| RELEVAMIENTO DE PESCANET |
| Fecha | Pesquero | Zona |
| 06-08-2001 | Laguna Chasicó | Buenos Aires |
Laguna de Chasicó
Por Gonzalo Fernández Pastor
El tiempo no nos acompañó esta vez en
la laguna de Chasicó. Mucho frío y un viento muy fuerte, se complementaron
para hacernos la vida imposible. Las olas eran terribles. A pesar de ello, en el
poco tiempo en que pudimos pescar sacamos buenos pejerreyes porque el espejo
está bien poblado.
En busca de capturar algunos de esos matungos que pueblan la laguna de Chasicó salimos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en el día más frío del año. Esta laguna, tan grande en extensión como generosa en cuanto a la calidad y cantidad de sus pejerreyes, nos recibió para hacer un nuevo relevamiento.
Mis compañeros de viaje en esta oportunidad fueron Claudio Arroyo y Miguel Martín, dos grandes amigos y compañeros de batallas. Luego de recorrer los casi 800 kilómetros llegamos a la madrugada y nos dirigimos al "Parador Don Berto", donde nos hospedamos todo el fin de semana.
Antes de acostarnos ya nos rondaba una mala sensación con respecto al fuerte viento que había, aunque el servicio meteorológico anunciaba buen tiempo. Ni bien nos levantamos visitamos a Roberto Schön en busca de carnada, y luego rumbo a "El Matungo" de Miguel Blanco, quién nos tenía preparado un bote de 4,30 metros con un motor de 18 caballos de fuerza.
Uno de los hijos de Blanco nos advirtió que se iba a levantar viento y que lo mejor era que entremos a pescar cuanto antes si queríamos aprovechar un rato de pesca. Nos subimos a la embarcación y nos dirigimos al centro de la laguna. Preparamos nuestras cañas y todos comenzamos con líneas de paternoster.
Miguel tiró el ancla de tal forma que la embarcación hiciera un garete lento. Acomodamos nuestros paternósteres, cada uno a profundidades distintas, para poder dar con los pejerreyes lo más rápido posible.
Miguel tuvo el primer pique en el último anzuelo, a unos diez metros aproximadamente. Como era el que más abajo tenía la línea, decidimos con Claudio bajar las nuestras un poco más. Para ese entonces el viento soplaba con mayor intensidad, lo que provocó que soltáramos un poco más de cabo para que el ancla nos frenara más.
El segundo pique no se hizo esperar y fue en la caña de Claudio. Esta vez, un pejerrey de unos 47 centímetros, muy gordo. Luego siguieron algunos piques más en cada una de nuestras líneas, con pejerreyes entre 40 y 45 centímetros. Cuando el viento nos hizo imposible seguir pescando decidimos dirigirnos a un reparo, detrás de la Isla Quebrada del Hacha. Cuando llegamos ya había algunos botes y en el transcurso de media hora ya todas las embarcaciones quedamos a reparo.
Estuvimos unas dos horas sin tener un pique y decidimos movernos. Como todo el mundo se movía nos dimos cuenta que nadie había encontrado el pique. Nos acercamos hasta la zona del Vivero y luego nos metimos en la boca del arroyo, pero tampoco tuvimos resultados.
Alrededor de las tres de la tarde y cuando ya no nos quedaba mucho tiempo decidimos ir por entre unas islas, por la zona del embarcadero de Guete, en busca del lanchón que maneja uno de los hijos de Blanco. Cuando llegamos vimos como tenía piques uno detrás del otro. Nos arrimamos lo más posible pero sin molestarlo.
Lanzamos nuestros aparejos y los piques no se hicieron esperar. Parecían que estaban todos escondidos en este lugar. Los pejerreyes siempre de buen tamaño, aunque esta vez salieron algunos también en la línea de flote.
Volvimos al embarcadero luego de atravesar las enormes olas que había en la laguna. Este espejo, que tiene infinidad de bondades, también tiene su karma, el viento es sin duda la mayor preocupación de los pescadores y los concesionarios de botes. Las nueve mil hectáreas de gran profundidad se convierten en un mar cuando el viento produce olas superiores a los dos metros.
Cuando nos dirigimos a comer en "Don Berto" el chivito a la parrilla que tenían para la noche, consultamos si el viento iba a bajar su intensidad para el otro día y la respuesta fue tajante: no.
Al día siguiente nos
levantamos y desayunamos mirando como el viento movía con toda su fuerza las
copas de los árboles. Esperamos hasta el mediodía y como no aflojaba, solo
preparamos las valijas y regresamos a Buenos Aires con la idea fije en volver
tras algún pejerrey de los grandes que hay en esta laguna.
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