RELEVAMIENTO DE PESCANET
Fecha Pesquero Zona
22-11-2001 Paraná Guazú Buenos Aires

En la desembocadura del Paraná Guazú

Una gran salida con muchas emociones.

Por Gonzalo Fernández Pastor.

 


Realizamos la salida de pesca junto a Julio Cestau, el ganador del concurso
una salida de pesca con el equipo periodístico de PescaNet, donde prevalecieron
 las emociones fuertes. Nosotros obtuvimos bogas
de muy buen tamaño, unos piques de tarariras de más de cuatro kilos
que nos cortaron pegado al bote. Sin embargo la tararira gigante la sacó
la embarcación de nuestro amigo y reconocido guía de la zona Hugo Iglesias.

            Luego de suspender nuestra salida en varias oportunidades por problemas climatológicos, quedamos en encontrarnos en Tigre con el ganador del concurso por una salida de pesca realizado en el sitio de Pescanet.

            Ni bien llegó Julio, y luego de las presentaciones correspondientes, emprendimos la marcha junto con mis compañeros de pesca Lionel y Claudio. Nuestro destino era el Hospedaje el Sol que queda en el arroyo Naranjo y el Paraná Guazú. Luego de una hora y media llegamos al complejo con las últimas gotas de luz. Allí nos esperaba Omar Orfao, propietario del mismo, con la comida preparada y la cama lista.

            A las cinco de la mañana nos despertaron y sin perder mucho tiempo nos dirigimos al sector de pesca. Llegamos a la boya roja que marca el kilómetro.124 del canal del Guazú, en la desembocadura con el Río de la Plata, y comenzamos nuestra actividad en una zona de unos 30 pies de profundidad.

            Lionel, fiel a su estilo, comenzó con la primer ronda de mates y las galletitas mientras todos recibíamos toques en nuestras líneas pero no lográbamos clavar nada.

            Creí que tenía un anzuelo demasiado grande y decidí cambiarlo. Volví a encarnar como me enseño Luis Reverdito y ante el primer pique franco clavé. Mi caña se tensó pero el pique no parecía ser de bagre aunque daba mucha pelea. La sorpresa fue ver a una boga de unos tres kilos que había picado con calamar.

Inmediatamente Claudio y Julio cambiaron sus líneas por unas bogueras y encarnaron con chorizo colorado, mientras Lio y yo seguimos intentando con el bagre de mar. A media mañana sólo habíamos levantado algunas bogas y un bagre blanco pequeño y al no tener respuesta con el bagre de mar decidimos cambiar  e intentar en los arroyos alguna captura de tarucha.

 

Llamamos a Omar por radio para que nos recomendara un lugar y nos tiró dos arroyos. Prueben en el Ceibito o el Camacho, nos dijo. Nos decidimos por el Camacho y nos internamos unos mil metros en busca de camalotes o juncos, aunque el lugar elegido fue la desembocadura de un arroyito.

Lanzamos toda nuestra artillería, dos cañas a flote encarnada una con mojarra y anguila la otra, y tres cañas a fondo con morena, anguila y mojarra como cebos. Todas en distintas direcciones. Nos comunicamos con Hugo Iglesias para ver como le estaba yendo, ya que él estaba gareteando el Guazú cerca de los juncos con equipos de flote para intentar con los dorados. Y le pedimos que ni bien tuviese alguna respuesta nos avisara.
Luego de un buen rato de no tener ninguna respuesta ya nos estábamos desesperando cuando la boya de Lio comenzó a moverse lentamente. Todos atentos, Lio caña en mano y ante la primer corrida una clavada certera. El pique era de tararira aunque no se dejaba ver pero cada vez que se acercaba a la superficie se notaba su gran tamaño. Ya a unos tres metros de la embarcación se dejó ver lo cual nos puso nerviosos a todos. Era enorme, la más grande que ví en mi vida y de lomo azul. Sí, iguales a las de Uruguay, pero en nuestro delta. Pero todas nuestras ilusiones se desvanecieron cuando la tarucha al vernos realizó una de sus piruetas y se escapó.

Uno a cero. Muchas puteadas en la embarcación pero enseguida volvimos a encarnar y otra vez a esperar. Nos comunicamos con Hugo y le contamos. Como él no había tenido respuesta nos dijo que seguro se daba una vuelta e intentaba con las taruchas.

Unos dos piques más sin poder clavar y en el tercero Claudio lo hizo. Su línea buscó profundidad y comenzó la pelea. Otra vez parecía ser de las gigantes. La pelea duró unos 15 minutos sin poder verla siquiera. Cuando logró acercarla a la embarcación y se pudo ver su magnitud todos quedamos atónitos en el primer momento para volvernos locos rápidamente. Interiormente sentía que no se nos podía escapar. Al ponerla sobre la banda de babor intentamos introducirla dentro del copo pero la sorpresa fue que no entraba. Intenté agarrar el líder y levantarla pero en ese momento se asustó, pegó un cabezazo y se fue.

Dos a cero y la desilusión nos embargaba. Se hicieron las dos de la tarde y por unanimidad decidimos quedarnos y seguir intentando ya que no nos podíamos ir sin sacar una.

Continuaron los piques aunque no muy francos. Las taruchas recién se están despertando y es por eso que los piques comenzaron después del mediodía cuando el sol calienta más. Los piques eran de ejemplares grandes por como nos dejaban a nuestras anguilas.

Comenzamos a recibir llamados de Hugo los cuales respondíamos pero él no nos escuchaba. Le pedimos a Omar que tiene una base que nos hiciera de puente, pero evidentemente su equipo se había roto.

Seguimos intentando en el Camacho hasta la hora en que emprendimos el regreso. Pasamos por lo de Omar a saludar y agradecer y volvimos a Tigre con la idea fija de volver a intentar.

El domingo por la tarde recibí el llamado de Hugo que me increpaba porque no le respondí la comunicación por radio y le expliqué que su equipo estaba roto. “Te llamaba para que veas el monstruo que había sacado”, me dijo. Una tararira de siete kilos y medio. Cuando lo escuché me quede mudo. Y luego de unos segundos sin que ninguno dijera una palabra agregó: “No te preocupes igual le saqué unas fotos para vos”.

El monstruo, como lo llamó Hugo, midió 73 centímetros y lo pescó Sebastián Jarlip,  de Villa Urquiza, quién tuvo la suerte de principiante, en el Ceibito, en el otro arroyo que nos había recomendado Omar. Le dio una terrible pelea pero su partido, en definitiva, lo ganó él.

Las grandes tarariras de lomo azul se van a activar mucho más  con la llegada del verano y los calores. Es una posibilidad que no hay que perderse. Pelear con un gigante no es cosas de todos los días y mucho más si está en nuestro país. Por eso, “Mejor Argentina”.

 

 

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