Por: Mario Capovía del Cet
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El Principio
Hace casi tres décadas que comenzó la difusión de esta modalidad en nuestro
país, cuando algunos personajes empezaron a reunirse en los bosques de Palermo,
los domingos por la mañana, frente a las piletas de Obras Sanitarias junto a la
avenida Figueroa Alcorta, allí por el año 72. Se practicaba lanzamiento y los
pocos que realmente tenían experiencia en el tema comenzaban a develar los
secretos de una pesca que, para la mayoría de nuestros pescadores, era
desconocida.
Los maestros :
El Bebe Anchorena, Jorge Donovan, Charles Ratziwill, Eliseo Fernandez, los
hermanos Joaquín y Julio Roca Rivarola, fueron algunas de las personas que
volcaban su experiencia a todo aquél que se acercara con inquietudes por
aprender. Luego se sumaron muchos otros, algunos de ellos fueron luego guías o
columnistas reconocidos
Estas reuniones dieron pié para que en el año 1974 se formara la Asociación Argentina de Pesca con Mosca, que fue la primera institución de este tipo en nuestro país y que aún continúa con la labor de difundir conocimientos sobre la pesca con mosca.
Hasta ese entonces la pesca con mosca era practicada en la Patagonia, desde
principios de siglo, por inmigrantes y descendientes de europeos y algún otro
visitante de los Estados Unidos, para los cuales este estilo de pesca formaba
parte de su cultura.
Los peces y los equipos :
Enormes marrones y arcoiris poblaban nuestras aguas por lo que, en aquel
entonces, un equipo normal era una caña de fibra de vidrio para línea 8 a 10, un
reel con un carrete de repuesto, una línea de flote y una de hundimiento.
Fenwick o Hardy eran dos de las mejores marcas de cañas y los reels más usados eran los Pflueger “Medalist”, en especial el 1495 y medio.
Los más afortunados usaban cañas de bambú. Hardy, Orvis y Pezónet Michell fueron tres de las marcas más vistas en aquel entonces, y los reels que todos deseábamos tener eran los “Perfect” o los “Lightweight” de Hardy.
Por el 73 aparecieron las primeras cañas Fenwick de grafito, las que en principio –como muchas cosas novedosas- fueron detractadas pues se decía que eran “muy quebradizas”. El tiempo se encargó de demostrar que esto no era cierto y en la actualidad sigue siendo el material más utilizado.
Muchos pescadores de distintas modalidades vieron a la pesca con mosca como algo inalcanzable y “para pocos”. El motivo principal era la dificultad de obtener un equipo y el costo del mismo. La importación de elementos de pesca con mosca era casi nula ya que no había mercado para ellos y lo poco que se conseguía tenía precios siderales para el común de la gente. Estábamos entonces siempre “a la pesca” de algún familiar o amigo que viajara al exterior para intentar convencerlos de que nos hicieran el favor de comprarnos allí algún artículo de aquellos que nos era imposible conseguir en nuestro país.
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La resistencia al cambio
La Patagonia era vista como un destino muy lejano, caro y arriesgado ya que las
rutas no estaban asfaltadas y, salvo en las grandes ciudades como Bariloche y
Esquel, muy pocos servicios en la zona, por lo cual había que ser muy fanático
de la pesca para emprender semejante aventura.
Además, para iniciarse en esta modalidad, más allá de la obtención del equipo, el pescador debía estar dispuesto a efectuar un cambio en su visión de la pesca que lo obligaba a modificar hábitos e invertir bastante tiempo en capacitarse mediante prácticas de lanzamiento, conocimientos sobre moscas, líneas, leaders, nudos, etc.
Ante estas circunstancias muchos pescadores, los de carnada especialmente, rechazaban la pesca con mosca comentando que era “para los que saben” o simplemente “no es para mi, con el pejerrey me sobra”.
Más sencillo fue para aquellos pescadores de spinning y trolling ya que estaban más habituados a viajar y al uso de elementos artificiales, siendo ellos los que más curiosidad e inquietud tuvieron por aprender a pescar con mosca y mucho más dispuestos aún a aceptar una filosofía conservacionista todavía hoy no del todo arraigada ni siquiera en nuestros medios gráficos.
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Los lugares de pesca
Lo cierto es que, en un principio, fué un núcleo de gente muy pequeño el que se
arrimó atraído por la novedad, y la “Meca” de la pesca con mosca fué Junín de
los Andes con su Famosa “Boca” del río Chimehuín y su histórica Hostería
Chimehuín, por donde transitaron nuestros pioneros y algunas personalidades
reconocidas a nivel mundial. Bariloche, San Martín de los Andes y Esquel eran
más visitados por gente que practicaba trolling y spinning.
Hoy
Actualmente son muchas las asociaciones de pesca con mosca que se han creado en
distintas provincias, las que continúan la labor de difusión sobre las bondades
de esta modalidad entre los pescadores que desean iniciarse. Además los medios
la incluyen constantemente en sus notas, hay comercios específicos sobre el
tema, guías exclusivos de mosca, maestros que dictan cursos de atado y
lanzamiento y la obtención de un equipo dejó de ser una quimera pues se pueden
obtener equipos tanto económicos como también muy caros. Hay para todos los
gustos. Claro que, hasta antes del “corralito” la cosa era mucho más fácil...
Si bien esta modalidad de pesca es considerada por muchos como exclusiva para salmónidos, cada vez son más los que la practican en el norte. Dorados, chafalotes, pirá pitás y tarariras son parte de los peces que convocan a los mosqueros.
También se va arraigando cada vez más en los pescadores la filosofía
conservacionista a través de la pesca y devolución, lo que permitirá conservar
el recurso para las futuras generaciones.
La Patagonia también cambió; el pavimento avanzó a pasos agigantados facilitando
los accesos, la hotelería fue creciendo, la difusión sobre esta pesca se fue
incrementando y ya es difícil encontrar a alguien que no haya al menos “oìdo
hablar” sobre la pesca con mosca.
Mario Capovía Del Cet
capofly@hotmail.com
Junio 2002.![]()