
tarde y mientras algunas manduvas cazaban mojarras en superficie, Beba coronaba
su salida de pesca de fin de semana con otra boga parrillera. Es que en la
medida en que uno le va tomando el tiempo a la particular manera de picar de
este pez y al momento justo en el que hay que clavar, una vez que se encuentra
el cardúmen, se está en condiciones de hacer una pesca memorable.
Algunos piques más mantuvieron entretenida a la tripulación mientras se iba
haciendo la hora del regreso.
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Beba y su segunda Boga. |
Héctor, Maxi y Beba en la proa del “Gaucho”. |
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El momento de la vuelta a puerto, siempre tiene ese
sentimiento de melancólica alegría. Es una sensación difícil de describir; por
un lado uno sabe que debe regresar y que ese regreso es dulce, porque no hace
más que acercar la próxima partida. Por otra parte, noto que casi todas mis
tripulaciones coinciden en la parsimonia con que comienzan a guardar sus equipos
de pesca, como si de alguna forma de este modo hicieran más duraderos los buenos
momentos a bordo.
Cuando hicimos el cruce del Las Palmas, , ya brillaban, contra la magia del día
derrumbado, las luces de los cargueros fondeados en la zona de Escobar.
En la amarra, siempre hay alguien dispuesto a tomar el cabo que nos vuelve a
atar a la realidad de todos los días.
Los bolsos y las cañas vuelven del “Gaucho” al baúl del auto. Los pescados
listos para la parrilla a la heladerita de telgopor.
Llega el momento de despedirse y el agradecimiento mutuo por la agradable
compañía.
Las luces del auto que se alejan, suelto los cabos que me unen al muelle y
nuevamente a preparar al “Gaucho” para la próxima salida.
Un abrazo, buena pesca y hasta pronto.
Mauricio Oñate.
Guia de Pesca Deportiva.
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