| RELEVAMIENTO DE PESCANET |
| Fecha | Pesquero | Zona |
| 11-10-2001 | Santa Elena | Entre Ríos |
Doradillos y Armados en Santa Elena.
por “Leo” Azcárate
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Santa Elena es una localidad que conoció en otras épocas las bondades de la concurrencia de los pescadores deportivos, recibió aluviones de pescadores que en sus automóviles, o en micros fletados por peñas se afanaban por llegar a esta meca de la pesca deportiva.
Cuando esto ocurrió corrían los años 70´ y este furor se extendió hasta entrado el primer lustro de la década del 80´, para luego decaer, llevando a Santa Elena a un profundo olvido del que solo salía al ser renombrada una y otra vez en las interminables anécdotas que los pescadores compartían en un asado, recuerdo a mi tío Bernardo, aquel hombre que cuando yo no era más que un niño me infundió el amor por este deporte, recordar las hazañas pesqueras en las costas de este pueblo entrerriano donde se pescaba de costa, si de costa como les digo, Dorados y Surubíes de portes excepcionales ahí nomás donde el frigorífico vertía sus desechos de sangre y grasa de la faena diaria formando un cebadero.
Pero como ocurre muy a menudo, Santa Elena que había crecido entorno a aquel frigorífico, que le dio vida económica y fama de gran pesquero, presencio la muerte lenta del gigante que hoy aparece como dormido, custodiando al rió desde lo alto de la barranca, el frigorífico cerro sus puertas, se termino el cebadero y sumado esto a las demás calamidades que soporta nuestro río Paraná, Santa Elena dejo de ser a criterio de los pescadores un destino atractivo para nuestro deporte.
Ante este panorama, nos pusimos en campaña para llegar a Santa Elena tal vez solo con el fin de despertar aquellos recuerdos de viejos pescadores, ver como es su realidad actual, si es verdad que todo paso, que si solo recuerdos son los que puede brindar este lugar o puede brindar otro tipo de emociones al pescador algo más que desgastadas anécdotas.
Nos contactamos con Carina Sphan, Coordinadora de Turismo de Santa Elena, quien enseguida se mostró interesada por nuestra intención de visitar su ciudad, una vez que tuvimos todo dispuesto emprendimos marcha hacia este enclave entrerriano con la ansiedad de descubrir cual era la realidad actual del lugar.
Llegamos promediando una mañana con el cielo poblado de nubarrones que presagiaban agua de manera inminente, recorrimos las calles y como Carina nuestra anfitriona se encontraba muy atareada, en la organización de nuestra estancia en el lugar, después de almorzar nos propusimos hacer unos lances en la costanera donde esta el frigorífico, allí nos encontramos con una familia de la localidad bonaerense de Lomas de Zamora, estaba pescando, les preguntamos como andaba la cosa y nos respondieron que venían de pescar en Bella Vista , entramos de paso, y el nene quiso pescar un rato de costa, miren compramos una docena de morenas y capturamos once doradillos, en ese momento Matías Mendoza el pequeño capturaba su dorado numero doce, que pese a no dar la medida llenaba de regocijo la cara del precoz pescador.
Por esas cosas que tiene la pesca no tuvimos la misma suerte que los Mendoza, solo obtuvimos dos capturas de doradillos, el pique se corto conforme desmejoraba el tiempo por lo que enfundamos nuestros equipos esperando la próxima jornada.
Por la mañana nos encontramos en la costanera donde esta la bajada de lanchas, allí no esperaba una embarcación son Miguel Santa Cruz y Gustavo Martínez ambos guías de la zona dispuestos a llevarnos a pescar.
Dorados en Spinning y con Mosca
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Salimos del muelle con rumbo al kilómetro 710 del río Paraná aguas abajo de Santa Elena hasta el sector conocido como de la Piedra Mora situada a unos 18 kilómetros del lugar desde donde partimos, la piedra es una extraña formación rocosa que según los lugareños podría tratarse de un meteorito que en épocas de rió bajo como en la actualidad aflora de las aguas y se puede pescar parado en ella.
Amarramos la embarcación a la roca y desembarcamos dispuestos a probar suerte, José Luis intentaría con las moscas en un lado de la piedra mientras que yo lo haría con señuelos en spinning en el lado opuesto.
El primero en tener suerte fui yo, con un señuelo de media agua, lance y comencé a recoger, mientras lo hacia miraba como venia el señuelo cuando de pronto un borbollón acompañado con un fuerte tirón en la línea, lo clavo y comienza mi lucha por traerlo, danza de saltos y volteretas del pez por escapar, y fue en uno de esos saltos que el Dorado logro su cometido y escapo, mala suerte porque en su fuga también se llevo mi artificial.
Al recoger mi línea pude comprobar lo ocurrido, el pez en su desesperado intento por liberarse se interno entre las piedras provocando que el nylon de mi reel se mellara cortándose por lo que el Dorado no solo se llevo mi señuelo sino además mi líder.
José seguía con sus moscas lance tras lance, cuando esta caía al agua la dejaba derivar un trecho y luego recogía para evitar el seguro enganche con alguna de la numerosas formaciones rocosas que no salían a la superficie, pero que dada la transparencia del agua se las podía observar con facilidad.
La perseverancia de mi compañero de pesca fue recompensada, me doy vuelta y desde mi posición veo su caña en alto, al mismo tiempo dirijo mi mirada al agua para ver un dorado saltando, la tarea por traerlo le demanda a José un buen rato. El ejemplar podrán apreciarlo en las imágenes que acompañan a la presente, eran de buen porte, además se mostraron extremadamente combativos.
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José con sus moscas logro capturar dos ejemplares que devolvimos al agua, en tanto que yo con mis señuelos solo tuve suerte de capturar uno y de porte algo más chico.
Armados, una Pesca Diferente
Como las condiciones del clima desmejoraban, los guías nos propusieron ir en busca de los Armados, una pesca diferente a la que estábamos realizando pero muy interesante y deportiva.
Desde la Piedra Mora, continuamos con nuestro derrotero aguas abajo, pasamos por la boca del Río Feliciano, y de ahí el guía puso proa a un isla conocida como el Islote de Los Chanchos, ahí se encontraban los pozones donde habita el Armado.
Con las indicaciones de los guías armamos los equipos, tanza 40, anzuelo pata larga y plomada de 120 gramos para llegar rápido al fondo, ya que en el sector hay muchos enganches y si en el lance uno le erra al pozon la línea con un plomo liviano deriva mucho y es enganche seguro.
La carnada es un tema aparte, nos dice Miguel, normalmente pica con masa, pero en estos días anduvo picando con frutas, rodajitas de pomelo y naranja, yo acá les prepare una masa vamos a ver si se tientan.
Le pregunte como preparo la masa a lo que me respondió esta es una simple harina de trigo , kepchup y agua, para reforzarla, y que no se deshaga al contacto con el agua, en el interior cuando la amasamos le colocamos pedacitos de guata o de algodón.
Culminados todos los aprontes líneas al agua y a esperar, el pique del Armado no es para nada sutil, un tirón brusco y se fue, así que si uno no esta atento es grande la probabilidad que el pez se lleve la carnada.
Como si fuera por decreto el primer pique y captura lo tiene José, que trabajo un buen rato para arrimar la pieza a la lancha.
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El resto de la jornada continuo entre pique y pique, demostrando que la cantidad de Armados es muy buena, aunque todavía no es la temporada afirmaron casi al unísono los guías, si se dan una vuelta por acá en noviembre cuando se realiza la Fiesta del Armado Entrerriano, o tirando a diciembre el pique y el porte de las piezas los va a sorprender.
Como la lluvia se hizo más intensa, y la pesca estaba hecha decidimos emprender la retirada, almorzar para reponer fuerzas, y emprender el regreso.
Nuestro balance sobre Santa Elena, es positivo, este pesquero no esta muerto por el contrario se pueden realizar buenas pescas, eso si, no esperen poder cobrar uno de esas piezas de porte importante que matizaban las anécdotas de los pescadores, pero como recompensa tendrán la diversión asegurada, complementado con un entorno de apacible naturaleza ideal para visita en familia.
Nos
vamos de este pesquero entrerriano que tantas satisfacciones dio a pescadores
como mi tío Bernardo, o al Padre de José, con la satisfacción de haber
desenterrado un recuerdo que para nuestra sorpresa sigue tan vivo como entonces.