RELEVAMIENTO DE PESCANET
Fecha Pesquero Zona
03-07-2001 La Pandorga Buenos Aires

Estancia "La Pandorga"

UN SANTUARIO CON

MATUNGOS DE DOS KILOS

Una laguna pequeña en el sudeste bonaerense para llevarse sorpresas. Tal vez pueda obtener allí el matungo más grande de su vida. En menos de una semana se sacaron dos ejemplares espectaculares.

 

Al noroeste del Balneario San Cayetano se encuentra la Estancia "La Pandorga", establecimiento agropecuario de unas 6.000 hectáreas que costean el Océano Atlántico, donde se realizan diversas actividades en cuanto a la explotación agrícola ganadera se refiere como también a la cría de caballos de polo.

Todo lo anterior muy lindo dirán ustedes pero que tiene que ver con nosotros los pescadores. Mucho, ya que "La Pandorga" posee una bellísima laguna dedicada a la pesca deportiva, con un marco paisajístico de maravilla para los amantes de la pesca deportiva.

Para llagar a la estancia, si se va desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hay que llegar por la Ruta Nacional 3 hasta González Chávez; una vez allí se debe desviar a mano izquierda en el cruce a San Cayetano por la ruta provincial 75 y recorrer unos 89 kilómetros hasta la rotonda de Energía. Hasta este lugar el camino es todo asfaltado pero una vez en el lugar, comienza el camino de tierra que no es recomendable para vehículos chicos si ha llovido en el día o días anteriores. De no ser así el mismo esta en perfectas condiciones.

Como referencia, al bajar de la rotonda bajen por un camino perpendicular a la ruta donde hay un cartel rojo que dice balanza publica. Eso está a mano derecha. Como guía también hay un cartel de madera que dice "El Pucará". A los siete kilómetros de haber tomado el camino de tierra (como referencia a mano derecha encontrarán una escuela de campo y un almacén de ramos generales que se llama "La Luisa–1940") y desde ahí sigan un kilómetro y medio, aproximadamente, y encontrarán un cartel que dice "La Pandorga". En ese lugar hay que doblar a la derecha. Una vez que doblaron el camino es siempre derecho y los va llevando. Resulta imposible perderse. Desde donde doblamos en el cartel son unos ocho o nueve kilómetros o sea que en total hay que recorrer unos diecisiete kilómetros de tierra hasta "La Pandorga".

Precauciones y servicios

A nuestra llegada nos recibió Marcelo Freyre (hijo), quién, pese a estar partiendo para la Capital Federal, nos dispensó un trato cordial y tuvo la gentileza de acompañarnos hasta la laguna y responder algunas de nuestras inquietudes.

La laguna se encuentra a unos cinco metros del casco de la estancia aproximadamente, que es un espejo de 187 hectáreas, de agua dulce, con una transparencia excepcional, rodeada de juncales y formada por tres pequeños espejos comunicados por canales entre los juncales que están debidamente señalados con boyas. Las lagunitas van a terminar contra los médanos y, en gran parte, están circundadas por unos hermosos pinares.

Una aclaración antes de ir al tema central que es la pesca. En esta laguna no se permite el ingreso de embarcaciones, ni de motores a explosión. Como verán en la foto, nosotros ingresamos con nuestra embarcación pero fue a manera de excepción y porque nuestro motor es de cuatro tiempos. Pero la embarcación no es necesaria ya que con la entrada que es de $ 35 por caña (o sea que quiénes no pescan no pagan) se tiene derecho al uso de un bote. Si no se posee motor eléctrico, que es el único permitido, se puede alquilar uno por $ 25 con baterías incluidas.

A pescar se ha dicho

Bueno, ahora sí vayamos a la pesca. Muchos habían sido los comentarios sobre las bondades de esta laguna en cuanto a la calidad de las piezas, así que una vez que acomodamos todos los bártulos en el semirrígido nos pusimos manos a la obra.

Como inicio nos dirigimos a unos claros que había entre los juncos a no más de 300 metros del embarcadero, para probar suerte. El primero en tener la línea en el agua fue José Luis, quién, inmediatamente, tuvo un pique espectacular. Realizó una precisa clavada, como es su habitual estilo, y así se concretó la primera de las capturas.

Luego me tocó el turno a mí. Tuve un buen pique, lo clavé y cuando estaba arrimándolo, zás, se soltó. Así seguimos un buen rato. José Luis traía un peje tras otro, todos de muy buen tamaño por cierto, y yo no podía alzar ninguno.

De todas maneras, cargadas mediante, volví a encarnar y tiré la línea cerca de los juncos. Ahora sí vino lo bueno. Les cuento que no paso ni un minuto cuando comenzó mi hora de gloria.

El gran matungo

Todo fue preanunciado con un pique suave, una llevada casi en cámara lenta, pero que en segundos se transformó en una violenta corrida que hizo que dos de las boyas desaparecieran de la superficie.

Clavé rápidamente y el agua pareció explotar. Comencé a recoger el reel con la estrella floja, que comenzó a patinar; la línea corría en dirección a los juncos, mientras yo trataba de que no se escapara, cuando a unos diez metros del bote, por la claridad de las aguas, pude verlo.

Mi asombro y mi alegría fueron totales al tiempo que le gritaba a José Luis "apurate con el copo que traigo un monstruo", que fue lo primero que me vino a la boca. Mediante una ágil maniobra de José Luis logramos que el ejemplar entrase en el copo.

El gran peje tenia una medida de 61 centímetros y pesó dos kilogramos. Más tarde nos enteramos que en días anteriores unos pescadores de la ciudad de Mar del Plata habían capturado uno de dimensiones similares.

Luego de semejante captura, y de aplacar la adrenalina del momento, recorrimos toda la laguna, para probar como andaba y obtuvimos muy buenas capturas, con algunos pejes que rondaban el kilogramo.

Como carnada utilizamos mojarra viva coloreada de amarillo. Ojo, la laguna no es fácil pero buscando se los encuentra, no es difícil completar la cuota que es de 25 piezas.

Nuestra recomendación es que sigan las boyas que marcan el camino. Al pejerrey hay que buscarlo en los tres espejos que se forman en las zonas donde el juncal no ha avanzado o bien pueden encontrarlo entre los pequeños ojos que se abren entre la vegetación costera.

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