RELEVAMIENTO DE PESCANET
Fecha Pesquero Zona
04-01-2002 Delta Buenos Aires

 

El delta – Pesca de Patíes.
 

Por: Mauricio Oñate.
 


La travesía

 

Por más que hace unos cuantos años que el “gaucho” y yo somos casi uno solo, cada vez que giro la llave de contacto y siento el ronroneo del diesel, no puedo evitar que una agradable sensación de placer me invada. Es un sentimiento que va unido al momento mismo de soltar amarras y sentirlo y sentirme libre, navegando e inventando espuma cuando la proa corta el agua.

Nuestro rumbo, el Paraná Bravo. Un río que nace del Paraná Guazú y desemboca casi frente a Nueva Palmira – Uruguay -. Es un río bastante ancho y junto con el Guazú, uno de los que mayores profundidades registran en la zona del Delta.

Es frecuentemente utilizado por buques de ultramar que ingresan por al canal del infierno – detrás de Martín García – y suben hasta San Lorenzo, Rosario, etc, etc.

Con las estrellas ganando el cielo dejamos el Paraná Miní, Guazú aguas arriba. A nuestra proa, se recortaban las luces rojas y verdes con destellos desparejos que indican las márgenes del canal – de subida, roja a estribor y verde a babor es la regla general para navegar por los canales -.

Nuestro ingreso al Bravo, lo hicimos por detrás de la isla La Paloma en cuyo ingreso sondamos 35 mts., este es un lugar que se insinúa como muy buen pesquero ya que la sucesión de pozos y corrientes encontradas hacen que se formen grandes remansos donde es frecuente ver a los Dorados detrás de los cardúmenes de Sábalos.

Una vez en el Bravo, bajamos hasta el río llamado Alférez Pajes, sobre la margen de estribor. Casi sobre la segunda curva y ahora sobre la margen de babor, hay un remanso bastante grande con aproximadamente unos 20 mts de profundidad. Fue allí donde decidimos fondear a pasar la noche y hacer nuestros primeros intentos e pesca.

Tema aparte, la paz que siempre nos regala el Delta. Era una noche sin luna y por suerte, lejos de la influencia del reflejo de Buenos Aires, las estrellas eran todas nuestras. El viento también se había dormido y mezclado con el canto de algún ave nocturna se podía escuchar el agua corriendo por debajo del casco.

 

A pescar ....

 

Armamos las líneas directamente sobre el nylon del reel, con plomos pasantes de 40 y 50 gramos – nuestra  intención era que las líneas trabajen dentro del “pozo” y sobre los veriles del mismo, por este motivo no podíamos poner plomo más liviano debido a que de hacer esto, la fuerza de la corriente sacaría las carnadas del lugar elegido.

Utilizamos anguilas enteras, con una sola pasada del anzuelo sobre el lomo para, de este modo, lastimarlas lo menos posible.

Las líneas al agua, la pava al fuego, el calor del verano derrumbado por la sombra de la noche y la ronda de mate que comenzaba a acompañarnos.

Como los piques de “los monstruos” con los que siempre soñamos los pescadores se hacían esperar, armamos un equipo liviano encarnado con pequeños trocitos de sábalo. Las bogas no se hicieron esperar y con sus clásicos toques nos tuvieron entretenidos un par de horas.

A eso de las 4 de la mañana y casi cuando el cansancio aceptaba la invitación del sueño, una lenta, pero sostenida corrida comenzó a componer “música” en la chicharra de una de las cañas encarnadas con anguila.

Era como si el pez que había tomado no tuviese ningún apuro, casi como si hubiese tomado la carnada con total indiferencia. Dejamos que la línea se tense, un firme y seca clavada, la caña arqueada y como si no hubiese pasado nada, el pez que nadaba hacia el centro del río. El peso se sentía y venía acompañado de algunos golpes de cabeza. Casi no hubo pelea hasta estar a unos 10 mts. del “Gaucho”. Entonces sacaba energía de algún lugar oculto y volvía a ganar el fondo. Esto pasó tres o cuatro veces. Era como si el pez se sintiera muy cómodo, a pesar del anzuelo, solo en la profundidad del pozón.

A los diez minutos, el pez comenzó a subir. Iluminamos lo que creíamos era el lugar en donde aparecería y apenas pudimos ver una enorme cabeza de Patí que, como si hubiese estado jugando con nosotros, dio un par de cabezazos más, abrió su inmensa boca, dejó la carnada y se fue nadando muy tranquilo de nuevo a la seguridad que le ofrece el fondo del río.

Nuestra adrenalina nos había despertado de golpe. De nuevo la pava al fuego, otra ronda de mate y las ganas de la revancha.

No habíamos alcanzado a cebar el segundo mate que otra vez, la chicharra del reel rompió la madrugada. Esta vez la llevada fue un poco más violenta, le dimos más corrida. Ya sin la chicharra y con el carrete del reel totalmente libre. El pulgar sobre el carrete transmitía cada movimiento del pez. Apretamos un poco sobre el nylon, dificultándole al pez lo que hasta ese momento era un bocado fácil. Dimos un par de pequeños tirones con la caña, como para dar la sensación que nuestra carnada quería escapar. El pez, dispuesto a no dejar pasar esta oportunidad, esta vez comenzó una llevada más enérgica que dejamos hacer, siempre con el pulgar sobre el carrete. Levantamos la caña, trabamos el reel y al compás de la corrida la fuimos bajando nuevamente. Una vez que esta estuvo paralela al agua, clavamos con fuerza unas dos o tres veces

Esta vez, nuestro pez se había puesto molesto, no paraba de dar cabezazos y otra vez comenzó a ganar el centro del río.

De nuevo comenzó el juego de arrimarlo y cada vez que se acercaba a la superficie, el freno del reel volvía a dejar correr la línea aguas abajo

Cuanto más te apurás, más rápido lo perdés. Eso lo leí alguna vez en algún lugar y a partir de ese momento y, después haberme apurado varias veces en mi vida, ese dicho pasó a ser mágico para mí.

Unos cuanto minutos de tira y afloje y el Patí fue subido a bordo. La balanza marcó 8 kilos. Los filetes hechos en milanesa resultan muy ricos y serían un almuerzo más que apropiado para una salida de pesca.

La fría y azul luz de las estrellas comenzó a apagarse cuando desde los álamos y los sauces los pájaros comenzaban a festejar la llegada del nuevo día.

El pique de patíes nos mantuvo entretenidos hasta media mañana. Los tamaños fueron más pequeños - entre 2 y 5 kilos -  y cómo ya teníamos uno para consumo no había necesidad de sacrificarlos.

 

Algunas particularidades

 

En el Delta hay muchos buenos lugares donde se pueden pescar patíes grandes. Si bien es un pez que se distribuye en todo nuestro estuario, pareciera ser que los grandes tienen preferencias por ciertas zonas, a saber: Los pozos del Barca Grande, el Canal Buenos Aires, El canal que corre entre las islas Oyavide y Solís, los pozos del Bravo y en general, todos aquellos lugares que posean buena profundidad y aguas relativamente limpias.

También es cierto que por suerte, en contraposición a otras especies, el patí es uno de los peces que ha ido aumentando su población y su tamaño en los últimos años.

Se lo suele pescar con anguila viva, filet de sábalo, mojarras grandes vivas y en menor medida con filet de boga, corazón vacuno, etc. etc.

Si bien los grandes portes se dan en las profundidades de los canales, no es nada raro que los seguidores del pejerrey “prendan” alguno de estos patisotes en sus lineas de tres boyas cuando hacen largos garetes por la zona de playa honda. Sobre todo si están buscando los Gran Paraná y las porciones de carnada con que encarnan los anzuelos son generosas.

La pesca del Patí, en líneas generales no es una pesca complicada. Usualmente los piques están; lo que puede llegar a ser muy frustrante es tener varios piques, arrimarlos a la embarcación o a la costa y cuando nos disponemos a levantarlos, estos abren su boca graciosamente y...adiós patí.

Para evitar estas pérdidas, algunos utilizan líneas armadas con dos anzuelos en donde colocan una anguila prolijamente estirada con un anzuelo en cada extremo. En lo personal, prefiero utilizar anguilas más chicas, un solo anzuelo y “jugarle” un poco para que se decida por fin a tragar la carnada.

Otro factor indispensable para acercarse más al éxito, es afilar los anzuelos muy a conciencia. Sucede que el Patí tiene la boca muy dura y normalmente no es un pez que trague la carnada de golpe. Daría la sensación que antes de tragar, mantiene la carnada mucho tiempo en su boca y si intentamos clavar en ese momento con anzuelos poco afilados, lo único que conseguiremos es arrimar el Patí, con la carnada muy apretada en su boca y sin el anzuelo clavado.

Si actuamos en sectores de río abierto, una pesca que suele dar muy buenos resultados es la pesca al garete – dejar que la embarcación sea arrastrada por la corriente o el viento -. En estas circunstancias, el pique del Patí, no siempre se manifiesta con una llevada. Digamos que en un 50 %, los piques se delatan por que la línea se afloja de golpe. El Patí viene comiendo a favor de la corriente, incluso a veces suele llevar más rápido que la velocidad de deriva de la embarcación, lo que hace aún más difícil la clavada. En estos casos, lo mejor es ir recuperando nylon hasta tener al pez casi debajo de la embarcación y recién ahí dar el golpe de caña.

 

El regreso

 

Ya a media tarde, nada mantenía al “Gaucho” fijo en un lugar. El ancla bien firme, sujeta en la delfinera. Remontar el Bravo siempre da placer; al “Gaucho” y a mi nos gusta mucho el Guazú aguas abajo, la ayuda de la corriente se hace sentir en el casco. La entrada al Paraná Miní siempre es una incógnita,  en la tercera curva está la “vuelta mala” – de bajada, sobre estribor hay un casco a pique que no se ve, es el “Alejandro Marco”. Los barcos areneros suelen anunciar su paso por canal 14 de VHF, solo queda un paso muy angosto sobre la margen de babor y jamás se cruzan en este punto. Pasan bien arrimados a la costa, la eco suele marcar pozos de hasta 12 mts.

El sueño había vencido a la tripulación que recién comenzó a salir de la cabina cuando cruzamos el Paraná de las Palmas.

Comenzaron los preparativos para el arribo; bolsos, cañas, cajas de pesca y la repartija de los filet que había quedado del Patí más algunas bogas que decidieron llevar para hacer a la parrilla – solo con sal y limón -.

El “Gaucho” se arrima al muelle, descargamos las cosas y como en todas las salidas, llega esa extraña sensación que hay que despedirse de quienes hasta hace unos minutos eran mi tripulación.

Otra vez vamos hasta la amarra y desde la cabina del “Gaucho” todavía se escuchan los ecos de las anécdotas de la salida. Una vez amarrados, apago el motor, miro hacia la popa y me parece volver a escuchar el sonido, casi música, de las chicharras de los reeles sonando con la llevada de algún pez.....serán los duendes que habitan a bordo o solo el deseo de volver a salir a navegar y pescar otra vez .....

Amigos, que tenga mucha suerte, buena pesca y hasta pronto.

  

Mauricio Oñate excelente guía de la zona, pueden ponerse en contacto con el vía mail mauricioonate@fibertel.com.ar o por teléfono al 4543-0476.

 

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