| RELEVAMIENTO DE PESCANET |
| Fecha | Pesquero | Zona |
| 13-11-2001 | San Pedro | Buenos Aires |
Taruchas Sanpedrinas
Aprovechando los primeros calores, hicimos nuestra primera visita de temporada a San Pedro, buena pesca de tarariras.
San
Pedro sigue siendo un ámbito de Tarariras por excelencia. Cuando José Iturbi,
propietario del complejo
Cabañas “Los Lobos”, nos invito para realizar una salida de pesca, nos
advirtió que las condiciones del río no eran las ideales, pero que igualmente se
estaba dando un buen pique de Taruchas.
Llegamos a San Pedro una mañana muy calurosa, nos recibió Sebastián, prepárense
que ya los llevo hasta la isla, mi viejo esta con unas personas pescando desde
ayer, por lo que me dejo encargado que los traslade. Dicho esto nos encaminamos
al club de pescadores desde donde partimos, hacia la isla en una de las
embarcaciones de las cabañas.Como el día estaba esplendido, lo mismo le ocurría
al río, por lo que los treinta minutos de navegación que separan a los Lobos de
la ciudad de San Pedro transcurrieron, rápidamente y así casi en una abrir y
cerrar de ojos estábamos descargando los equipos en el muelle de las
cabañas.Sin perder tiempo armamos los equipos de spinning apresurándonos por
iniciar la pesca.Nuestros primeros lances con los artificiales los realizamos en
la boca de un arroyito de aguas bastante oscuras que desagua los campos en el
arroyo Los Lobos, y que divide en dos el predio de complejo.
Las señales de actividad de estos voraces cazadores son casi imperceptibles,
solo delata su presencia algo semejante a una vibración por debajo del camalotal
que bordea la salida de agua.
Lanzamos nuestros engaños, y comenzamos con nuestros movimientos de tracción
lentos, cuando de pronto uno de esto peces se traba en lucha con el señuelo
tratando de ganar la corrida y llevarlo debajo de los camalotes, José, practico
para estas cosas, no deja que la tararira se salga con la suya y la arrima a la
costa, si bien este primer ejemplar se mostró muy combativo, su tamaño era más
bien tirando a chico, por lo que rápidamente fue devuelto a su ambiente natural.
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Seguimos lanzando en los limpiones de la costa, esos ojos de agua que se forman
en el camalotal tupido pero no tuvimos suerte. Luego de andar observando, no
dimos cuanta que los peces no estaban en los limpiones, donde nosotros
inútilmente hacíamos trabajar a nuestros señuelos, ni en el borde donde termina
la vegetación y empieza el cauce limpio del arroyo, las Tarariras se estaban
moviendo entre la maraña formada por las raíces de los camalotes, y de las
algas, que lo ayudan a escapar y le sirven de escondite para acechar a las
desprevenidas presas que caen en los diminutos agujeros de esa intrincada red de
hojas, tallos y raíces.
Observado esto, tuvimos que cambiar la metodología de pesca, ya que era
imposible hacer trabajar nuestros señuelos de manera ortodoxa en semejante
matorral, había que buscarle la vuelta a la cuestión.
Mi compañero de equipo encontró, como es su costumbre en los temas de pesca, la
solución, me dijo: Leo no vamos a cambiar los señuelos lo que vamos a hacer es
pescarlas como si estuviéramos pescando ranas o mojarreando así evitaremos los
enganches, cuando dejes caer el señuelo entre los camalotes comenza a moverlo
con golpecitos cortos, acordate si alguna vez de chico pescaste ranas, hacelo
de la misma forma.
Las tarariras además pegar una corrida tratando de llevarse el señuelo, además
abren la boca y se retuercen tratando de trabarse en la vegetación siguió
diciendo José, así que para evitar que te corte la línea o que te haga un
enredo, cuando claves trata de hacerlo en forma vertical, bien para arriba, y
deja la caña bien alta por unos momentos tratando de que la presa se canse.
Si bien en una primera impresión esta modalidad de pesca, pareciera un juego
como lo era para nosotros de pequeños el ir a pescar ranas a un canal, esto no
funciona de este modo con las tarariras, el éxito de la pesca radica en la
elección del engaño, dado que este no trabaja como debiera, ya que no puede
desplazarse y cumplir su función de la manera para la que fue diseñado, además y
algo muy importante la agudeza tanto visual como practica para localizar a las
presas y ser preciso con nuestro tiro, ya que sabemos que un error y un ruido,
nos conducirá a una espera para que estos desconfiados cazadores regresen a sus
lugares.
De esta manera, logramos capturar algunas tarariras, y muchas otras se escaparon
cosa que suponíamos seguramente iba a ocurrir.
Como verán en las fotos los portes de la taruchas, no fueron excepcionales pero
si dieron una buena lucha, pese a la modalidad de la pesca, siempre se
esforzaban, como luchadoras y cazadoras que son, nunca se entregan fácilmente.
Insistimos un buen rato con esta pesca hasta que el “Bataraz”, tal el apodo José
Iturbi, propietario del complejo nos llamo para compartir un asado, para esto ya
había transcurrido una hora larga después del medio día.
Luego de compartir el almuerzo, continuamos con nuestra tarea, pero ya no lo
hicimos con las tarariras sino que intentamos una pesca variada en el muelle
mismo de las cabañas, allí de acuerdo a la carnada que utilizamos fueron
diferentes las especies que capturamos, primero arrancamos con trocitos de
corazón, y las primeras en visitar nuestros anzuelos fueron las palometas, de
buen tamaño y muy voraces como de costumbre. Cambiamos por el corazón, por
cubitos de salamín, y con estas carnadas capturamos algunas bogas de mediano
porte.
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Al final de la jornada, el balance fue positivo, buena cantidad de tarariras, si bien no de muy buen tamaño, pero que se completo con una linda pesca variada desde el muelle como para divertirse.
José Iturbi, nos invito para que volviéramos a visitar el complejo a finales de noviembre o en los primeros días del mes siguiente que ya estaremos en plena temporada, que ahí capturaríamos tararíras de mayor porte, y algunos dorados.