RELEVAMIENTO DE PESCANET
Fecha Pesquero Zona
05-10-2001 El Delta Buenos Aires

Buena Pesca de bogas en el Delta

Por Mauricio Oñate.

            Navegábamos de madrugada, con las sombras como compañía. Unos mates y la charla de pescadores, siempre animada, iba haciendo crecer las ganas de un buen día de pesca.

            Los primeros reflejos de un sábado que se levantaba con pocas ganas de sol, cruzaban el Paraná de Las Palmas junto con nosotros.

Casi sin darnos cuenta, navegamos el canal La Serna, el Canal Cuatro y pusimos proa al Paraná Miní aguas abajo. Ya con el río de la Plata a la vista comenzamos a preparar  los equipos. Cañas cortas, plomos pasantes de entre 10 y 30 gramos directamente sobre el Nylon del reel, un esmerillón y brazolada de unos 35 a 40 centímetros, rematada con pequeños pero afilados anzuelos “bogueros”.

 

Sobre la desembocadura, el horizonte casi sin límites , solo interrumpido por el contorno de los juncales que preceden la isla Oyarvide sobre la amura de babor,  y el fuerte viento del cuadrante Este nos daban la bienvenida.

Si bien la intención era intentar con las Bogas sobre los bancos  Miní afuera, los casi 25 nudos constantes del Este hicieron que buscáramos reparo en uno de los arroyos que, por correr transversal al viento y tener las costas tapizadas de Sauces, nos daba esa típica paz que siempre regala nuestro Delta.

Fondeamos cerca de una de las paredes de juncos, con dos metros de agua bajo el casco, un ejército de nubes desfilando sobre nuestras cabezas y un penetrante “olor” a sábalo que hacía suponer que estábamos en el lugar apropiado.

 

La pesca

  Primer línea al agua, encarnada con pequeños cortes de sábalo. La segunda, con corazón vacuno. Apenas diez minutos desde que fondeamos y el río, siempre generoso, nos regaló lo que a partir de ese momento y hasta nuestra hora de regreso, sería una fiesta de pique constante.

            Las Bogas , en promedio, no superaban el kilo y medio; tomaban las carnadas con los clásicos tironcitos cortos que obligan a cada pescador a “buscar” el momento justo para efectuar la clavada.  Cuando los piques se concretaban, las corridas laterales, los cambios bruscos de dirección y algunos saltos, daban un toque especial a las capturas.

            Si los lances se hacían bien pegados a los juncos y debido a la poca profundidad, se podía ver a las bogas haciendo borbollones justo antes de tomar la carnada. Los juncales suelen ser un buen lugar para buscar el pique, solo hay que estar muy atentos al momento de la captura ya que es muy frecuente que estos peces busquen refugiarse dentro de ellos con el consecuente enganche de la línea.

            El río seguía siendo generoso y tanto que hasta en una de las líneas vino “enganchado” de la panza un pequeño sabalito. No tardamos nada en tomar otra caña y enganchar, esta vez en un anzuelo más grande y con leader, al pequeño pez del lomo. Esta vez, el lance fue hecho hacia la parte más profunda del arroyo.

            Primero algunos toques cortos, luego una corrida sostenida, una clavada que no alcanzo a concretarse y el sabalito mordido eran indicios que, Dorado había; solo que no estaban tan activos y habría que darles más tiempo para que coman.

            Segundo intento, carnada de nuevo al agua y esta vez, estar más atento al pique dio buen resultado. De nuevo pequeños toques, nueva corrida y el golpe de caña. En la otra punta, el Dorado rompía la superficie del agua una y otra vez. Luego la foto, pinza de puntas para quitar el anzuelo y trapo mojado para tomar la pieza sin lastimarla. No pesaba más de dos kilos y medio y ya nos había dado la satisfacción que esperábamos. Lo pusimos de nuevo en el agua  y una vez que estuvo recuperado, otra vez a nadar libremente.

            A partir de ese momento, las ganas de pesca satisfechas por las bogas, se transformaron en cambios de equipo, anzuelos con leader, filet de las mismas bogas que habíamos pescado y mojarras vivas para buscar más dorados.

            Ahora los piques se espaciaban un poco más aunque, de tanto en tanto, las mojarras venían partidas al medio por las mordidas  y los filetes de boga prolijamente rebajados por los dientes del tigre del Paraná. Sucede que en esta época y con la sucesión de días con clima inestable, el dorado aún no come de un modo franco, motivo por el cual se dieron muchos piques y la clavada se hacía difícil.

 

Las carnadas

            Para este tipo de pesca, siempre conviene tener disponible una razonable variedad de carnadas. En este caso utilizamos filet de sábalo, corazón y salamín cortado en pequeños cuadraditos.

El sábalo puede utilizarse “al natural” o preparado con distintos agregados. La “receta” con mejores resultados en esta oportunidad: La noche anterior a la salida, se cubre el filet con abundante azúcar, alguna gotas de esencia de vainilla y se lo deja en la heladera sobre algún papel que absorba el exceso de humedad.

El corazón también puede prepararse de la misma manera, lo que agrega una alternativa más a la variedad de carnadas disponibles.

Para el Dorado, nada mejor que la carnada viva. Pequeños sabalitos, bagrecitos mojarras y boguitas rinden muy bien. Si no hubiere la posibilidad de contar con estos cebos, los filet de sábalo, boga y  bagre – en ese orden -, también suelen ser efectivos.

 

Regreso anticipado

            La intención era  emprender el regreso una vez que las sombras  volvieran a hacernos compañía. Sin embargo, un aviso de Alerta Metereológico hizo que cambiáramos de parecer.

            La salida del arroyo tuvo su cuota de aventura. El río  había bajado demasiado y el casco del “Gaucho” iba abriendo surco en el fondo de limo y arena.

            El ejército de nubes ya había comenzado a atacar hacía rato y la lluvia le iba poniendo tonos grises al verde de las costas, el viento comenzaba a cambiar al cuadrante Sur  y  a juzgar por las conversaciones que escuchábamos por el VHF  ( equipo de comunicaciones utilizado a bordo de las embarcaciones ) el día de pesca iba finalizando, al menos, para todas los pescadores que estaban dentro del alcance de radio.

            Ahora nuevamente había tiempo para el mate, las conclusiones del día de pesca, una siesta en la cucheta y la selección y narrado de anécdotas, de esas que los pescadores siempre tenemos guardadas en algún rincón de la memoria.

            El Paraná de las Palmas ya había comenzado a levantar algo de marejada cuando lo cruzamos.

El poco trayecto que quedaba hasta la amarra, lo navegamos sin sobresaltos y al abrigo de las primeras oscuridades.

Entrando ya al canal de la amarra, nos recibió  el reflejo sinuoso de las luces sobre el agua. Atracar en el muelle, guardar los equipos de pesca, acomodar las bogas en la heladerita y esa sensación especial que corona una buena salida de pesca, nos dejaba preparándonos ya para la próxima salida.

A no dudarlo, la temporada de lo que llamamos “pesca de verano” ya está activa así que, a preparar los equipos, armar un buen grupo de amigos y a disfrutar de un lugar de pesca incomparable como es nuestro Delta. 

Buena Pesca, suerte y hasta pronto.

Servicios:

Nos embarcamos con Mauricio Oñate excelente guía de la zona, pueden ponerse en contacto con el vía mail mauricioonate@fibertel.com.ar o por teléfono al 4543-0476 , salimos de Benavides (bajar mapa del amarradero) donde se encuentra  “Gaucho” el  crucero con el cual realizamos la salida. Algunos datos del crucero:

 

Embarcación: Gaucho.
Eslora: 30 pies ( 9 Mts ).
Calado: 1 Mts.
Propulsión: Volvo Penta Marino.
Combustible: Gas Oil.
Tanques Combustible: 2 x 100 Lts c/u.
Motor Auxiliar: Johnson 15 hp.
Tanque Agua Potable: 1 x 100 Lts.
Instrumental: VHF ( comunicación Marina ).
  Ecosonda.
  GPS ( Sitema Posicionamiento Satelital).
  Compás.

 

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