RELEVAMIENTO DE PESCANET
Fecha Pesquero Zona
28-06-2001 En el Río de la Plata Buenos Aires

Primeros intentos tras el Gran Paraná


Por: Gonzalo Fernández Pastor

Muchos amigos nos recomendaban hacer los primeros intentos en el Río de la Plata, a pesar de que el Gran Paraná todavía no hizo su aparición. Les hicimos caso y ésta fue nuestra experiencia.

Nos encontramos con Claudio Arroyo a las ocho de la mañana en Tigre, donde él guarda su embarcación. Nos dirigimos a la zona de San Fernando, lugar en el que nos encontramos con amigos y asiduos pescadores del pejerrey en los ríos de la Plata y Paraná. Todos nuestros amigos nos recomendaban la zona del Paraná Guazú y el Bravo, pero un viejo conocedor nos invitó a seguirlo a la zona de Playa Honda, ya que, según él salían los mismos pejes que en el Guazú y era más corto el viaje.

Como el tiempo no estaba muy bueno para la navegación nos decidimos por la segunda opción con la esperanza de dar con uno de esos matungos con los que soñamos los días anteriores. Navegamos por más de dos horas hasta unos treinta kilómetros desde San Fernando. Fuimos por el canal costero hasta la basílica de San Isidro y desde allí con dirección nordeste hasta el Canal Mitre hasta la boya 32,5. Seguimos por el canal hasta la boya 25,2 y desde allí volvimos a tomar rumbo nordeste por unos ocho o diez kilómetros más.

El día estaba totalmente nublado con permanente amenaza de lluvia y con un viento sur oeste que generaba un oleaje importante. Ni bien llegamos al lugar atamos el ancla al revés, para que nuestro garete sea más lento, aunque sabíamos que esto no es lo mejor ya que levanta sedimento del suelo y perjudica las condiciones del pique. Pero nos habíamos olvidado el ancla de capa que es un embudo de tela que permite un garete lento.

Una vez preparada las cañas pusimos la botella de aceite de pescado con un pequeño agujero para que el cebo caiga de a una gota en el agua y genere una calle por donde debíamos poner nuestras boyas a la espera de un pique. Las brazoladas no superaban los 40 centímetros y nuestra línea era de tres boyas sin boyón impulsor.

El pique no se hizo esperar, en la segunda pasada de boyas y a unos 50 metros de la embarcación clave mi primer pejerrey y ni bien vi como se movía la boya supuse que debía ser de un tamaño pequeño lo que fue confirmado en cuanto dejó ver su figura saltando fuera del agua. Era el primero y eso nos ponía contentos, pero el tamaño no era para nada alentador y al no superar los 25 centímetros lo devolvimos al agua como corresponde, luego de tomar las primeras fotos del día.

Como habíamos llegado muy tarde a la zona, y la vuelta la teníamos que hacer temprano por las malas condiciones del tiempo, no queríamos desaprovechar ni un minuto. No pasaron más de 20 minutos y apareció el segundo pique y el primero de mi compañero; éste apenas alcanzaba la medida mínima. El tercer pique se dio a unos 60 metros de la embarcación donde a las boyas cuesta divisarlas y más con la marejada que había. La clavada fue certera; un poco por intuición y otro poco por suerte.

Luego de garetear unos 1.500 metros decidimos remontar el río hasta el lugar donde nuestro GPS (navegador satelital) nos indicaba que había sido nuestro lugar de inicio. Al pasar por el lugar en el que se había detenido la otra lancha preguntamos por el pique y nos comentaron que sólo habían tenido uno y que creían que estaba muy flojo.

En la segunda pasada el viento soplaba con mayor intensidad lo que presagiaba que nuestra pesca no mejoraría. Agrandamos los agujeros de la ceba y volvimos a dejar derivar nuestras boyas chupetonas por la calle de aceite, siempre manteniendo el pick-up abierto y con la mano sobre el carretel preparado para clavar en cualquier momento. Los piques seguían siendo espaciados pero sí se daban entre los 30 y los 40 metros de nuestra embarcación; el tamaño mejoraba un poco llegando algunos a los 30 centímetros.

Con la esperanza de dar con algún matungo, y luego de una distracción de Claudio buscando algo dentro de la lancha, al levantar la cabeza y no encontrar sus boyas, que estaban a unos 70 metros, clavó y empezó a recoger. Las boyas no aparecían y la caña telescópica se arqueaba a punto de romperse. Comenzamos a festejar antes de tiempo aunque el pique tiraba para abajo y no hacía ninguna corrida para los laterales como nos tiene acostumbrados el Gran Paraná.

A un par de metros de la embarcación arrimé el copo y en la primera boya apareció un pejerrey pequeño, mientras la última permanecía aún hundida. Ni bien acercó Claudio a la boya introduje el copo por debajo y la sorpresa nos inundo. Era un patí de unos cinco o seis kilos de peso que había picado a flote. Nos reímos un rato y seguimos con los piques de pejerreyes pero ya se mezclaban con dentudos grandes y algunos patíes pequeños.

Retornamos al punto de partida y esta vez sí los piques se daban con más asiduidad, incluso a los tres o cuatro metros de la embarcación. Debemos decir que el pique comenzó a mejorar cuando empezó a crecer la marea. El viento volvió a intensificarse anunciando que debía terminar nuestra jornada de pesca en el momento que mejor se daba el pique.

De regreso, haciendo un balance positivo de la jornada, con unos 25 pejerreyes en el tacho y habiendo largado más de diez que no daban la medida, prometimos volver por los de gran tamaño.

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